LUISA ENTRE LOS CANÍBALES (ACTO II)

Luisa entre los caníbales

Tragedia histórica-etnológica en tres actos: ACTO II

Antonio Pérez


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DRAMATIS PERSONAE

Louise Michel (LM) Unos 45 años. Vestida con gran austeridad salvo un foulard rojo que la acompañará hasta que se lo regale a Ataïde.

Charles Malato (CMa) 20 años aprox., llega a Nueva Caledonia con 17 años, porque su padre ha sido deportado y la familia le ha acompañado al destierro.

Nathalie Lemel (NL) 45 años. Ex encuadernadora, anarquista, alma de La marmita, ¿novia de LM en Nueva Caledonia?

Marie Ferré (MF) 30 años. Hermana de Teófilo, amor de LM fusilado a los 25 años; MF es la eterna compañera de LM. Enferma del corazón. Siempre muy nerviosa.

Ataïde (Ata). Cacique kanako de Komalé, viejo de pelo blanco, porta una honda enrollada a modo de turbante (no kepis) y luego, viste con el foulard rojo regalado por LM.

Sandja (San). Viejo takata, chamán, bardo, trovador. Es decapitado junto a Ata.

Daoumi (Da) 30 años. Kanako al servicio de la administración colonial. Habla bichelamar –el créole o patois isleño- y un poco de francés. Para LM, profesor de lengua y ciencia kanaka.

Aziz Aheddad (Ahe) 60 años, kabilio, amigo de LM, rehúsa participar en la represión.

Boumezrag El Mokrani (Mok) 50 años, kabilio, conmutado de pena de muerte en Argelia y jefe de los kabilios represores en Caledún (Caledonia en árabe)

Canalás, clan kanako [no aparecen en escena pero se les escucha y vislumbra] los verdugos de Ataïde: Ségou, el decapitador; el cacique Gélima, Nondo (el que entregará las cabezas de Ata y San) y Caké.


 

SEGUNDO ACTO

 

LM.- Entonces, Ataïde, ya estás de vuelta de Noumea. ¿Cómo te trataron en la capital?, ¿es cierto que viste al gobernador?

Ata.- Fui a ver al gobernador y no me trató de cacique a cacique como merezco sino como si fuera su criado. Yo le hice la deferencia de sentarme para que él pareciera más alto pero no lo entendió. Es un verdugo altanero que se cree nuestro amo. Y que sigue creyendo que somos caníbales. Menos mal que estaba preparado para semejante recibimiento. Llevaba dos saquitos así que, cuando tuve oportunidad, vertí delante de sus narices un saco de rica tierra negra, fértil, olorosa, y le dije:

-“Esto es lo que teníamos”. E, inmediatamente, vertí un saco de pedruscos y le acusé:

-“Esto es lo que tenemos ahora”.

El gobernador no supo qué contestarme. Aun así, pasó al ataque y me propuso una majadería:

-“Tienes que construir unas vallas para evitar que el ganado se coma los huertos de tu gente

A lo que yo le respondí:

-“Cuando nuestros ñames se coman a tus vacas, entonces levantaré las cercas

LM.- [todos aplauden entre risas] Muy bien Ataïde, muy bien planteado y muy bien resistido. Pero, ¡ojo!, heriste el orgullo del gobernador, le demostraste que los kanakos son un pueblo que sabe y que no se deja pisotear. Pero el blanco es fundamentalmente vengativo y el gobernador lo es en sumo grado –por eso es gobernador-. Habrá represalias, no lo dudes, no lo dudemos.

Ata.- No lo dudamos. Y serán sangrientas. Sus fusiles y sus cañones son fuertes, más fuertes que nuestras armas pero, de hombres a hombres, nosotros somos valientes y ellos no, los kanakos conocemos nuestra tierra y ellos no.

LM.- Cierto y, además, ayer muchos creían que la Colonia era un edificio sólido. Hoy, sólo los traidores y los pícaros niegan la evidencia de los hechos. La Revolución se impone, el interés del común exige el fin del parasitismo. En La Comuna quemamos etapas, hicimos la revolución. Nos arriesgamos o, como ustedes dicen, nombramos al bwiri.

Ata y San.- Luisa, ¿qué es eso de ‘la revolución’?

LM.- Es la victoria contra el Mal. Es llegar al socialismo que es como nosotros llamamos a la Tierra Sin Mal. Es la verdadera libertad, igualdad y fraternidad. Es la derrota de la opresión y de los abusos coloniales y es la expulsión del gobernador; es la victoria contra la Muerte.

