TOCAR EL SONIDO, CANTAR CON LAS MANOS

Tocar el sonido, cantar con las manos

Soledad Marina Palomar Pampyn


¿Cómo empezar el día si no suena el despertador? ¿Cómo sabes si se acerca un mosquito a tu oreja? ¿Y si haces ruido al comer llevando tapones en los oídos? ¿O si llueve sin que te haga falta mirar por la ventana? O algo mucho más importante: ¿cómo bailas sin música?

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Uno de esos días en los que no sepas qué hacer, te propongo lo siguiente: selecciona el videoclip de una canción que no hayas escuchado de un grupo o cantante que te guste y reprodúcelo en silencio, con el volumen a cero. ¿Qué es lo que sientes? ¿Qué te transmite? ¿Llegaste a bailar?

¿Qué es para ti la música?

¿Alguna vez te has planteado que pueda existir un festival de música para sordos? Si quieres acercarte a una forma de entender la música sin ideas preconcebidas, por favor, sé bienvenido.

Los festivales de música para sordos son ya una realidad, tímida pero latente, que busca abrir un hueco que puedan compartir oyentes y no oyentes. Los conciertos no son una mera reproducción de música, son una expresión artística llena de energía que también se basa en la puesta en escena, algo que merece la pena ver y sentir, no sólo escuchar. Estos conciertos integradores buscan transmitir la energía que los músicos desprenden en el escenario, potenciar lo visual sin olvidarse del sonido. Cada festival tiene su propia manera de organizarse: por ejemplo, en el Festival de la Canción con Lenguas de Señas Mexicana, los participantes hacen su propia interpretación de un tema seleccionado no original en el que se incluyen tres categorías: solista sordo, solista oyente y grupo o dueto. El resultado final es una traducción de la canción al lenguaje de señas, mezclada con expresión corporal, vestuario, baile… y lo que surja.

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Otros festivales se dirigen a un público mayoritario, sin estar tan focalizados en este colectivo, como el Rolling Costum Rock, pero también tratan de integrar a personas con discapacidad auditiva: un intérprete traduce las canciones al lenguaje de signos en una combinación de ritmo, palabras y señas. Muchas son las formas de conseguir que ciertos colectivos minoritarios se puedan integrar y vencer obstáculos que nos separen. Se busca crear una experiencia compartida, establecer lazos que nos permitan disfrutar de lo mismo aunque sea de maneras diferentes: un espectáculo inclusivo a través de todos los sentidos posibles.

Hasta ahora, estos festivales han sido ejemplo del acercamiento de la música a través del lenguaje de signos hacia personas sordas; pero, quién imaginaba que se podría reinventar la forma de experimentar la música y de percibir el sonido. Esa es la increíble historia de Christine Sun Kim, una artista estadounidense que nació sorda y que se dedica a explorar los límites del sonido, a transmutar su significado y a apropiárselo, a empoderarse con él, tal y como ella misma describe. Desde que nació, comprendió que en el mundo auditivo siempre se sentiría una extranjera. Sin embargo, consideraba que el sonido, sobre el que le gustaba pensar todo el rato, sí estaba presente en su vida. Por ejemplo, ella no se libraba de que sus padres le dijeran: «No eructes», «No hagas ruido al comer» o «No des un portazo». Christine aprendió a ser sumamente cuidadosa, hipervigilante con sus sonidos: esperaba las reacciones de las personas frente a los sonidos que ella producía y comprobaba cómo, a través de su reacción, las personas se convertían para ella, de alguna forma, en pequeños altavoces. Empezó a concebir el sonido como un conjunto de vibraciones y de reacciones en su entorno. Christine adora el sonido del acople del micrófono o el retumbar del motor de un coche, todo ello percibido a través de su cuerpo.

Lo que refleja en sus dibujos y performances son las distintas posibilidades de explorar el sonido y su relación con el lenguaje de signos americano (ASL). De igual manera que la música presenta un tono, una intensidad, una duración, el ASL presenta unas cualidades gramáticas particulares y definitorias, de manera que un cambio de alguna de ellas (como son el movimiento corporal, la expresión facial, la velocidad, la forma de la mano) resultan en un cambio de significado. Una combinación de una serie de estos elementos se convierte, según el pensamiento de Christine Sun Kim, en un acorde. En un lenguaje en el que el sonido se identifica con el movimiento, la repetición de un signo podría llegar entonces a convertirse en música.

Christine plasma el sonido en sus ilustraciones, a través de símbolos musicales, como p (piano) o f (forte), a los que asigna un significado diferente, como puede ser el de pasado o futuro; o a través de líneas que se doblan y curvan para recordar un pentagrama que a su vez capture también el movimiento y el dinamismo de los gestos de ASL. Christine es también capaz de hacer una ópera de caras (opera face) y de coreografiar los gestos y expresiones faciales de manera fascinante. La estimulante historia de esta artista norteamericana, como la de miles de personas que participan o asisten a festivales con lenguaje de signos, debería animarnos a concebir el arte de una forma más abierta e inclusiva.

Por último, os propongo un nuevo experimento: piensa en algo que te defina, algún rasgo que te guste de ti y que te otorgue una identidad. Ahora asigna un gesto representativo de esta característica con tus manos, una pequeña seña, un leve movimiento, cualquier cosa que se te ocurra. Si te quedaste atascado no te preocupes, ya se nos ocurrirá algo. Pero si lo has conseguido… ¡enhorabuena! ¡Estás oficialmente bautizado en el mundo de los no oyentes!

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