MARTA GÓMEZ-PINTADO: «Me voy dando cuenta de que las manos tienen un peso especial en mi obra»

Marta Gómez-Pintado

«Me voy dando cuenta de que las manos tienen un peso especial en mi obra»

Ainhoa Maestu


Para Marta Gómez-Pintado (Madrid, 1967) sus manos son su herramienta de trabajo. Pintora, ilustradora y dibujante nos habla de su obra, del arte en los tiempos modernos y del mercado del arte.


Háblanos de un poco de tu trabajo, ¿podrías PROPORCIONES 01. Autorretrato (100 x 81) cm - Óleo sobre lienzoestablecer unas etapas?

Siempre he sido más pintora que dibujante, aunque siempre he compaginado el dibujo con la pintura. Si nos referimos a mis etapas como pintora podríamos empezar hablando de una etapa más impresionista que luego va pasando a un existencialismo y ahora en la etiqueta en la que me siento más a gusto es simbolista. Y todo esto siempre compaginado con dibujos. He ido llegando a la ilustración y al cómic de un modo que ha ido viniendo un poco así dado. Han ido llegando las cosas y yo me he ido metiendo en ellas y por eso ahora estoy más dibujando que pintando. No puedo dibujar y pintar a la vez, son cabezas totalmente distintas.

¿En qué año empiezas a pintar y en qué años se sitúan las diferentes etapas?

Es difícil porque yo siempre he estado pintando y dibujando, desde siempre. Quizás, la fecha de mi primera exposición, que es allí donde te expones por primera vez como pintora: fue en el 94, y he estado pintando básicamente hasta el año 2010. Como dibujante más exclusiva, desde esa fecha en adelante. De todas maneras no he abandonado la pintura.

 Los cómics antes pasaban de mano en mano y ahora son objeto de ediciones de tapa dura y son casi un objeto de coleccionista. ¿Qué fue lo que te llevó a querer dibujar cómic?

Siempre me ha interesado el cómic y siempre he leído cómics que tenían sobre todo mis hermanos mayores. Siempre he tenido algo de contacto, pero no me veía ahí. Cuando cogí el cómic Persépolis, de Marjane Satrapi, me di cuenta de que se podía hacer de otra manera no tan convencional y me apeteció probar ese terreno, y realmente éste fue el punto. Además, siempre me ha gustado escribir también y eso me permitía un poco compatibilizar el contar una historia con palabras y con imágenes. Como tengo gente a mi alrededor, a mucha gente que escribe, me dije: «¿Por qué no adapto historias de ellos?». Además me parecía muy bonito poder colaborar con alguien, porque es tan solitario el trabajo de dibujante o de pintor… He aprendido mucho, además me gusta mucho el cine y todo lo que tiene que ver a la hora de establecer una narración.


EL HOMBRE QUE FUE JUEVES pág.84


¿Con qué cómic empezaste?

Empecé con ilustración, con Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, ya que yo antes me movía en el lenguaje puramente del dibujo y parece que el salto es como más logico. Saltar de pintar a hacer directamente un cómic hubiera sido raro, pero al haber tenido que hacer trabajos con profesionales de ilustración te obliga a centrarte más en eso. ¿El paso del óleo a la acuarela es un paso muy grande? Para un paisajista supongo que no, pero para mí sí, porque para mí lo de pintar es un estado totalmente distinto.

¿Y cómo te sientes en el mundo del cómic?

Siento que me apetece hacer otro, que es lo importante. Generalmente me apetece probar siempre terrenos distintos y éste me apetece seguir profundizándolo más; me queda mucho por aprender y me apetece seguir ahí, lo tengo claro. Es que me apetece contar historias que me parezcan a mí y que otros no contarían.

Tanto Alicia en el país de las maravillas como El hombre que fue jueves son dos obras que suponen una disrupción con la realidad. ¿Cuál fue el motivo de elegirlas?