NL.- Es la sociedad sin cárceles, sin malas autoridades, sin huérfanos. Es la anarquía.

Ata y San.- ¿Quieres decir que los huesos de muerto dejarán de oler? Vuestras palabras son rectas pero los kanakos ya somos una sociedad sin cárcel, sin asilo y sin orfanato. Ya somos eso que dice Natalia: ‘anarquistas’.

CMa.- Pero ustedes no lo son porque hay una gran diferencia: ustedes tienen jefes. ¿Acaso Ataïde no es el gran cacique de los Komalé y Guélima el de los Canalás?

Ata y San.- Los franceses me llaman ‘gran jefe’ pero en Komalé soy simplemente Los Paxani o el Orokau. Paxani significa las generaciones y Orokau, hijo y hermano. Los franceses están obsesionados con la palabra ‘jefe’ pero nosotros no la conocemos. Y no tenemos culpa de que todavía no hayan sabido traducir ni siquiera al bichlamar ni Paxani ni Orokau.

Da.- Orokau Ataïde, he intentado mil veces hacérselo comprender a los franceses pero nunca me han escuchado.

LM y NL.- Ni las traducirán nunca. Carecer de ‘jefes’ es algo que no entrará jamás en el testarudo cerebro de los europeos.

CMa.- Gracias, Orokau. Estoy un poco asombrado, confuso quizá: ¿entiendo que van a ir a la guerra sin jefes?… Hasta en La Comuna tuvimos jefes.

Ata.- Estimado joven, no insistas: sí, vamos a la guerra sin jefes a la francesa… sólo nos mandan nuestras familias y mil generaciones de ancestros. Créeme: son autoridades muy queridas pero sumamente estrictas. Tanto que obligan al sacrificio de los Orokaus –como yo.

LM y NL.- Carlitos, Ataïde es mejor profesor que nosotras. ¡Buena explicación! Nos gustan sus palabras aunque no nos guste el sacrificio, ni propio ni ajeno ni menos aún el de los indefensos kanakos. Pero, ¿qué podemos argumentar si nosotras hemos sido y somos las primeras sacrificadas?

CMa.- Ataïde, cordero de Gomawe, gracias otra vez. Por favor, permítanme ahora una pregunta tonta que les hago a todos, kanakos y deportados: ¿también son anarquistas esos kabilios que cultivan las palmeras datileras que también cultivamos nosotros y quizá desde antes? Luisa, ¿acaso ellos no son igualitarios? ¿O es que no lo son porque tienen imanes, caídes y patriarcas?

LM.- Lo son pero quizá sea mejor decir que lo eran. Están inficionados por la palabrería de la République. Y eso que su insurrección les costó muchas vidas… Pero ellos no han perdido la esperanza de regresar a su país. Son algo ingenuos, quieren creer que la hospitalidad que mostraron hacia los primeros franceses que les invadieron, les será reconocida y devuelta en igual medida. Por ello me pregunto, cuando comience la guerra, ¿qué harán los kabilios?, ¿querrán vengar el robo de sus tierras y el asesinato de sus familias?

CMa., Ata y San.- Tengo mis dudas. Aunque son blancos de piel pero no de nación, es probable que unos pocos se pasen al enemigo. En cualquier caso, en su totalidad no llegan a 400.

Da.- Según me cuentan, hay diferencias entre ellos: el viejo caíd Aheddad quiere mantenerse neutral pero El Mokrani es partidario de unirse a los soldados.

LM.- En cuanto a los europeos, ya os digo que no son de fiar. No os conocen, no quieren ni veros –salvo los misioneros, mejor sería que no se les acercaran. Y entre ellos incluyo a algunos de los deportados.

NL y MF.- ¿Tanto desconfías de ellos? ¿Tan mal nos lo pones?

LM.- Ellos querían la libertad… pero sólo en París. Ignoran al resto del planeta, no son internacionalistas. Además, muchos de ellos creían en la democracia burguesa, creían que la libertad se consigue sólo con pedirla. Ilusos… o hipócritas. No quieren saber que la libertad tiene un alto precio, como hemos podido comprobar en nuestras propias carnes. [dirigiéndose a los kanakos] ¿Estáis preparados? Nosotros, ya veis, no podremos ayudaros: estamos presos.

Da.- Lo sabemos. El caso es que ha surgido un incidente que puede ser importante: el Consejo de Ancianos ha enviado un emisario al señor Robles [Chêne], un colono que vive cerca de Komalé, para reclamarle que devuelva a su familia y a su clan a la joven Katia, a quien ha secuestrado para que le sirva de criada para todo.

