VIAJE A LO INTOLERABLE (III): SOBRE VERDADES INFAMES Y MENTIRAS VIRTUOSAS

Viaje a lo intolerable (III): sobre verdades infames y mentiras virtuosas

Disponible aquí las partes I y II

Alberto Coronel


But honestly ―dijo preparándose para repetir la metáfora más asquerosa del mundo―, if you find an opened can, would you drink it or not?

intolerable

 

«Escuché que el Mensajero de Allah permitió la mentira en sólo tres casos, pues el Profeta dijo que no se consideran como mentiras si se utilizan: primero, para conciliar entre la gente; segundo, en la guerra; tercero, entre los esposos»

Sahih Muslim, Libro 32, Número 6303.

 

Mi amigo S es un joven de veintinueve años (probablemente argelino) que dice ser sirio por buenas razones. Mentiroso bondadoso y musulmán hasta el creacionismo, camina conmigo en busca de un restaurante sirio que, según él, sirve una comida deliciosa. Sabe que le voy a invitar, y yo sé que él lo sabe, por lo que estoy seguro de que mi amigo me miente para que yo no gaste más dinero del necesario. Él conoce un restaurante muy barato por la zona y yo no tengo ninguna razón para acabar con una ficción que le hace sentir más cómodo. Llegamos fatigados y sedientos y le pregunto qué quiere beber.

Water is fine[i]. [Todas las traducciones se presentarán al final]

El «is fine» le delata. Se conforma con agua, pero no le apetece.

―Don’t be so boring, Sam —le respondo a sabiendas de que le encanta la Coca-Cola―. Do you want a Coke? I will take one for me also, I feel so tired for a beer[ii].

Mmmm, okey, thanks[iii].

Una vez sentados sostenemos un refresco con una mano y una pita (muy barata) en la otra. Le pregunto, mitad curioso y la otra mitad por chinchar, si no prefiere una cerveza de esas que sientan genial durante el ramadán. Él me mira cada vez que blasfemo un poquito para que saque su arsenal dogmático, abriendo mucho los ojos y riendo nervioso como si alguien le estuviese mirando (de hecho él sabe que alguien le está mirando). Él me responde que no, y añade que no ha bebido una gota de alcohol en su vida. Yo le creo y él pregunta:

Is it nice? [iv]

―So nice, but, as everything, in its right measure. How is it possible that you have not even tried it once? [v]

A lo que él me responde que no le interesa, que el alcohol es una sustancia que altera el comportamiento, que vuelve a la gente violenta y que hace perder el control sobre uno mismo.

But, dude ―le respondo con ganas de que me dé alguna respuesta que no sea precocinada―, sometimes these is the main objective, you know, for being able to keep control sometimes we need to relax, to let the things flow, as when we dance…―entonces se me ocurre una analogía mejor todavía que el baile para mis malvados propósitos―… or as when we have sex. It is much better not to think so much and let the skin and the body take control[vi].

Busco en sus gestos la incomodidad de quien trata de ocultar algo. Esos labios que se detienen y esos ojos que no saben muy bien a dónde mirar, y los encuentro.

Noooo way! You never had sex!? [vii]

―No.

―Are you waiting for marriage? [viii]

―Yes, but it´s not only that…[ix]

[Silencio]

―…You know, having a relationship is something that takes a lot of time, and money. I was more interested in reading, traveling, learning languages. I prefer to feed my soul rather than my body[x].

― Ok. But what about the sex that do not require a serious relationship? [xi]

― I couldn’t do that to a woman[xii].

―What do you mean with «I couldn’t do that to a woman?» She is free to decide… I mean, of course, when both of you agree on having fun with no will of going further. It is not what you do to a woman but what both of you desire[xiii].  

― I know what you mean ―dice él―, but that is not so easy. The thing is that I could not have sex with someone who never had sex and not taking it seriously, and having sex with someone who have had sex would be disgusting[xiv].

Entonces es mi cara la que se retuerce:

― What!? Why would it be disgusting to have sex with someone who is not a virgin? [xv]

Él percibe algo que ambos nos esperábamos: que en este punto íbamos a divergir de manera irreversible. Entonces S utiliza una metáfora que resultó más asquerosa si cabe porque a él le parecía que no estaba sino explicando algo de sentido común:

Okey. Let me explain it. Let´s take, for example, this can of Coke. Would you drink it if when you found it was already opened? [xvi]

―Wait. Are you comparing women with cans? [xvii]

―No! It’s a metaphor! [xviii]

―That’s why! You are saying that both women and cans can be new or used! [xix]

―No, what I want to say is that something change in the can. In the same way, when they have sex something change in a women[xx].

