MI MAPA DE LAS CALLES IMAGINARIAS

Mi mapa de las calles imaginarias

Sara Sánchez-Molina


Tu mapa vital refleja las calles donde has crecido, donde vives y descubres cada día algo distinto. Nadie puede predecir qué calles nos quedan por recorrer y qué encontraremos en ellas. Es tu mapa vital y eres libre de confeccionarlo a tu gusto. Todo es posible en la calle, donde realidad y ficción se funden

¿Has paseado por las calles de París, Londres, El Cairo, La Habana, Nueva York, Túnez…? ¿Te has adentrado en los suburbios más peligrosos del mundo? ¿Has pasado por esa calle que nadie quiere pasar? ¿Has seguido caminando cuando las casas se acaban, has tomado el camino de barro y, sin mirar atrás, has atravesado los campos de girasoles, te has bañado en las charcas más frías y has escuchado el eco de tus pasos entre las montañas? Entonces, sí, has pisado las calles. Has abandonado el confort de tu sofá y has crecido fuera, en la calle. Porque la calle es ese espacio donde todo tiene cabida, donde los límites se difuminan y donde aprendimos por primera vez que el mundo es diverso y que las personas y los espacios que nos rodean son reflejo de ello. La calle es rica en matices y sólo hay que cruzar el portal para ver que es así, ¿o quizás no? La literatura, la música, el cine… en definitiva, el arte está lleno de calles por las que podemos pasear sólo con acercarnos a él.


 


 

Estas calles son muy especiales. Pueden ser calles presentes, pasadas o futuras. Pueden ser lugares reales o imaginarios. Son lugares donde las vidas de los personajes cambian de manera determinante. Pero, ¿se ve la vida del espectador afectada por esos avatares? Si uno asiste a estos espectáculos con la mirada despierta y el espíritu crítico, sin duda será directamente trasladado a las calles que recorren los mapas del arte. Estas calles también forman parte de tu mapa vital.

Si, al observar La Bebedora de Absenta de Picasso, de pronto sientes que el París decadente de principios del siglo XX se materializa bajo tus pies y te ves, como el protagonista de Medianoche en París, escuchando a Josephine Baker cantar La conga Blicoti en un café a altas horas de la noche, entonces estás recorriendo las calles de tu mapa imaginario. Es posible que, al girar en la siguiente calle, te veas paseando por el neoyorquino Manhattan de la mano de Sara Allen[i], quien ciertamente sale a la calle en busca de la libertad.

Puede que en tu deambular de repente te encuentres de frente a la Acrópolis en Atenas y escuches a Hermia contarle a Helena su planes de huida junto con Lisandro[ii]. Entonces, al salir del Shakespeare’s Globe cruces el Támesis hasta San Pablo y acabes perdida entre los grafitis de Brick Lane. Allí, en una tienda algo alternativa escucharás a Hindi Zahra cantar Beautiful Tango. Quizás te pase como a mí, y te traslade a Bucarest, donde descubrí por primera vez su música, o quizás sus letras en bereber te lleven hasta el zoco de Marrakech. Si te quedas en Bucarest, es posible que tras una deliciosa comida en el Caru’ cu bere —un restaurante de finales del siglo XIX— salgas a la calle y te encuentres en la Piazza Maggiore de Bolonia o sentada a la sombra de las torres Garisenda y Asinelli. En tu periplo por los soportales de esta ciudad medieval encontrarás Macondo, y es probable que tus sueños no terminen «frente a ese mar de color ceniza, espumoso y sucio, que no merecía los riesgos y sacrificios de su aventura»[iii].

Poco a poco, es más complejo separar lo real de lo ficticio. Las calles por las que has paseado y las calles que has visitado en los libros, en los cuadros o en la música se fusionan en un solo mapa. Un tango cantado por una japonesa se escucha en un callejón, al adentrarte en él te encontrarás en las calles de Tokio, donde podrás recorrer el mapa de sus sonidos de la mano de Isabel Coixet. Quizás las luces de una gran avenida te recuerden la Gran Vía de Antonio López y tus pasos te lleven a un barrio obrero cualquiera de Madrid con casas de ladrillo rojo. Rojas como algunas de las casas holandesas de la ciudad donde vives, que esconde poemas en cada rincón, poemas escritos en lenguas diversas que te hacen viajar por las calles del mundo.

Así vas trazando tu mapa, que es irregular y mutable. Es grande y difuso, contiene los lugares a los que has ido, con tu cuerpo y con tu mente. Es un reflejo de tu experiencia y sus calles están disponibles para ti siempre. Puedes recorrer grandes distancias en poco tiempo, distancias físicas y temporales. En ocasiones, viajas a un lugar en el que tiene lugar una novela o una película, y tu relación con ese lugar se transforma. Quizás al llegar a ese lugar, tu corazón palpitó con fuerza y sentiste una emoción similar a la que te embargó la primera vez que lo encontraste. Ahora esas calles son reales e imaginarias a la vez y en tu mapa aparecen como una sola.

Es fácil perderse en tu propio mapa, pero estas son las calles donde has crecido, donde vives y descubres cada día algo distinto. En ellas conociste la cara amarga de la vida, los peligros, la sangre en las rodillas; viste nacer y morir. Lloraste de alegría y de tristeza. En definitiva, cruzaste límites y descubriste qué había tras ellos. Nadie puede predecir qué calles nos quedan por recorrer y qué encontraremos en ellas. Es tu mapa vital y eres libre de confeccionarlo a tu gusto. Todo es posible en la calle, donde realidad y ficción se funden. Así pues, no te extrañe si, al cruzar el portal la próxima vez, crees ver a Oliveira y a la Maga fumando Gauloises a la orilla del Sena[iv].


 


 

[i] Sara Allen es la protagonista de la novela Caperucita en Manhattan de Carmen Martín Gaite.

[ii] Referencia a Sueño de una noche de verano de Shakespeare.

[iii] De Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez. La cita literal es «Sus sueños terminaban frente a ese mar color ceniza, espumoso y sucio, que no merecía los riesgos y sacrificios de su aventura».

[iv] Referencia a la novela Rayuela de Julio Córtazar.

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