MALLORCA ES ALEMANA

Mallorca es alemana

Marta Lezcano Vega


Llega el buen tiempo y, con él, hordas de alemanes, ingleses y otros tantos sujetos del norte de Europa se acercan a las costas mediterráneas a contaminar nuestras aguas, a pasar la resaca vomitando en el espacio público y, por qué no, a liarse a hostias y violar de vez en cuando. Hace poco, Podem Palma publicó en su página de Facebook el siguiente vídeo de hace cuatro años con el que señalaban que ésta era la representación del tipo de turismo que no quieren en la isla:

Una grabación con imágenes repugnantes, sin duda, donde se muestra con sarcasmo la cara más deshonesta de la vida turística en Mallorca. Es un vídeo que no deja indiferente, y ese patetismo se traduce en más de medio millón de visualizaciones en Youtube y comentarios por cualquier lugar donde se comparte. Hay multitud de comentarios que expresan indignación o tristeza de múltiples formas, pero entre todos ellos me llaman especialmente la atención los comentarios que incluyen, además, el desprecio hacia los alemanes en general.

Dentro de estos comentarios hay algunos más concretos: señalan que no serán todos los alemanes los que vienen a destrozar las islas, pero que sí es una cantidad bastante visible la de los alemanes que vienen a «hacer todas las mierdas que en su país no hacen porque allí sí muestran respeto», que se piensan que «la isla es suya» y, además, «siguen comprando los mejores terrenos y construyendo guetos». Estos comentarios, en efecto, son más específicos dado que no apuntan a la totalidad abstracta de los residentes en Alemania, pero siguen teniendo un tufillo similar al que puede tener un comentario como el siguiente: «Los moros vienen aquí a robar en nuestras casas, no lo hacen todos pero sí la mayoría; y además no se integran y viven en guetos». Pues no porque los alemanes sean ricos ese desprecio es más legítimo y los comentarios, menos xenófobos.

No obstante, que ambas manifestaciones sean xenófobas no significa que sean iguales. El último comentario resulta mucho más nocivo ya que, además de la xenofobia, también entran en juego el racismo, el clasismo y todos los prejuicios y condicionantes que hacen que la xenofobia se concretice hacia determinados grupos sociales (y no contra otros). En el caso de la xenofobia hacia los alemanes y otros europeos, es exclusivamente su condición de turista con un nivel adquisitivo considerable la premisa menor de una conclusión mal inferida.

Puede que no todos los turistas de Mallorca causen destrozos pero, aun si así fuera, no todos ellos son alemanes ni extranjeros europeos. No hace falta buscar muchas estadísticas para tomar conciencia acerca de cuántas y cuántos jóvenes españoles se acercan a ses Illes a hacer turismo de borrachera. Centrarse en el extranjero e ignorar la realidad es un intento desesperado por darle forma y nombre a un terror tan íntimo que parece imposible verbalizar. Porque ese terror, en realidad, no es «miedo al extranjero», no es xeno-fobia. La xenofobia hace referencia a algo determinado, pero esta determinación en realidad es arbitraria y superficial. El objeto de odio podría haber sido otro, porque el verdadero terror se debe a la incertidumbre que generan las estructuras que hacen posible que ese terror emerja, salga a la superficie y se convierta en tristeza, indignación y, en algunos casos más perversos, en el tipo de xenofobia del que venimos hablando.

Todos los comentarios acerca del vídeo que se encuentra más arriba tienen en común una cosa: la angustia de pensar que Mallorca no sea un lugar habitable. El miedo a que el turismo en masa convierta Mallorca en un área habilitada exclusivamente para un entretenimiento fútil (machista y despreocupado con el medio ambiente), donde se imposibilite el acceso a la vivienda, donde el encarecimiento de los productos alimenticios y de primera necesidad lo conviertan en un lugar económicamente inaccesible y donde la explotación de espacios con fines recreativos suprima los espacios culturales y de ocio existentes e impida la aparición de nuevos escenarios que favorezcan la vida en común.

¿Cómo no vamos a tener miedo a que nos maten los barrios?

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