El de Alicia siempre me había interesado. De hecho, había utilizado alguna vez alguna cita para un catálogo de una exposición, personajes como los hombres-carta, la relación con el tiempo… El caso es que cuando el editor me lo propuso pensé: «Bueno, pues me lanzo». No lo pensé mucho y me metí en la historia. Porque, si lo piensas, igual no te metes. Piensas en lo grande que es esa obra y que tú no eres nadie. Pero bueno, no soy muy miedosa.

Pero en el caso de El hombre que fue jueves realmente no fue nada muy meditado, me dije: «¿Qué tal Chesterton?», ya que siempre me ha interesado su manera de contar cosas. Es verdad que a veces uno va a eligiendo cosas sin saber por qué y después viendo el recorrido puede ir descubriendo cosas de sí mismo. Uno que elegí yo fue, por ejemplo, El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde que también desdobla la realidad. Así que parece que hay algo claro: que existe un interés personal por las realidades que no son nada evidentes.

¿Cómo es la realidad de un pintor con sus manos?

Hay que lavárselas mucho [risas]. Supongo que cada pintor tendrá una relación distinta. Yo me he dado cuenta de que las utilizo mucho para expresar cosas, en los dibujos y en los cuadros también. De hecho, si me piden un retrato yo prefiero que sea un poco más grande y que quepan manos, que a lo mejor otro lo eludiría, pero me parece algo muy importante. Para hablar también; me parece que hablar sin manos es muy difícil.

Me voy dando cuenta de que las manos tienen un peso especial en mi obra. No es algo buscado, pero sí. La primera adaptación que hice a cómic de una historia era una historia de un hermano mío, y cuando la vio me dijo: «No sabía que las manos podían ser tan importantes».

Por lo que nos has contado también, en la propia novela de El hombre que fue jueves tiene mucha importancia el lenguaje con las manos.

Sí, de hecho incluso crean un lenguaje a base de signos con las manos. Pero al margen de eso, para expresar los estados de ánimo de los personajes también me parecía muy necesario. También se prestan los personajes y las situaciones, y el tono de la obra, que es como un poco teatral casi. Entonces escenificar mucho con las manos se apoya y complementa la intencionalidad de los personajes y todo esto.

EL HOMBRE QUE FUE JUEVES pág.10

¿Cómo es ser pintor en la época del «palo selfie»?

Yo creo que es un espacio un poco de resistencia, de reivindicar que no se pierda cierta manera de entender las cosas, un poco más introspectiva también. A veces es tan invasiva la cultura de imágenes que tenemos por todas partes que ya nos cuesta valorar realmente una imagen. Es un poco replegarse y negarse a que sea así, vamos a seguir pensando y contando cosas a través de las imágenes, dotándolas de un contenido y de un sentido más allá de la pura apariencia. Es como una forma también de querer vivir, y de afirmar «Yo quiero seguir viviendo así».

De todos modos cualquier técnica es válida si está al servicio de una buena idea. Lo importante es el contenido de las cosas. No tanta superficialidad y apariencia. Hace poco me decía una amiga: «Estoy tan cansada de las novelas que salen ahora que al final me he tirado a leer a Balzac», y se entiende lo que quiere decir, ¿no?

Respecto al mercado de arte y cómo funciona en España y en Madrid ¿crees que hay demasiadas manos?, ¿o realmente está poco «tocado»?

Yo realmente tampoco puedo hablar mucho de cerca. He tenido la suerte de que ha habido gente que me ha apoyado, incluso he tenido un marchante… Digamos que no me puedo quejar porque ha habido gente que sí que ha valorado mi trabajo pero no he llegado a estar metida en el tinglado. También eso exige un trabajo de petardeo que me parece que no va conmigo. Si hay que pasar por eso para estar ahí metido prefiero quedarme un poco fuera, así, a mi manera, que es como creo que se vive mejor. Desde dentro entonces no conozco. Desde fuera lo que veo es que el mercado del arte en España funciona muy poco. Hay poca gente, y además marcan caminos que tampoco tienen nada que ver con lo que yo busco. No me gusta demasiado, aunque supongo que es normal, ¿no? A un artista no le gusta el mercado del arte, si le va de miedo pues sí, pero… Es estupendo poder vivir de la pintura, pero no es el objetivo principal. Si ocurre, genial; si no, no pasa nada. Yo lo hago porque yo quiero.

