TRES DERRAMES CEREBRALES

Tres derrames cerebrales

Leona Hunter


Tengo un odio irracional. Supongo que no soy la única. Es un odio irracional porque no está fundamentado. ¿Sabes cuándo vas de viaje y en cualquier puente sobre cualquier río, u otra masa de agua que se preste, hay miles de candaditos con los nombres de dos enamorados? Pues sí, odio a Federico Moccia por hacer tanto mal a la humanidad, tanto por comerle el coco a la gente (aún más) con la peste del amor romántico, como por haber iniciado la práctica de vandalismo del patrimonio artístico y cultural con la colocación de los dichosos candaditos (por no mencionar la contaminación de ríos y mares, porque si no me equivoco, las llaves van todas directas al agua, que como no tiramos bastante mierda, pues, ¿por qué no?, un poquito más).

Bien, he decidido que si iba a odiar a Federico Moccia lo haría de manera racional. Pensé en leerme uno de sus libros, pero estoy escribiendo esto el día después de la fecha de entrega de artículos para este número, así que he pensado que la película valdría. Antes de decidir cuál de las muchas versiones veo, leo en Wikipedia sobre Tres metros sobre el cielo. Así me entero de que es un libro muy underground, el señor Moccia lo autoeditó en 1992. Está edición tuvo muy poquitos ejemplares y pasó de mano a mano, fotocopiado, hasta que se editó de nuevo en 2004 (¿por qué, por qué?). Luego vino la secuela Tengo ganas de ti (a mí el título ya me da urticaria). En fin, la película. Me he decidido por ver la versión italiana, porque la versión española por lo visto es una adaptación libre. También me he decidido por ver la italiana porque la protagoniza Riccardo Scamarcio y melofó.

Busco la peli para verla en streaming. Encuentro un link de calidad media, en italiano sin subtítulos (un anno di Erasmus ben aprofitatto). Las primeras escenas me recuerdan a Grease: chicos malotes con pelo engominado hacia atrás, motos y chupas de cuero, haciendo abdominales mientras beben cerveza y chicas buenas —pijitas— de colegio privado (sólo para chicas) recitando la lección de latín.

Mi odio se confirma rápidamente. Federico Moccia es un ser del averno. Su historia retrata punto por punto la toxicidad del amor romántico:

1. Un hombre que te humilla es un hombre que te quiere. Los primeros encuentros entre Step y Babi (qué nombres de mierda) se caracterizan por el abuso de fuerza de él sobre ella. Babi le tira una copa de champán a la cara, Step la coge en brazos y mientras ella patalea la lleva a la bañera de la casa y la humilla a base de ducharla contra su voluntad: primero agua fría, luego agua caliente. «¡Quema!» grita ella, pero a él se la suda. Ya empieza mal la cosa, ¿de este ser se va a enamorar?

Segunda interacción: Babi vuelve a casa con su novio en el coche, Step y su banda empiezan a rodearles con sus motos y a intentar que se salgan de la carretera. El novio acelera intentado huir de la banda, atropella a uno de ellos y vuelven a saldar cuentas. Ya con el coche parado y fuera de él, Step y el novio de Babi se empiezan a pelear. Ella pide ayuda a una pareja que pasaba por allí en su coche. El señor intenta ayudar y le rompen la nariz, momento en el cual el novio de Babi huye despavorido en su coche dejando allí a Babi con Step y el señor de la nariz rota, que también huye. Cuando Step está a punto de irse, Babi le dice que no la puede dejar allí y salta sobre su moto. (O sea, un maníaco te humilla en la ducha y después intenta que el coche en el que vas se salga de la carretera, pero tú subes a su moto para que te lleve a casa). Tengo las gafas moradas incrustadas en la cara de tanto ajustármelas, no doy crédito, veinte minutos de película y este es el nivel.

Tercera interacción: la mejor amiga de Babi, Pallina, que ha empezado a salir con Pollo, (el mejor amigo de Step) ha ido a una carrera de motos ilegal en la que participan los chicos y ha dicho a sus padres que pasará la noche en casa de Babi. Pero la madre de Pallina planea ir a buscarla pronto y Babi se ve obligada a ir al peligrosísimo lugar donde se hacen las carreras de motos (¡oh no!). Y ya que va, pues se queda a ver las carreras. Cuando llega la policía, Step se la lleva en su moto para salvarla y la deja escondida en un lugar donde ella se llena de barro. Cuando vuelve a buscarla, la obliga a desnudarse, porque así no puede subir a su moto. Al dejarla en la puerta de su casa, poco más o menos que le come el cuello contra su voluntad (y de fondo suena música romántica). Federico Moccia, te odio. Ojalá alguien te desnude y te coma el cuello contra tu voluntad mientras suena música romántica.

2. Ella dice no, pero es sí. Su mejor amiga Pallina, engaña a Babi en otro acto de sororidad fingiendo que está drogada para que Babi vaya a buscarla a la discoteca. Allí, Step se lanza sobre ella y, por fin, se besan apasionadamente (y por lo visto ella le hace una paja, ¡su primera paja!). Mensaje, ella quería, pero se hacía la dura. Sólo hay que insistir un poco.

3.El amor es dar o si no… Después se suceden momentos extremadamente vomitivos por lo pasteloso. Especialmente asqueroso es el momento de la primera vez que se acuestan. Tras varias ocasiones en las que están a punto de hacerlo, pero ella no quiere, Step la lleva a un palacete que hay junto al mar. Ella está muy nerviosa (es su primera vez). Él le dice que no se niegue esta vez, porque ya no sabe lo que hará (¿violarla?). Babi se confiesa y cree que él no quiere con ella, pero él le dice que si ella quiere hacerlo es lo más bonito que le ha pasado en su vida. Y después el momento del Ti amo, el «tú y yo estamos tres metros sobre el cielo», etc. (¡poto, poto, poto!).

Y qué queréis, al acabar la película vomito tres veces. Vomito porque este y muchos otros libros y películas como estos son consumidos por adolescentes que aprenden que el amor debe ser así, que un tío que te humilla lo hace porque le gustas, que cualquier tío que es un bestia lleva un príncipe en su interior, que sólo necesita un poco de cariño. También odio a Federico Moccia por escribirlo, por representar una mejor amiga que pone a su amiga trampas para que se deje llevar por una situación que rechaza al menos tres veces. Odio a Moccia porque repite una vez más eso de que cuando una mujer dice no, en realidad quiere decir sí. Odio a Moccia por poner en su novela todos los ingredientes que hacen tóxico al amor y justifican el sexo consentido, pero no deseado. Lo odio porque envenena las mentes con un veneno letal. Un veneno que enseña a los hombres a querer mal, un veneno que está detrás de cada violación, de cada mujer asesinada, de cada pareja infeliz.

Y para más inri, me ha entrado un virus en el ordenador después de ver la película. Te odio, Federico.

 

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