PARA TI, PUTO MILLENNIAL

PARA TI, PUTO MILLENNIAL

Pablo Llorente


El concepto de generación suele ser de escasa utilidad, es una de esas ideas sobre las que sociólogos, historiadores y filósofos dan vueltas una y otra vez hasta el más pedante de los mareos. Pero a nosotros nos da igual. Somos los Millennials, los nacidos entre principios de los ochenta y principios de los noventa. Nuestra infancia o adolescencia quedó marcada por el hecho fundacional de nuestra generación: un perro, un tarro de mermelada y Ricky Martin dentro de un armario, y todo ello dentro de nuestra imaginación. Inventamos el meme antes que Internet, casi por telepatía. Somos el futuro, obvio. La Internacional Gurú lo sabe. Sus informes hablan de nosotros. Llevamos un espacio de coworking en nuestros corazones y El País Semanal nos lo recuerda cada domingo. Para otros sólo somos chusma indescifrable, ninis adoradores de El Rubius. Es el viejo mundo que no acaba de morir. Les queda poco tiempo.

PROPORCION generación

Algunos dejasteis el instituto para montaros en el ascensor social. El ascensor social era la construcción. A veces se estropea. Otros incluso os apuntasteis a la yihad. No había alternativa democrática alguna que pudiese ofrecer una experiencia parecida. El resto fuimos a la Universidad, y os puedo decir que eso sí que es un ascensor a pesar de todo. Pero nuestras diferencias no importan porque somos flexibles y versátiles. Nos adaptamos. No nos quedamos mucho tiempo en la misma empresa. Ni siquiera hemos empezado a trabajar. Tenemos tatuado «obra y servicio» en la frente. Por la calle se escucha un rumor: «Este año no sacan plazas». Los robots han venido a quitarnos el trabajo, ¡que sea cuanto antes! Seguiremos programando apps, compartiendo gifs, subiendo fotos a Instagram y haciendo porno amateur. Distintas actividades en apariencia pero un mismo mensaje: «¡Socorro! No quiero convertirme en youtuber, no quiero recibir una paliza de un taxista por conducir un Uber, necesito una renta básica universal cuanto antes». Somos nativos de la nación digital, no de una minoría oprimida.

Somos también la prole más social y extrovertida que ha parido la historia, olé. Nunca antes mantuvimos tantas relaciones y tan bien conectadas al mismo tiempo. Los ansiolíticos, el hachís y la música electrónica nos han dado un aire paranoico y psicótico muy sexy. Todo es exactamente lo que parece, también en LinkedIn. Nuestra afectividad plana no es un síntoma, es Big Data. Nuestro espíritu es lánguido y nuestra voluntad enclenque. En la adversidad somos cínicos antes de tiempo. Al borde del fin de toda una civilización y hemos parado unos desahucios por acá, hemos acampado en unas plazas por allá, dormíamos, despertamos, nos enganchamos a La Sexta Noche. Sabíamos que el punk había muerto pero no hasta qué punto. Y es que, como dicen los de recursos humanos, estamos más orientados a las personas que a la tarea, a la tarea de mandarlo todo a la mierda, entiéndase. Ciertamente está habiendo mucho menos caos del que cabría esperar.

En fin, vosotros, baby boomers, que confundisteis vuestra trayectoria personal triunfante con la de una época, henry-levys de pacotilla, miembros de la Generación X que ideasteis el entramado de las hipotecas subprime hasta las cejas de coca, sí, vosotros escribisteis el relato. Habéis ganado, nos la habéis colado, os hacéis llamar líderes y no jefes cada vez que entramos en la oficina. Sin embargo, no podréis con nosotros, porque no moláis nada, no os enteráis de nada y estamos de vuelta de todo.

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