― The only way this metaphor can work is when you can think in bodies as if they were objects. Or as if loosing virginity was an essential change in a person, and then you reduce women to mere objects. Dude, that is disgusting, and not an opened can[xxi].

En este punto S trató de simplificar las cosas.

Okey, you are the philosopher, not me. But honestly ―dijo preparándose para repetir la metáfora más asquerosa del mundo― if you find an opened can, would you drink it or not? [xxii]

En su mirada y en su voz retumbaba ese tono de quien cree estar explicando algo muy fácil de comprender. Excesivamente cansado para seguir discutiendo contra una tradición entera y con muchas ganas de darle dos mordiscos seguidos a mi pita. Por de pronto, le di un beso y un abrazo a mi lata de Coca-Cola alejándola de él. Esto le hizo reír los segundos que firmaron unos minutos de tregua. Como ya hay suficientes «motherfuckers» en el mundo le dediqué un concepto de cuño reciente y pocas posibilidades de volverse trending topic en el mundo árabe:

― «Fatherfucker» ―exclamé alargando mucho las vocales―, now I understand why you are at war[xxiii].

Y seguimos riendo para refugiarnos después en una ingesta continuada. Habiéndonos asomado al abismo que separa nuestras culturas nos quedamos más cansados todavía y algo asqueados por lo que era verdad para el otro, pero fingimos que ambos éramos tolerantes respecto de las culturas de los demás. Yo era plenamente consciente de que la violencia contra la mujer anidada en su posición seguía donde estaba y que el fin de la discusión no era en absoluto el fin de esa violencia, y que de haber sido mi cuerpo otro… Pero mi cuerpo no era otro y ya le había reiterado el asco que me producía su manera de pensar (no menos asco le daría a él cuando por zanjar la cuestión acepté su metáfora de mierda y le dije que prefería las latas abiertas). Mi única bala era insistir desde la voluntad de comunicar, y no la de imponer ―algo que excedía antes mi poder que mi deseo―, que otro pensamiento, otra moral, era posible y deseable. Abrir una grieta en su creencia que sólo se haría más grande si él decidiese profundizar en ella, del mismo modo que, por el mero hecho de tenerlos presentes, ahondamos sin querer en los agujeritos de nuestra ropa.

Con la esperanza de haber dejado al menos un agujerito me di cuenta de que, una vez más, la mentira bondadosa había hecho por la paz (la conservación de la vida y de la especie) lo que no podía la verdad, que, dicho sea de paso, casi siempre da asco cuando no es la nuestra. Por eso es tan detestable esa gente que va diciendo todas las imbecilidades que se le pasan por la cabeza para después irse a su cama pensando que son la única persona sincera de su barrio, por ejemplo: gente que exclama «Al menos YO digo las cosas a la cara». Y uno se queda pensando melancólico en los gulags donde podrían vivir felizmente estas personas con aquellas otras, con las que podrían ser sinceros hasta el infinito, que se suben en el metro sin esperar a que salgan los demás. Lo cierto es que en la mayor parte de los casos, salvando la disidencia y lo que los griegos llamaban parresía (que exigen, al menos, valor), la mentira bienintencionada necesita de la sensibilidad, mientras que a la verdad (que al igual que inteligencia todas creemos tener suficiente) le sobra con un tonto con ganas de afirmarse. Quizás por eso la gente menos reflexiva sea más violenta y taxativa, más dada al eslogan o a la frase hecha que a la duda.

De vuelta a la okupa donde ambos dormiremos evitamos decir nada que al otro le pueda costar digerir. Mientras caminamos me suelta de repente que sin nosotros (los voluntarios) «todo esto sería insoportable» al tiempo que me regala una de las miradas de agradecimiento más sinceras que jamás me haya dedicado nadie. «You are good people», dice mirando al suelo, y calla. Conmovido me limité a sonreír a su vez por no saber muy bien qué contestarle. Con las últimas migajas de la cafeína llegamos al sexto piso y cada uno se tumba en el primer sitio que pilla sobre la piedra desnuda. Él usa sus cosas de almohada mientras yo coloco mis zapatillas para que desempeñen la misma función. Me quedo mirando a S mientras se coloca ―él, que no tiene otro lugar a donde ir y tiene a su familia en otro lugar― acostado dándome la espalda.