CMa.- ¡Pobre Katia!, las monstruosidades que estará sufriendo… Si he entendido algo del pueblo kanako, entonces es lógico que, ahora, cumpliendo con la ley kanaka, el Consejo de Ancianos espere la respuesta de Robles. En pocas palabras: de Robles depende que haya guerra.

LM.- Se llevaron a Counié, el de la pálida correa.

Se llevaron a N’ji, cabellera de selva. Se llevaron todo.

Nunca más el hombre de las islas será feliz;

Nunca más bailará sobre la orilla el Pilou [fiesta y baile de guerra y de cosecha] del mar.

Así es como hablaba el viejo Counié, pero los jóvenes se reían.

Bailaron con las mujeres blancas y les dieron los collares de jade de sus madres; Trocaron con los hombres de las grandes canoas las hachas de piedra de sus padres a cambio de los kugas de los Blancos.

Da.- Últimas noticias: mesié Robles rehúsa devolver a Katia. El Consejo de Ancianos es unánime: según las leyes antiguas, debemos castigar a Robles, ese canalla que se empeña en tener presa a una joven kanaka.

CMa.- Catástrofe: entonces los kanakos están obligados a castigar al culpable. Y eso significa la guerra. Robles tendrá la culpa; será un protagonista de la batalla aunque su nombre nunca aparecerá en ninguna historia.

LM.- [renuente a aceptar que se acerca la hecatombe, continúa refugiándose en la poesía] Hombre blanco, ¿de dónde vienes?

¿Qué poder te ha expulsado de tu cabaña para llegar hasta tan lejos?

Hombre pálido, en tu país se debe comer todos los días ya que te incomoda un ayuno de una mañana. ¿Repartirás con nosotros algunas de tus tantas riquezas? Ya no cosechamos el ñame,

Ya no hacemos fiestas; no tenemos nada.

Y todos los Ñames formaron en la orilla el Pilou del mar [extracto de su poema Los blancos]

Ata, San y Da.- Efectivamente: si mal no hemos entendido, tenemos que expulsar a los blancos. Tenemos que reconquistar la paz y la libertad. Las fiestas, el ñame, el Pilou

 

LM.- Pero todos juntos. Los animales se unen contra el peligro común. Los toros salvajes viven en manadas no sólo cuando buscan los mejores pastos sino también para hacer frente a los lobos. ¿Y los humanos no se organizan para enfrentarse a esta época terrible?, ¿es que vamos a ser menos inteligentes que las bestias? Y, para terminar, El Capital: ¿es de una esencia superior al Trabajo y a la Ciencia?

Ata, Da y San.- Luisa, ¿qué es trabajo?, ¿qué es ciencia?

ML.- Perdón, había olvidado que ustedes no tienen esas palabras. Trabajan sin trabajar porque no tienen patrón. Y hacen ciencia porque están siempre experimentando, recordando las propiedades de las plantas y los hábitos de los animales.

Ata, Da y San.- De todo eso hemos entendido muy bien que no tenemos patrón alguno.

LM.- Vaya, vaya: entre Natalia y ustedes, me han convertido de internacionalista en anarquista. O, mejor dicho, en internacionalista anarquista.

Ata y San.- ¿O en kanaka? No, eso es imposible. Tú eres francesa, lo quieras o no.

LM.- Lo sé. Nunca lo he ocultado y nunca he pretendido cambiarlo. Sería imposible, absurdo y hasta grotesco. Además, los franceses somos muchos y, por tanto, somos de todos los pelajes –aunque ahora mandan los peores… Pero llegará nuestra hora. Y antes que después.

CMa.- Me sigue preocupando qué harán los kabilios. ¿Quién ganará el debate entre El Mokrani y el viejo Aheddad? Sin olvidar al hijo de Aheddad, siempre intentando las fugas más disparatadas. Loable empeño, ojalá que un día lo consiga [lo consiguió vía Australia]

 

LM.- En todo caso, lo primero es cortar esos alambres que cruzan la montaña por el aire amarrados de poste en poste. Son alambres peligrosos porque son los hilos del telégrafo, llevan en sus entrañas la serpentina voz de los militares. Es el tambor francés, así se comunican a distancia. Córtalos de inmediato, Ataïde.

Ata.- Ya lo hemos previsto porque ya sabemos qué es el telégrafo –lo que les sirve para cobrarnos las tasas y para llamarnos a las misas lejanas-. Sí, es como el tambor de las islas vecinas.

