HICIMOS UN VIAJE EN BLABLACAR Y LO QUE SUCEDIÓ TE SORPRENDERÁ

Hicimos un viaje en BlaBlaCar y lo que sucedió te sorprenderá

Pandorita


 

El BlaBlaCar surgió como una buena manera de ahorrarnos la soledad de los viajes largos en coche y de paso ahorrarnos unas pelillas compartiendo la gasolina. Es el autostop 2.0 desde que sabemos que se nos van a acabar hipertrofiando los pulgares de tanto usar nuestros smartphones y desde que nos da miedito usar esos mismos pulgares e irnos a una curva de una carretera secundaria a ver si nos metemos en el coche de algún desconocido.

Así que, como somos unos putos miedicas impacientes, lo contratamos todo de antemano, nos estudiamos el perfil del menda que nos va a llevar y luego, si no nos ha gustado el viaje, nos despachamos a gusto poniendo verde al susodicho. Somos más predecibles que el calor en verano.

Pero aunque todo esté muy medido y tal, los viajes en BlaBlaCar no dejan de ser buenas fuentes de anécdotas, hasta tal punto que, cuando alguien nos dice que acaba de pillarse un BlaBlaCar, ya estamos esperando que nos cuente algo extraño que le haya pasado. Y estamos tan condicionados ya a reírnos/sorprendernos de lo que le ha pasado en ese viaje que aunque nos diga que el tipo se tiró un pedo y pidió perdón, nos partiremos el culo de risa con la «peazo anécdota» ―quizá incluso la repitamos en alguna cena en la que vayamos como portavoces expertos de viajes en coches compartidos―.

Todos somos muy maniáticos y a cada uno nos gusta viajar de una manera. Hay a quien le gusta ir con las ventanas abiertas, a algunos nos gusta escuchar música ―y cantar mal― y a otros simplemente les gusta reducir al mínimo el tiempo que pasan conduciendo ―y cuanto más acelero…―. Combinar las tres es idóneo para crear buen rollo dentro del coche compartido: A 160km/h por la carretera, cantando Camela a toda hostia y con las ventanillas bajadas en pleno enero ―¡quién pudiera!―.

 

Hay personas a las que caerse del autobús les ha supuesto mejores resultados que abrirse un perfil en Infojobs y para quienes cada viaje nuevo de BlaBlaCar supone una nueva oferta de trabajo, hasta el punto de que en ocasiones incluso tienen que rechazarlas por acúmulo ―puede llegar a darse que en un trayecto en BlaBlaCar te ofrezcan otro trabajo al que tengas que ir en BlaBlaCar, pudiéndose a la postre crear un vórtice que rompa el espacio-tiempo fusionándose varias realidades alternativas―.

Has pasado tres días en un festival drogándote bailando y disfrutando todo lo que has podido. Casi no has dormido, pero poco te ha importado. ¿A quién no le apetecería volverse en coche con una persona que ha estado haciendo exactamente lo mismo que tú? Esa joven alocada e inquieta, con el desparpajo y despreocupación propios de los dieciocho años que conocisteis a la ida, se ha convertido en un ser informe y resacoso que tarda dos horas en llegar a la cita para emprender el camino de vuelta a la ciudad. Ha perdido la capacidad de coordinar el conducir recto y mantenerse despierta al volante, pero aun así te subes al coche. Pero tú, ¡oh amante de las emociones fuertes!, aguantas estoicamente el embate de las contingencias y le rezas a un dios en el que afirmas no creer y mandas SOS desesperados a tus amigos, los cuales asisten desde las pantallas de sus teléfonos a la retransmisión del posible fin de tu vida, como quien ve el Tour de Francia una tarde de julio.

Los motivos para compartir coche pueden ser más pueriles aún que los del vil metal. La soledad puede hacer las mellas más insospechadas en un corazón y llevar a buscar medidas desesperadas. Sé de buena mano que hay una pareja de ancianitos que conduce su Mercedes de toda la vida dando vueltas a la península y buscando compañía en BlaBlaCar. Cuarenta años de matrimonio dieron de sí lo suficiente para contarse toda la vida y se han quedado sin tema de conversación, por lo que ahora andan buscando jóvenes a los que dar palique on the road. Hay quien dice que tienen las conversaciones prediseñadas y que tienen prevista cualquier tipo de respuesta a sus preguntas. Escalofriante.

¿Qué más cosas raras pueden pasarte? Que el conductor vaya todo el camino sin decir nada pero haciendo el ruido del motor con la boca, que te toque sentarte en el asiento del medio y que los otros dos mendas con los que compartes asiento trasero se te duerman uno en cada hombro respectivamente, que te encuentres subido en un coche con dos militares vestidos de servicio y te pregunten que qué opinas de x (algo de política actual), que te entre un apretón cuando aún queda al menos una hora para la parada programada y no sepas como decir que necesitas parar, que la conductora sea una madre que lleva a su niño en el asiento trasero y que te pida que le cantes una nana para que deje de llorar, que descubras que compartes ex con la persona de al lado y que las fechas coincidan, etc. Pero si eres un asiduo a BlaBlaCar y nunca te has topado con nadie extraño, es muy probable que tú seas el rarito, así que todo bien, nos gustas.

Quién sabe, quizás llegue algún día en que digamos, «tuve un viaje mazo de extraño en BlaBlaCar, no pasó nada raro». Y nos respondan: «Joder, tronco, que fuerte, cómo está la peña».

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