VIVIMOS EN UN PENSAMIENTO DE CIENCIA FICCIÓN

Vivimos en un pensamiento de ciencia ficción

Fernando Ángel Moreno


Decía Philip K. Dick que, si debiéramos juzgar las novelas de ciencia ficción (cf) por la manera en que han anticipado el futuro, sólo habría una novela de cf buena: la que acertara.

Podemos ir concluyendo ya que la cf no pretende ser profética, sino que usa el recurso del futuro como recurso narrativo y simbólico para hablar del presente. En este sentido, ninguna buena novela de cf habla de lo nuevo ni de lo viejo, sino precisamente de «lo que está siendo».

Waarnemingen in de dampkring. Kolonel Herrera bezig met de voorbereidingen om in een open gondel met een stratosfeerballon op te stijgen tot een hoogte van 25.000 meter, Spanje 1935. Foto: Het stratosfeerpak wordt opgepompt tot er een druk van 1, driekwart atmosfeer, wat nodig is om de geringe luchtdruk op grote hoogte te compenseren ten behoeve van de bloedsomloop.

No obstante, al tratarse del género narrativo más influyente en la cultura del siglo XX y lo que llevamos del XXI, su insistencia en historias del futuro han marcado nuestra percepción de la actualidad, precisamente por los muchos lectores y espectadores que esperaban conducir coches voladores para ir al trabajo. Quizás ha dejado un ligero sentimiento de frustración, cuando miramos nuestro presente y no encontramos una agencia de viajes donde comprar una estancia en un hotel de Marte. Es corriente escuchar estas frustraciones sin pararse a pensar que ni la más atrevida novela de cf consiguió imaginar las consecuencias de todo tipo que ha provocado internet, por citar sólo un ejemplo de la manera en que ha cambiado nuestro mundo. No es cierto que no hayan cumplido ninguna de sus promesas.

Por otro lado, puestos a encontrar novelas de cf proféticas, recomiendo leer no tanto sobre los avances tecnológicos como sobre las maneras de pensar diferentes que se plantearon a partir de sociedades diferentes. Ya sólo en cuestiones de género, los cuentos de la antología Blue Champagne, de John Varley, o su novela Playa de acero, presentan sociedades en las que los conceptos de «hombre» y de «mujer» han sido deconstruidos de un modo similar a la manera en que ahora son considerados por los grupos LGTB o en numerosas asambleas de estudiantes universitarios, estudios académicos o experiencias culturales.

Al reflexionar, como Ursula K. Le Guin en La mano izquierda de la oscuridad, sobre una sociedad sin esos roles culturales tan marcados, se cambió la mentalidad de muchos lectores acerca de lo que es un ser humano.

Desgraciadamente, considero que la cf también nos ha influido de manera muy negativa por su descripción de las distopías más clásicas, especialmente 1984, de George Orwell. En nuestro imaginario colectivo, cuando imaginamos una dictadura, la novela ha dejado esa impresión de que dicha dictadura sólo se ejerce de manera tan directa, brutal y explícita como en la de esa novela. Por consiguiente, si no nos encontramos con una policía del pensamiento y con una censura terrible parece que no vivimos en una dictadura. Es cierto que el imaginario de los fascismos de la primera mitad del siglo XX ha contribuido mucho, pero en nuestra mirada al futuro nos sentimos en una democracia más o menos cómoda, cuando en el fondo no es así.

Por todo ello, deberíamos entender que lo más importante que ha dejado la ciencia ficción —aparte de una estética imitada por la arquitectura, la moda y otras artes— ha sido una compleja red de nuevas formas de pensamiento, muchas de las cuales la sociedad apenas ha puesto en práctica aún.

Algunos ejemplos claros son los descritos en novelas como Un caso de conciencia, de James Blish, donde se nos describe una sociedad extraterrestre de inmensa espiritualidad que no cree en ningún tipo de religión. No dudamos hoy de que muchas personas concretas se acercan a conceptos como este, pero la propuesta de una sociedad construida únicamente a partir de este tipo de espiritualidad está lejos de realizarse.

Otro caso similar es el de Muero por dentro, de Robert Silverberg. En este caso, la premisa es teóricamente posible, pero irrealizable: un telépata pierde su telepatía y, a partir de ese momento, entiende la necesidad de no escuchar las voces de los otros para vivir en sociedad. Esa transformación exige una interiorización del Otro (mediante la telepatía) y una posterior desaparición de ese mismo Otro, para entender la necesidad de la intimidad y el misterio en las relaciones humanas. En sí, no profetiza ni apunta a un objetivo posible algún día, pero sí nos obliga a reflexionar acerca de nuestra manera de relacionarnos.


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La ciencia ficción nos empuja a pensar en términos siempre nuevos, en cuanto que en muchas ocasiones —como en el caso de esta última novela de Silverberg— sencillamente transforma los viejos postulados indiscutibles en simples construcciones culturales.

La historia del género ha sido la historia del choque con «lo inimaginable», que en una brillante intuición de una escritora se transforma en «lo reconsiderable». Para ello, a menudo, precisamente lo interesante es que no pueda realizarse, puesto que, si pudiera transformarse de ese modo el ser humano, la reflexión tomaría carácter funcionalista y no reflexivo. La diferencia es grande: lo funcionalista termina por abandonar la especulación y la reconsideración continua, mientras que lo eternamente reflexivo conlleva una permanente revolución interior, jamás enquistada, jamás marchita. Por eso, mientras leamos esas historias, viviremos en un mundo de ciencia ficción, que ya nunca podrá dejar de mirarse a sí mismo.

En este sentido, la ciencia ficción apuesta por considerar como «vieja» cualquier reflexión del mundo real, por actual o indiscutible que parezca. De este modo, cada sociedad, cada ciudad, cada extraterrestre de la ciencia ficción es siempre nuevo, se lea cuando se lea, y nos obliga a no quedarnos jamás con las conclusiones alcanzadas. Porque, en cuanto lo hemos pensado y aceptado como verdadero, todo pensamiento se vuelve historia.

Y, como decía Aristóteles, aprendemos más de la especulación que de la historia.

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