Vamos con una serie de preguntas cortas:

¿Nocturna o diurna?

Soy bastante nocturna pero necesito vivir el día. Aunque curiosamente me hicieron una analítica el otro día y me dijeron que me falta la vitamina D, que es la que se fija por el sol [risas]. Y dije yo: «Será que soy muy nocturna». Necesito los dos. Pero sí, soy más nocturna. Me gusta mucho la tranquilidad de la noche para trabajar, pero luego tengo que verlo de día y seguir trabajando de día. Pero la concentración máxima la consigo por la noche.

¿Silencio o Ruido?

Hombre, el ruido yo creo que nunca. Bullicio puede ser, pero el ruido por sí mismo… O sea, el silencio me gusta, lo necesito muchas veces, pero tampoco todo el rato. El bullicio, la música, eso que rompe el silencio, me parece que también es importante.

¿Que si encuentro inspiración en el ruido urbano, el bullicio? Yo diría que no. En la música sí. Bueno, nunca he hecho un cuadro con el sonido del afilador o el de la cabra. Pero bueno, quién sabe, seguro que por ahí podría encontrar inspiración.

¿Sociedad o individualismo?

Las dos cosas igualmente. Soy muy individualista en el sentido de querer hacer las cosas y pensarlas por mí misma como individuo. Pero hay que mirar a la sociedad en la que quieres vivir. Y hay que hacer cosas también. De alguna manera hay que devolver. Podrás tener la vida mejor que otras personas y tienes que valorar en qué mundo quieres vivir. Entonces son las dos cosas juntas, que no tienen que presentarse como antagónicas. Como docente, una de las cosas que me parece fundamental inculcar es que cada uno piense por sí mismo, no que todos los niños crezcan igual. En ese sentido soy individualista. Hoy se presenta como algo malo, pero yo creo que no. Además, creo que las figuras que admiro son personas que han luchado como individuos. Y creo que muchas veces los individuos son los que hacen que la sociedad avance. Es que hay gente que confunde individualismo con egoísmo. Y son cosas distintas.

¿Óleo o acrílico?

Me manejo muy bien con el óleo. Creo que me entiendo mejor porque permite trabajar más despacio. Esto cuando hablo de pintura. Otra cosa es que tengas que hacer un encargo concreto que ya sabes lo que tienes que representar y tal, y a lo mejor te ayuda a resolver rápido el acrílico. Pero en los procesos lentos, que es como yo pinto, voy mejor con el óleo.

¿Literatura o historia?

Pues historia de la literatura [risas]. Bueno, yo creo que más literatura, pero también toco libros de historia. He tenido etapas: cuando era más joven era más literaria, era exageradamente literaria. Ahora tiendo más a buscar cosas de historia o ensayo también. Para pensar mejor dónde estamos. Pero yo creo que necesito las dos cosas.

¿Poetas o políticos?

Poetas. Pero bueno, considero que los políticos son necesarios… pero sólo un poquito.

¿Zurda o diestra?

Si te refieres a con qué mano escribo, yo uso la diestra. No sé qué me estas preguntando: si hemisferio derecho o izquierdo, si mi tendencia política…

¿Revelación o constancia?

Ambas. Se podría matizar. Cuando tienes una revelación sientes como «Quiero hacer esto» y sientes unas ganas enormes de hacerlo. ¿Qué ocurre? Que luego si no hay constancia eso se pierde. Puedo ser muy constante cuando estoy muy metida en ello. El cómic ese tardé casi dos años, pero no se me hacía pesado el trabajo, estaba tan metida que no me enteraba. Así que puedo ser muy constante, pero viene de una revelación.

¿Planes para el futuro?

Yo soy muy de improvisar, hago lo que va saliendo. Y cuando sale algo lo abrazo y digo «¡Venga!», y me meto. Lo que más me gusta es hacer cosas nuevas. Vivir de lo que ya has hecho no me gusta.


 

GUARDAS MANOS 03

Leave a Comment