¿QUIÉN DIJO QUE SER PROFESOR ERA DIFÍCIL? O DECÁLOGO DEL BUEN PROFESOR

¿Quién dijo que ser profesor era difícil? o Decálogo del buen profesor

Pandorita


«Yo lo sé y tú no sabes ». Dígase esta frase con acento cheli, marcando bien los acentos y siéntase más cerca de la mente de un catedrático medio.

Añada a la combinación un poco de caspa, más años que publicaciones y algo de lascivia y será admitido entre los círculos intelectuales más selectos.

Dé charlas, clases, conferencias con datos inventados. Afírmelos como irrefutables. Omita bibliografías y referencias. Así conseguirá que el alumnado se haga una idea de la situación.

Asegure que recibe a cualquier alumno que así lo desee. Quede con el alumno que se lo solicite, pero asegúrese de que éste encuentre la puerta de su despacho cerrada el día de la cita. Es importante que sea imposible localizarle.

Si puede haga distinciones de género, y, si no le es demasiado esfuerzo, haga un cribado cualitativo que posibilite o imposibilite la realización de las tutorías.

Si le asignan algún trabajo de fin de grado, fin de carrera o de lo que sea siga las siguientes pautas:

• Cámbiele el tema del trabajo un par de veces al alumno.

• Haga ver que el trabajo que le enseñan es una mierda.

• Y, sobre todo, no haga ninguna sugerencia que pueda ayudarle a realizar un mejor trabajo.

Puede parecer complicado inicialmente, pero no olvide ¡así está usted enseñando!

¡No caiga en los típicos errores del principiante! ¡No se prepare las clases! Si puede, exija la compra de sus publicaciones, publicite sus libros. Falte a clase cuando le venga en gana. Pero ¡no avise! No está usted para perder el tiempo con esas cosas.

 

 

Eso sí, siempre que se encuentre con alguien o siempre que sea posible, muéstrese orgulloso de lo que supone formar parte de un ámbito de enseñanza superior. Alardee de ser profesor universitario y hable de sus alumnos como si le fueran cercanos.

Si alguna vez se siente culpable al encontrarse de frente con esa especie de profesores extraños, que realizan su trabajo intensamente, esos que se hablan de tú con los alumnos, que responden a sus e-mails, que no duermen para buscar la mejor manera de exponer un tema, que no repiten sus diapositivas de un año a otro. Si se siente mal al encontrarse a unos de “esos” pegue una buena carcajada y váyase a comer con el decano.

Por último: No olvide que la mejor manera de dar la razón a la voz que se atreve a hablar en clase, es comenzar la frase con «eso no es así porque (argumento de mierda que afirme lo que dijo el alumno pero con más tecnicismos y más obscuro)».

Es la mejor manera de incentivar la participación en el aula y la autoevaluación del conocimiento del alumno. Esto en el alumno le produce unas ganas irremediables de seguir sus trabajos y de fiarse de lo que dice. Ya que así se siente cercano.

Siguiendo estas sencillos pasos, para muchos lógicos, conseguirá ser un gran docente y no salir nunca de la universidad, no vaya a ser que llegue otro que ocupe su lugar y que realmente realice su trabajo.

Leave a Comment