VIDA MÁS ALLÁ DE KAFKA

Vida más allá de Kafka

Carles Samper


Siempre me han fascinado los fantasmas, seres ectoplásmicos atrapados en el limbo de la realidad. Entes antiguamente poderosos, incapaces de aceptar su paso a otro mundo. Otras veces, espíritus desafortunados incapaces de cruzar el río Aqueronte por carecer de óbolo para el barquero. Monedas figuradas. Representaciones de aquellos grandes planes que nunca pudieron hacer en vida.

Aunque los fantasmas no sólo son vacíos dejados por personas, existen también fantasmas que son tiempos, como en Cuento de Navidad, de Dickens. Tres fantasmas de tres tiempos: pasado, presente y futuro. Todos con elementos que nos asustan, trascendiendo al cuento, pero también con elementos para estar orgullosos.

También existe otro tipo de fantasmas, construidos en el pasado para dejar estupefacta a toda aquella persona que venga más tarde. Pienso ahora en esos fantasmas que sobreviven en un estado comatoso más cercano al traspaso que a la recuperación, que nos hacen plantear las bondades (y la necesidad) de la eutanasia o el cese de vida asistido. El Valle de los Caídos es el clásico ejemplo de esta clase de fantasmas.

Jaroslav Hasek
Jaroslav Hasek

Las lenguas también pueden ser fantasmas, además de una clase bien fascinante. Me explico: el pertenecer a una lengua despreciada convierte la obra literaria en un fantasma cultural. De igual manera, pertenecer a una nación pequeña y oprimida en tiempos revueltos también condena a la disolución en el éter de la historia.

Esta última clase de fantasmas son mis predilectos, aquellos condenados a ser tales por motivos tan poco discrecionales. Mi ejemplo favorito son los escritores checos del período de entre guerras: una generación con un estilo y unos motivos aún aplicables a nuestra sociedad. Escritores como Karel Čapek y Jaroslav Hašek, representantes (cada uno a su manera) de una sorprendente cultura checa.

Éstos fueron eclipsados por la escuela alemana de esa época. Todos hemos oído hablar de Franz Kafka, icono de los escritores checos en lengua alemana. Los más atrevidos quizás lo hayan leído. Tal escuela contaba con el prestigio de escribir en una lengua «importante», una de esas que nos permite comunicarnos con millones de personas, una lengua que ha conseguido grandes hazañas científicas y filosóficas; en resumen: una lengua «bien».

En un momento de la divertidísima Historia del Partido del Progreso Moderado dentro de los Límites de la Ley, Hašek nos cuenta las diferencias entre los escritores alemanes y los checos. Mientras estos últimos bautizaban sus más recientes creaciones con cerveza local en alguna taberna con serios problemas para conseguir los permisos de sanidad de la época, los primeros debatían sobre cultura y política al abrigo de la calefacción de los tradicionales cafés imperiales.

Seguramente Čapek se movería en unos ambientes distintos a los del autor de Las aventuras del buen soldado Švejk, pero compartían una misma lengua y unas mismas inquietudes. También les distingue un mismo sentido del humor, herramienta usada para desarrollar maravillosamente sus preocupaciones literarias y para afrontar un mundo cruel con las pequeñas naciones. En La guerra de las salamandras el uso del humor como mecanismo de supervivencia brilla con genialidad.

Karel Capek
Karel Capek

En el sentido del humor me baso para destacar la importancia de estos escritores. Gracias a él Čapek consigue transmitir pasión por la vida. Y eso a pesar de las circunstancias. En la obra arriba mencionada su autor nos hace una magnífica radiografía de su sociedad, incluyendo especialmente los problemas de política internacional. Una sociedad enloquecida, derrochadora de esfuerzos en su carrera hacia el abismo de la guerra, una sociedad ajena a la autorreflexión; y es ahí donde el humor saca a relucir las vergüenzas y nos las muestra como realmente son.

Es algo distinto el uso del humor por parte de Hašek. Para él también sirve como elemento desenmascarador de la realidad, pero su humor parte más de una supuesta ingenuidad. La manera de desvestir esa realidad difícil de ver es a través de las preguntas de obviedades y dejando en evidencia a una gran mayoría de sus personajes. Para ser más exactos, la vida deja en evidencia a estos personajes como sucede en Comandante de la ciudad de Bugulmá, un relato personal de su experiencia en el ejército rojo añadida a varias de las últimas recopilaciones hechas en España.

Ilustración para "Las Aventuras del Buen Soldado Svejk
Ilustración para “Las Aventuras del Buen Soldado Svejk

La condena de estos autores a los anales fantasmales (aunque a diferentes niveles, pues no es el mismo nivel de ostracismo literario el sufrido por cada uno de estos autores) supone un vacío en el desarrollo de elementos de resistencia contra la alienación de nuestra sociedad actual. Leer a estos autores nos hace recuperar la humanidad y nuestra capacidad de agencia; gracias a ellos podemos dejar de ser sujetos pasivos de unas circunstancias «excepcionales».

Por suerte nuestra capacidad de acción es doble: por un lado, podemos ayudar a este movimiento cultural haciendo que salgan de su etéreo fantasmal. Por otro, gracias a ellos seremos capaces de afrontar con humor nuestra vida diaria, a rebajar los dramas que nos azotan y a ser conscientes de la velocidad a la que nos dirigen hacia el abismo.

La gran ventaja de esta toma de conciencia es que, cuando se ríe, el abismo no es ni tan profundo ni tan oscuro ni tan fatal. Rompamos con todo esto, riamos de la mano de los fantasmas checos de entreguerras.


Carles Semper Seró es redactor en Cultural Resuena.

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