MANIFIESTO BALCONING. EL AULLIDO DE UNA GENERACIÓN

MANIFIESTO BALCONING. EL AULLIDO DE UNA GENERACIÓN

Cuentan los periódicos que medio millar de jóvenes en edad de morir en la guerra se han dejado la vida queriendo impresionar inútilmente

Alberto Coronel


 

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Le saut dans le vide, de Yves Klein

 

«Llevaba alas ebrias de ángel caído

Con los dos labios rojos de tanto quererse

Embriagar para atreverse a saltar

el abismo

pero devino mortal:

mala suerte»

 

Balconer anónimo

 

Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del balconing.

Cuentan los periódicos que medio millar de jóvenes en edad de morir en la guerra se han dejado la vida queriendo impresionar inútilmente. Titulares de a media página escritos por becarios que trabajan a tiempo parcial llenan diarios de segunda línea con necrológicas que apenas pueden contener la risa. «¡Otro! ¿Cuántos cientos van ya?», se preguntan los señores de rostro enjuto y acalorado cuando leen de soslayo el titular habiendo aparcado el coche en doble fila para comprar tabaco. «¡Qué barbaridad!», claman las señoras enemigas de la lluvia y un mal desplante. «¡Temerarios, inconscientes!», gritan todos cuando la noticia de otra víctima del balconing agita sus cuerdas vocales con más fuerza que las batutas del Carmina burana. Irrumpe entonces nuestra generación orgullosa y desquiciada cerrando el puño que arroja a las orquestas de opinión al silencio más absoluto. «¿Temeraria yo? No lo creo. ¿Inconsciente? Jamás», pronuncia frente a esos rostros de ojos saltones y mandíbulas desencajadas con la voz llena de júbilo cuando desvela la verdad: «La primera vez que saltéy habló entonces con un millón de vocesno sabía que hubiese una piscina».

Hecho el silencio que procede de la bofetada y precede a la tormenta, el joven espíritu del balconing se alzó con pies descalzos sobre la barandilla del mundo y leyó el siguiente manifiesto, el aullido de una generación:

 

Hijas bastardas de la revolución, ángeles desempleados, bebedoras ilustres, preciados sifilíticos, becarios con rodilleras de todos los departamentos, apuesta encargada de la sección de pesca y senderismo del Decathlon, profesionales de prácticas en empresas privadas sin profesión, amantes de lo público privados de todo, reponedoras del pienso de los supermercados, pensadoras sin likes, rockeritos que no os atrevéis a bailar cumbias y tertulianos de la puerta del garito y de salón; escritoras sin lector, borrachos con errores ortográficos que salís a buscar el punto y acabáis en coma; arrepentidas por dejar de tocar aquel instrumento, carne de terraza, peli y mantita; adolescentes que adolecen el exilio a la masturbación y no os podéis explicar en qué momento dejó el teleférico de fascinaros. Vosotros que habéis crecido con Ska-p hasta en la verbena y devuelto al videoclub películas sin rebobinar. A vosotras que nacisteis antes que Youtube, que teníais vida social antes de quedar atrapadas en sus redes y habéis saltado de emoción cuando un amigo llamaba por el telefonillo sin avisar. A todas vosotras, almas inquietas, que sólo encontrasteis consuelo al descubrir que no había norte en el espacio ni reloj que mida el valor del tiempo compartido; vosotros que arrojasteis la brújula al océano y drogadas bailasteis y fornicasteis en alguna orilla del Cantábrico… A todas vosotras, almas hermanas de una generación que nace cuando Dios ya había muerto, ¡saltad para escapar de este laberinto ingrávido de espejos deformes, de la rueda de hámster que te lleva sin moverse hasta la tumba! ¡Saltad, malditos, saltad! Que todo lo bueno en la vida nace de un salto al vacío. ¡Saltad y morid! ¡Morid por decenas y cientos de miles! ¡Que se vacíen las fábricas y los ordenadores no tengan quien les escriba! ¡Saltad y vivid con la verdad de la adrenalina de que al menos una decisión fue vuestra! ¡Viva el balconing! ¡Que comience el asalto al vacío del alma!

 

De todos los presentes ―unos ciento setenta mil cuatrocientos veintitrés aproximadamente, sin contar a los sesenta y uno que se escondieron, a los que no me dio tiempo a contar y a los del final que demandaban sin cesar que hablase más alto― pocos pudimos interpretar con justicia la palabra revelada; pocos quienes vimos con claridad lo que sucedió a continuación.

Después de gritar aquello del asalto al vacío del alma, saltó al estilo del ángel sobre las masas que le miraban curiosas. Dejando el sol a las espaldas, una gigantesca sombra con forma de cruz se proyectó sobre la tierra. Con una mezcla de veneración, náuseas, sorpresa y pavor, las pobres gentes vieron que aquel ser iluminado se precipitaba milagrosamente sobre ellos. La docena y media de almas que debajo nos encontrábamos no por devotas y agradecidas hicimos oídos sordos de nuestra educación secundaria y pudimos recordar que la velocidad final para un movimiento rectilíneo y uniformemente acelerado sería igual a la velocidad inicial más el producto de la aceleración por el tiempo. Tiempo suficiente para considerar que el cuerpo arrojado al vacío impactaría en el suelo a toda hostia por segundo. Tras repasar los cálculos y verificar que no había error alguno fue acordado por unanimidad asamblearia que nos echaríamos a un lado. Tomadas las debidas precauciones, el cuerpo impactó en el lugar y a la hora prevista dejándolo todo lleno de sangre y órganos o, como solemos decir desde entonces, hecho un Cristo.

Había nacido un mártir.

En el nombre de aquel cuerpo anónimo que vino a estrellarse por nosotros bebedores, nos alzamos como almas libres por el poder de su palabra e invitamos a todos los seres humanos a dar el salto al balconing, y exigimos a los gobiernos del mundo:

 

1- El reconocimiento del balconing como seña de identidad cultural autóctona balear acogiéndose al punto 3 del artículo 18 de la Ley Orgánica 1/2007, de 28 de febrero, de reforma del Estatuto de Autonomía de ses Illes Balears.

2- La señalización clara en toda piscina pública y privada dónde comienza y acaba la parte honda.

3- Barandillas antideslizantes y de un ancho igual o mayor que un pie.

4-El cese inmediato del trato impersonal y estadístico que los medios de comunicación dedican al balconing y a sus atletas, como Lukasz Parszcynski, que serán tratados de aquí en adelante como héroes.

5- Honores a los camaradas caídos en conformidad con los siguientes casos:

 a) A los caídos en el agua: el debido respeto y admiración.

 

          b) A los caídos en el bordillo u orillas: honras fúnebres y honores de estado siguiendo lo establecido por el Reglamento de Ceremonial y Protocolo Militar, Sección Decimoquinta, Artículo 123: 15 disparos de cañón consecutivos.

          c) A los caídos a más de un cuerpo de la piscina: no se les rendirá tributo alguno.

Si nuestras exigencias son desoídas seguiremos saltando y resbalando borrachos en barandillas hasta que no quede un cuerpo joven por explotar.

 

 

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