No sé de dónde me vinieron las ganas de llorar, pero nacían de una empatía que no entiende de cifras, tradiciones culturales o de discriminaciones teóricas porque es algo que, creo, llevamos los humanos en esa sensibilidad con forma de espejo que nos hace vernos en los demás. Una empatía que, al vernos en el otro, hace que se nos aparezca cada persona como nosotros, es decir, como algo absoluto. Entonces saqué esta foto, por las dos mismas razones por las que escribo estas crónicas; simple y llanamente, por miedo a olvidar (a olvidarle) y por amor a comunicar.

S intolerancia


 

[i] Con agua me vale.

[ii] No seas aburrido, Sam ―le respondí a sabiendas de que le encanta la Coca-Cola―. ¿Quieres una Coca-Cola? Yo me tomaré una también, estoy demasiado cansado para una cerveza.

[iii] Mmmm, vale, gracias.

[iv] ¿Sienta bien?

[v] Muy bien, pero, como todo, en su justa medida. ¿Cómo es posible que no lo hayas probado ni siquiera una vez?

[vi] Pero tío ―le  respondo con ganas de que me de alguna respuesta que no sea precocinada― a veces ese es el objetivo, ya sabes, para ser capaz de mantener el control a veces necesitamos relajarnos, dejar que las cosas fluyan, como cuando bailamos… o cuando hacemos el amor. Es mucho mejor no pensar mucho y dejar que la piel y el cuerpo tomen el control.

[vii] Ni de coña, ¿nunca has hecho el amor?

[viii] ¿Estás esperando al matrimonio?

[ix] Sí, pero no es sólo eso.

[x] Ya sabes, tener una relación es una cosa que requiere mucho tiempo y dinero. He estado más interesado en leer, viajar, aprender idiomas. Prefiero alimentar mi alma que mi cuerpo.

[xi] Ok. ¿Pero qué pasa con el sexo que no requiere una relación seria?

[xii] Yo no le podría hacer eso a una mujer.

[xiii] ¿A qué te refieres con «hacerle eso a una mujer»? Ella es libre de decidir. Yo me refiero, por supuesto, cuando ambas partes están de acuerdo en pasarlo bien sin querer ir más lejos. No se trata de lo que le haces a una mujer sino de lo que ambos deseéis.

[xiv] Sé a lo que te refieres, pero no es tan fácil. La cosa es que no podría tener sexo con alguien que no lo ha hecho nunca y no tomármelo en serio, y hacer el amor con alguien que ya lo ha hecho sería asqueroso.

[xv] ¿¡Qué!? ¿Por qué iba a ser asqueroso hacer el amor con alguien que no sea virgen?

[xvi] Okey. Déjame explicarlo. Cojamos, por ejemplo, esta lata de Coca-Cola. ¿Te la beberías si te la encontrases abierta?

[xvii] Espera. ¿Estás comparando a las mujeres con las latas?

[xviii] ¡No, es una metáfora!

[xix] ¡Por eso mismo! Estás diciendo que ambas, mujeres y latas, pueden o estar nuevas o estar usadas.

[xx] No, lo que quiero decir es que algo cambia en la lata. En el mismo sentido, cuando hacen el amor algo cambia en las mujeres.

[xxi] La única forma de que esa metáfora pueda funcionar es si piensas en los cuerpos como si fueran objetos. O si piensas que perder la virginidad es un cambio en lo esencial de una persona, y entonces reduces a las mujeres a meros objetos. Tío, eso es asqueroso, y no una lata abierta.

[xxii] Vale, tú eres el filósofo, no yo. Pero honestamente, si te encuentras una lata abierta, ¿te la beberías o no?

[xxiii] «Fatherfucker», ahora entiendo por qué estáis en guerra.

COMMENTS

  • aguazero

    Me doy de alta con gusto pues no puedo salir volando desde esta ventana sin dejar constancia de la admiración que me causa vuestra revista, y especialmente el texto que acabo de leer en ultimo lugar. Magnifico.
    Pocos textos políticos hay que “expliquen” con tanta lucidez y contundencia “poética”, la relación con el otro, que en estos tiempos se ha vuelto, álgida. Gracias

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