CMa.- No olviden que tienen muchos más medios para comunicarse. No se fíen de los mensajeros porque suelen utilizar a los kanakos más incautos, ni de las banderitas de colores ni de las señales con espejos.

LM.- No, no se fíen pero recuerden que, al final, no hay peor voz que el rugido del cañón. Y peor aún son las represalias contra el vencido. Lo conozco en el corazón porque tuve un compañero muy querido –el hermano de MF– que fue fusilado cuando ya estaba preso. Ya ven, un ateo que se llamaba Teófilo, ‘amoroso de los dioses’-. Pero, Daoumi, ¿tú sabes qué significa ‘ateo’?

Da y Ata.- Sí, conocemos eso de ‘ateo’ porque los misioneros nos lo repiten todos los días. Es como hombre con rabo del diablo, siempre chamuscado, siempre presto a fuetearnos. Si esos brujos ignorantes creen que nuestro paraíso es el infierno, nosotros creemos lo contrario: su dios es cruel; por tanto, su diablo con rabo de iguana ha de ser generoso –cuanto más largo el rabo, más generoso-. Por tanto, preferimos ser ateos.

San.- Hombres vestidos de negro con vestidos de mujer blanca… No sueñan, tienen pesadillas; van a caballo, no a pie. Poseen nuestras tierras y las mancillan esas enormes bestias raras, con cuernos que no les sirven para nada. Las cuidan pero luego las matan, comen su carne y beben su sangre, sangre de sus dioses dicen en sus ceremonias.

CMa, NL y MF.- Así es. Y no te olvides de las maldades que les hacen a los niños de los internados y de las escuelas. Son peores que los militares porque matan a largo plazo, el alma a corto plazo y el cuerpo después. Lo sabemos por propia experiencia.

San.- Y si lo saben, ¿saben también de algún remedio contra sus hechizos? Nosotros decimos que un hechizado es pei que es como decir que lo han difuntado. Pero si no está difunto del todo, entonces es , desvanecido. En realidad, nosotros sólo morimos cuando nos abandonan los bao, nuestros antepasados. En la batalla que se avecina, ellos no nos abandonarán.

CMa.- Gracias Sandja, eso esperamos estos pobrecillos deportados. Pero, volviendo a los remedios contra los hechizos de los misioneros: yo diría que los mejores son el uso de la razón y de la ayuda mutua pero seguro que Luisa tiene remedios más inmediatos.

LM.- [se desprende del foulard rojo regalo de Teo Ferré que portaba en La Comuna y se lo entrega ceremoniosamente a Ata] Tuyo es con la esperanza de que en tu pecho no corra la misma suerte que en La Comuna. Ataïde, tuyo es.

Se escucha en sordina Le temps des cerises (ver nota abajo*) cantada por un coro femenino de voces roncas; especialmente, los versos de la segunda estrofa: Cerises d’amour aux roses pareilles,/ Tombant sous la feuille en gouttes de sang… / Mais il est bien court, le temps des cerises,/ Pendants de corail qu’on cueille en rêvant!


 

* En 1882, l’auteur Jean-Baptiste Clément dédia Le Temps des cerises (1866) à une infirmière rencontrée lors de la Semaine sanglante: “À la vaillante citoyenne Louise, l’ambulancière de la rue Fontaine-au-Roi, le dimanche 28 mai 1871 […] Puisque cette chanson a couru les rues, j’ai tenu à la dédier, à titre de souvenir et de sympathie, à une vaillante fille qui, elle aussi, a couru les rues une époque où il fallait un grand dévouement et un fier courage ! Le fait suivant est de ceux qu’on n’oublie jamais : Le dimanche, 28 mai 1871 […] Entre onze heures et midi, nous vîmes venir à nous une jeune fille de vingt à vingt-deux ans qui tenait un panier à la main. […] Malgré notre refus motivé de la garder avec nous, elle insista et ne voulut pas nous quitter. Du reste, cinq minutes plus tard, elle nous était utile. Deux de nos camarades tombaient, frappés, l’un, d’une balle dans l’épaule, l’autre au milieu du front… Nous sûmes seulement qu’elle s’appelait Louise et qu’elle était ouvrière. Naturellement, elle devait être avec les révoltés et les las-de-vivre. Qu’est-elle devenue? A-t-elle été, avec tant d’autres, fusillée par les Versaillais? N’était-ce pas à cette héroïne obscure que je devais dédier la chanson la plus populaire de toutes celles que contient ce volumen?”. Dans La Commune Histoire et souvenirs (1898), Louise Michel rappelle cette dédicace en indiquant indirectement qu’elle n’est pas cette Louise.


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