LOS DÍAS RAROS Y LAS NOTAS A PIE DE PÁGINA

Los días raros y las notas a pie de página

Del misterioso tiempo que transcurre entre el madrugar y levantarse tarde o cómo la tele también es cultura

Mauricio Camporesi


Es ese impasse, momento que ni avanza ni retrocede, en el que te encuentras cuando sobre las diez y media de la mañana de un martes te estás terminando el café mientras ojeas Twitter y levantas la vista para observar por la ventana. No sé si me explico. ¿Qué haces a las diez de la mañana un martes leyendo Twitter y tomando el café? ¿Por qué esta pregunta sólo es absurda si no tuviéramos de verdad el anhelo de que el mundo de la tele con curro de ocho horas para toda la vida de lunes a viernes es algo que va a existir? Te has levantado pronto, un amigo al que parece que le van bien[i] las cosas te ha aconsejado levantarte siempre antes de las diez, si no «se te va la mañana». Es curioso, pero es exactamente esa sensación de haberla atrapado, de que la mañana no puede irse. Efectivamente, en la realidad no tienes nada que hacer, nada que estudiar, nada que trabajar. Siempre tienes cientos de cosas que hacer, cientos de pequeñísimas cosas que hacer, pero hablo de esa sensación de no TENER que hacer nada, sabiendo todo lo que, claramente, evidentemente tienes que hacer.

Es importante, porque cuando ves por la pequeñísima ventana al fondo del salón que está entrando el sol (ésta es una de las ventajas de vivir en Madrid, comparado con cualquier otra ciudad, llueve poco, muy muy poco) te preguntas que si esa imagen que se te dispara en la cabeza, estar tomando cañas por el centro con tus amigos en ese momento[ii], es realmente lo que tú quieres, o es el reflejo de cientos de anuncios de cerveza Cruzcampo que te han robado la imaginación, que se han enraizado en lo más profundo de tu ser para no dejar rastro de diferencia.

La luz te permite ver la suciedad del suelo y empiezas a pensar que lo que más te está llamando la atención no es el sol si no el ruido del tráfico. Siempre te da esa sensación de ser un sonido único pero compuesto por infinitos pequeños y molestos exabruptos de Madrid. Lo que no te deja avanzar ni retroceder esta mañana es que tienes la sensación de que ayer fue tan diferente a lo que va a ser la próxima semana que empieza a dispersarse la posibilidad de entenderlo todo como una misma historia, con un único sentido, un poco a la manera del tráfico. ¿Qué sé yo si el mes que viene voy a tener que ser más community manager, más camarero, más yo mismo o más de dar buena imagen y quitarme el pendiente? Entiendes que la proyección de ti en el fin de semana montado por Desperados y Coca-Cola, o por la maldita imagen del futuro que te propusieron tus padres con ninguna maldad pero con toda la pesadez, o el futuro que sin querer construiste con tus amigos viendo Friends y Sexo en NuevaYork, en realidad poco importa porque podría ser cualquier otra cosa[iii]. Ni siquiera es que esta sensación te haga estar triste, ni siquiera es que te haga estar mal[iv].

Aturdido, vuelves la mirada hacia el ordenador, abres Google y tecleas: «Qué pasa cuando no tienes ganas de hacer nada».

Enter.

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[i]  Hay gente de la que se dice que le van bien las cosas. Es gente a la que siempre le van bien las cosas. Muchas veces sólo quiere decir que le van bien porque hacen deporte, comen bien* y sólo beben los fines de semana, pero le van bien las cosas. Somos generaciones en las que nuestros padres eran jóvenes con el 68, estar bien es una gama complejísima de elementos psico-monetario-espirituales. En nuestro sentido común está ya la contraparte que consiguieron generar en esa época. No es importante sólo lo material sino que hay que ser felices, eso de hacer running y si puedes un poco de yoga. El valor añadido en un iPad, no sé si me explico. Esto es lo normal que pase, mayo del 68 fue hace casi cincuenta años. Es más del doble de tiempo del que había pasado entre mayo del 68 y la segunda guerra mundial. ¿No os jode que en el propio relato mainstream esté ya insertada su propia crítica? ¿El anuncio de coches que te incita a romper las reglas?

*Comer bien también puede hacer parte de nuestras obsesiones, creo que a nadie se le escapa que para nosotros decir «Monsanto» sea casi como nombrar a DarthVader** y que moverse andando por Barcelona es como pasear por un inmenso pasillo donde cuanto más avanzas más grandes se van haciendo los carteles de BIO.

**¿Cómo es posible que un personaje aparecido en 1977 siga siendo la referencia del mal absoluto, incluso personalmente, más que Sauron al que no me termino de creer? Pero si tenemos en cuenta la manera en que Tarantino ha resucitado a Hitler como mal absoluto en Malditos Bastardos la pregunta toma un cariz complicado.

[ii] Así es como te imaginas que pasan los ratos en el que tú no estás con él, el amigo que está bien.

[iii] ¿No es ésta en realidad la dura conclusión? Que eso que siempre habías considerado el confeti cultural* [que le daba colorcillo a tu vida y que hace unos años veíamos como adorno y complemento al maravilloso hombre pensante] resulta que ha dejado de ser confeti para convertirse en la raíz de las cosas.

* Sí, la tele es cultura, es tu cultura, acéptalo. El programa de la TV3 catalana, APM? [el ejemplo más extremo de metanarratividad y autoironía televisiva que yo he visto] creo que lo explicaba bien. Cuando invitaba a algún personaje de la tele a burlarse de la propia tele, funcionaba de la siguiente manera: el actor/personaje mientras observa imágenes grabadas de la tele, algunas de sí mismo, va haciendo comentarios  e imitando lo que ve mirando a la cámara, para que un espectador cómplice, que sabe que la tele es una mierda porque es un programa para gente que ve la tele y le parece un circo, se descojona imitando esos  mismos gestos con sus amigos. APM? titula esa parte del programa «La televisió és cultura». A través de la ironía** generalizada y el distanciamiento crítico se generaba un consenso: sí, efectivamente, la única manera de afrontar la tele es reírse de ella, pero por eso mismo aceptémoslo: es parte de nuestra cultura.

** Convertida en autoironía para el espectador porque es de él a fin de cuentas de quien se burlan, del televidente que dedica su tiempo a ver «el circ de la tele».

[iv] De esto hablamos menos, pero si pertenecemos a una generación para la que estar bien resulta extremadamente complejo, estar mal resulta ser aún más problemático. Por lo menos el estar bien es algo que se nos permite pensar, reflexionar, debatir en compañía, pero cuando alguien está mal se activan todos los mecanismos para erradicar el problema. Estar mal no está permitido. Ni siquiera lo está pensarlo, si estás mal es evidente que no te has enterado de nada. Hay que gozar, drogarse, salir, jugar al fútbol, follar, estudiar, hacer política, innovar, emprender. ¿Qué es estar mal? Terminas por suponer que se trata de alguna enfermedad o algo de gente poco inteligente.

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