METERSE DENTRO

Meterse dentro

Jaime Caballer Revenga y Enrique Maestu


Algunas veces, cuando estoy cansado de mí mismo, pienso en lo injusto de la obligación de ser poseedores de una morada que estamos condenados a ver desde fuera. Sólo nos vemos las manos por fuera y nunca las sentimos por dentro. Algunas regiones de la espalda son sólo territorio apto para las yemas de los ojos y un espejo. En días como hoy quisiera pensar un laberinto que me llevara a mi interior, con ánimo de detective pero método de espeleólogo. Quisiera visitar mi cuerpo como quien se descuelga por una esclusa para recorrer la historia de unas catacumbas. Descendería a oscuras hasta que mis ojos fueran mis manos dentro de mi glotis, buscaría los vientos y soplaría las venas para darle fuerza al ritmo. Quisiera ser detective de mí mismo para descubrir todos los crímenes, delitos y tropelías que desde mi nacimiento hubiera cometido. Sólo así podría escribir una historia de mí mismo, en la evidencia de mi cuerpo interior que siempre me ha acompañado y al que raras veces he dejado hablar. Sólo le hago caso cuando me grita. Sería escribir una historia sin palabras, casi una voz que dice «yo» al unísono desde muchas partes y muchas veces. Creo que sólo así podría expulsar aquello que me sobra y al salir —no hace falta decir por dónde— poder ser la mitad de mí mismo y el doble de lo que esperaba. Siendo consciente de que ahora soy una esfera de cuatro dimensiones.

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