¡MANDA NUDES QUE SOY ALIADO!

¡Manda nudes que soy aliado!

Pandorita


Hay algo que se ha mantenido de generación en generación y no es ni el cancionero popular ni las competiciones de pedos en el más íntimo núcleo familiar. De lo que estamos hablando no es otra cosa que de la habilidad de lanzar mentiras, trolas, bolas, falsedades, excusas, falacias, bulos, patrañas, papanatadas, pegotes, etc.

Y es que somos muy de mantener el pabellón muy alto y, ante todo, aparentar: «Dientes, dientes que es lo que les jode». Así que nunca estaremos llegando tarde, siempre haremos las mejores paellas y nos conoceremos al dedillo las novedades políticas de Burundi ―cuyo Sultán, por cierto, está en apuros―.

Con el paso del tiempo hemos conseguido crear una realidad paralela a la nuestra ordinaria, en la que somos muy puntuales, muy feministas, muy pro derechos de los animales, muy fieles a nuestros amigos, donde nunca contamos los secretos de nadie y donde, como tocados por un dedo divino, sabemos de todo y de todos y, es más, podemos hablar de ello. Es un universo plagado de cuñados y de esas personas que te corrigen las tildes en Twitter ―que nadie descarta que sean las mismas que las que se limpian el culo de atrás hacia adelante―.

Desde el clásico «estoy a dos paradas» o en su vertiente extrema «estoy saliendo de casa», hasta las más complejas explicaciones de la creación del mundo o de la financiación del PP (etimológicamente tienen la misma base: al principio todo era oscuridad y dijo Dios «cree una caja B», y vio que eso le hacía pagar menos impuestos. Y hubo gran regocijo).

En esta vida, en la que se aplaude más a un hombre por ser aliado que a una mujer por ser feminista ―y no hay más que ver el fenómeno fan que hay con  Justin Trudeau―, puedes ir a todos los 8 de marzo de mani, y revisarte para acabar con todos tus privilegios, pero luego quemar el servidor de Tinder a nudes. Porque en eso consiste la concienciación millennial. Algo así como ser ecologista, defender al lobo ibérico, estar en contra de la mutilación de orejas y colas de perros, pero jamás haber pisado terreno abierto (lo más cerca del campo que has estado ha sido en alguna visita esporádica a la Casa de Campo) y tener alergia a cualquier ser peludo y adorable (sólo toleras que se te acerque el Yorkshire de tu abuela al que le han condenado a llevar el nombre de Cleopatra).

Y usamos mentiras que ya están muy manidas, que de lo sobadas que están ya ni pasan por mentira, sólo por excusa barata. En ocasiones el usar cierta excusa te inculpa más. Oraciones que, implícitamente, están afirmando lo contrario de lo que proclaman. Entran aquí todas esas excusas con criterios horarios o confirmaciones de asistencia que tanto nos gustan y que se dan hasta en las mejores familias. Así que cuando alguien nos dice: «Estoy saliendo de casa», sabemos que está por meterse en la ducha. Si nos dicen: «Llego en cinco minutos», buscamos un bar para esperar media hora a resguardo. Y si alguien nos dice: «Nos vemos mañana, fijo», prepárate para pasar una jornada en soledad. Y es que hay tantas: «Me muero de ganas de ver tus dibujos», «A ver si me pasas algo de lo que escribes», «Pues voy a ver si me leo ese libro que me recomendaste», «Voy a hacerte caso con ese consejo», «Me encantaría volver a ver todas tus fotos de la primera comunión», etc.

Otras mentiras implican un gran nivel de concentración que no está lo suficientemente valorado. Esas ocasiones en las que se están lanzado datos a diestro y siniestro, indiscriminadamente, y obviamente sin base ni fundamento, al más puro estilo professeur d’Université, y algún testarudo oyente, que ha reconocido en ti los síntomas del buen pegoteiro, te hace una capciosa pregunta que te obliga a salir del paso redoblando la apuesta de la infamia.

Así que, que mentimos y que la vida no es más que un interminable intercambio de patrañas de millennials que se saben La Internacional, visten de Zara y de Pull&Bear y se pasan el año pensado adónde se van a ir de turismo concienciado, y que se han hecho expertos en asentir con la cabeza como quien oye obviedades cuando no tienen ni puta idea de lo que les están hablando, no es ninguna novedad.

Y si no estás de acuerdo con lo expuesto o quieres puntualizar queremos decirte que nos interesa mucho tu opinión.

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