ONE WAY TICKET, DESTINO FRIEGAPLATOS

One way ticket, destino friegaplatos

La Llorona


Vagón siete, asiento cinco, me ha tocado pasillo. Me acomodo en un sillón estrecho con bandeja mientras la imagen de mi madre avanza a toda prisa a través del cristal. Un trabajador de Renfe reparte unos auriculares corporativos, me parece que el raro título de le película, Pollo con Ciruelas, bien merece un trayecto de completa incomodidad para mis oídos. A mi lado alguien acaba una conversación telefónica y, mientras él busca la forma de ser amable conmigo, yo sólo trato de que no me goteen de los ojos los remordimientos.

2 hours ago…

Estábamos decididas a ocupar los silencios, llenando la hora y cuarenta y cinco minutos de asfalto con cualquier cosa poco importante: la receta del caldo de verduras, la boda de aquel primo en mayo o los cuatrocientos euros de la última reparación del coche.

Y a medida que avanzábamos entre tubos de escape y tráfico, vi cómo te nacían dos profundas arrugas, recorrían en canal, retorciéndose sinuosas, la parte externa de tus ojos. Y aunque para entonces me hablabas del dichoso dobladillo de la falda azul, yo, hacia dentro, te volví a pedir perdón por los años que te acabara de robar. Mejor sería fijar la vista en las líneas blancas de la carretera, todas señales que tú me dejaste para saber regresar en camino seguro.

Durante el cuarto de hora que restaba antes de la salida del tren, el de las ocho y veinticinco de la noche, y el último café con leche del día, tejimos sobre la garganta aquella pesada e incómoda soga, fue para ambas mismo nudo, mismo cuerda.

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Me han dicho que escriba sobre nosotros, coetáneos de una época. Y creo que a pesar de todas las carreras, los másteres y los títulos de la Escuela Oficial de Idiomas, con más o con menos cualificación, este sistema de educación nuestro no nos enseña a despedirnos de una madre a las ocho y veinticinco pe eme, frente al vagón siete de la vieja estación de tren, destino friegaplatos.

Volvemos a ser la generación que se marcha.

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