¿QUIÉN MIENTE AQUÍ?

¿Quién miente aquí?

Sara Sánchez-Molina


Las personas mentimos. Mentimos como mecanismo de defensa, para protegernos o para proteger a otros. Mentira y humanidad son dos conceptos inalienables, y esto es tan evidente, que el ser humano en sus expresiones artísticas gusta a menudo de incluir a grandes mentirosos. La historia de la humanidad está llena de locuaces charlatanes que con sus patrañas consiguieron más o menos meritorios objetivos. En este texto, propongo un juego. A continuación, describiré a una serie de personajes que aparecen en el mito y la literatura y propongo al lector adivinar de quién se trata. Se advierte de antemano que es un simple pasatiempo y que no hay mayor premio que la satisfacción personal de reconocer a los personajes, así que no nos mandéis correos ni pongáis comentarios exigiendo una recompensa a vuestra sabiduría. ¡A jugar!

En la mitología griega no faltan mentirosos, aunque no siempre se presentan como tales. Algunos se nos describen como astutos, que utilizan el noble arte de mentir para escapar del peligro. Este es el caso del siguiente personaje. Tenía muy mal sentido de la orientación y anduvo vagando por el Mediterráneo un tiempecito largo. Si logró sobrevivir al viaje fue por sus miles de trucos para vencer al enemigo y con más de uno utilizó el noble arte de mentir. Al cíclope —¡os lo estoy poniendo muy fácil!— le dijo que su nombre era Nadie, cuando este lo atacó e intentó pedir ayuda a otros cíclopes, estos pensaron que se había vuelto loco. También engañó a sus compatriotas al entrar en la ciudad disfrazado de mendigo (sólo su perro lo reconoció) tras su largo viaje. Pero quizás la más grande de sus mentiras fue la del caballo de Troya, pues consiguió engañar a los troyanos para que creyeran que los griegos se había rendido y habían dejado un regalo. Sin embargo, la realidad fue muy diferente, los griegos entraron en la ciudad dentro del caballo y la asediaron. En fin, que a este la estrategia de mentir le salvó el pellejo una y otra vez, aunque dejó numerosas víctimas a su paso e incluso perdió a todos sus compañeros de viaje. Fácil, ¿no?

 

El siguiente personaje es uno de esos casos en que no se sabe muy bien si la mentira está justificada o no. Digamos que sus actos suscitan un debate sobre si es legítimo mentir o no. Esta mujer es un personaje bíblico que salvó a su ciudad de las tropas del rey Nabucodonosor. En la Biblia, se la describe como una viuda sin hijos y de gran belleza que abandona la protección de las murallas de Betulia para salvar a la ciudad del asedio. Primero, consigue convencer a los guardias de que a quien realmente está traicionando es a su pueblo, y se presenta como una esclava ante ellos. Después, consigue convencer al general de las tropas de que su fidelidad está con él y que le ayudará a alcanzar su meta. Finalmente, una noche en la que este duerme su borrachera y ella le acompaña en su tienda, ¡zas!, le corta la cabeza. Luego, la cuelga de manera que todos la vean y al día siguiente, las tropas, al haber perdido a su líder, se retiran. Así pues, sus mentiras salvan a la ciudad del asedio. ¿La reconocéis?

Maestro de la poesía, era un hombre a una nariz pegado (una nariz descomunal y horrible). Su gran mentira es su gran condena. Se presta voluntario para ayudar al pretendiente de Roxane —su prima, de la que está enamorado— a que conquiste a la susodicha. El pretendiente, un joven apuesto pero que maneja la palabra con la misma destreza que un chimpancé, corteja a Roxane en su balcón, acompañado de nuestro personaje. Este, que bebe los vientos por ella, deja escapar sus sentimientos y ella se ve de tal manera conmovida que reconoce que, aunque su amado fuera feo, caería rendida en sus brazos. Esta es la condena de nuestro amigo, se creía tan feo que no era digno del amor de Roxane, sin embargo, ella lo habría querido. Demasiado tarde, amigo, ya se han casado. Para más drama, el apuesto jovencito siente que ella no está enamorada de él, sino del poeta y le insta a que se lo diga. Claro, que todo esto pasa durante la guerra, y el joven muere allí y nuestro personaje incumple su promesa. Así pues, ella se mete a guardar luto eterno en un convento y el otro asume su papel de pagafantas, visitándola cada día a la misma hora. Un día, tras catorce años de ritual, le intentan matar abriéndole la cabeza con una viga, así que llega tarde a su cita —tarde y moribundo—, y ella le pide que le lea la última carta que le escribió su marido antes de morir. La noche va cayendo y ella se da cuenta de que su primo lee tan ricamente, a pesar de que  no se ve casi nada. Y, ¡chispas!, se enciende la bombilla y Roxane se da cuenta de que de quien estaba realmente enamorada era de su primo y no del otro, y de que era este quien recitaba versos bajo el balcón. Un dramón, amigos, teatro del bueno y también llevado al cine en varias ocasiones (notable la versión con Gérard Depardieu). Más pistas no puedo dar, ¿quién es?

Nuestro último personaje es quizás uno de los más fascinantes de la saga Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas. Ella es una espía, la más inteligente de todas y la más hermosa; es capaz de engañar con sus tretas a cualquiera. Sus mentiras comienzan con su propia identidad, aunque es archiconocida por el nombre que buscamos, también aparece en la obra como Anne o Charlotte. Claramente encarna la femme fatale de la obra, pues sus víctimas son mayoritariamente hombres que se dejan embaucar por su físico y su inteligencia. Una de las primeras víctimas es un cura del convento donde está recluida como monja al que convence para robar el tesoro de la iglesia y, así, escapar del convento y comenzar una nueva vida. Esta es la primera vez que acaba en la cárcel y también una de las varias en las que consigue escapar al convencer a alguien para que la deje libre. El hermano del cura, en venganza, marcará la flor de lis en su hombro, símbolo utilizado para marcar a los convictos. Durante la obra usará sus tretas para intentar matar al Duque de Buckingham. Al final del libro, es juzgada entre otras cosas por engaño. Personaje fascinante donde los haya, una mujer valiente e independiente. Pista final: en la serie de dibujos animados D’Artacan y los tres mosqueperros era una hermosa gatita. ¿Quién será?

Estos cuatro personajes mienten para salvar a alguien o para salvarse ellos. Algunos son condenados por el uso del engaño, mientras que otros aparecen como héroes. Todo depende del color del cristal con que se mira: seamos ―por una vez― sinceros, ¿no será que lo llamamos mentira cuando nos perjudica directamente, y si, en cambio, el resultado es beneficioso para nosotros o para quienes apreciamos, lo llamamos treta, argucia, don de palabra?[i]


 

[i]           Solución: 1. Odiseo/Ulises; 2. Judit; 3. Cyrano de Bergerac 4. Milady de Winter.

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