«LLEGARÉ EMPAPADO EN GASOLINA»

«Llegaré empapado en gasolina»

Nos acercamos a un concierto de Camellos, un grupo muy jorobado de la cabeza

Miguel Monar García-Rico @miguelmonix

Fotos: Pablo Llorente


Foto: Pablo Llorente

Camellos ejecutó el pasado sábado en La Siroco su tercer concierto en Madrid en tres meses. Los anteriores fueron en la mítica Moby Dick, de la Avenida Brasil y en las fiestas de la Melonera, en Arganzuela, el barrio en el que te puedes encontrar frecuentemente a sus miembros de borrachera. Ejerció de telonero el grupo Sudor, del que sudó la mitad del auditorio que se fue a arrasar el catering gratuito que había desplegado en la parte de arriba de la sala. En total serían unos sesenta asistentes los que se encontraban bebiendo cerveza a razón de cinco lagartos cada tercio cuando empezó Becaria y se calentó el ambiente.

Los de Embajadores fueron desgranando su LP por orden de pistas en lugar de reservarse para el principio y el final las favoritas del público, como es usual. Esto provocó que en los primeros diez minutos ya se hubieran ventilado sus mejores canciones, a saber: la mencionada Becaria, Gilipollas, Ejecutivo Estresado y Siempre Saludaba. Además de su repertorio habitual, también ofrecieron un delicioso (¿qué dice?) nuevo material, que en realidad debe ser viejo pero proporciona la sensación de que, aparte de beber, trabajan algo para seguir bebiendo.

A la mitad de la actuación llegó el primer y único pogo de la noche con Très bien, y como consecuencia el guitarra solista con aspecto californiano echaría, más adelante, una pequeña reprimenda a los jovencitos confusos que le escuchaban, a los que acusó de ser unas nenas por no liarla un poco más. Algunas nenas le contestaron que no tenía nada de negativo ser unas nenas y la anécdota se resolvió sin mayor sobresalto con los temas Sorpresas e Internet, pero refleja algo sobre la identidad del público camellero. Es evidente que aunque al guitarrista le apetecía más jaleo, a los presentes parecía interesarles más la vertiente popera del grupo que la tabernaria, y el sitio no era un centro social sino la Siroco, de Malasaña. Dicho lo cual, el concierto fue un cúmulo de electrizantes pildorazos con los que la sala se las gozó. Tanto es así que al finalizar el espectáculo con Telmo y Luis los asistentes solicitaron un último subidón, y el grupo se lo concedió tocando de nuevo Gilipollas en modo karaoke.

La noche terminó en un bareto tomando copas y unos Nestea con Camellos, un grupo muy jorobado de la cabeza que bebe del post-garaje británico de principios de siglo y del rock español ―la portada del disco recuerda la estética de Leño―, al tiempo que sus letras surrealistas repletas de ironía se asemejan al estilo de Siniestro Total y elaboran un retrato generacional del Madrid actual (precariedad, hipocresía, decadencia…) a través de personajes y lugares cotidianos. Textos finos que vale la pena escuchar detenidamente, vitaminas para evitar el marichalazo que nos sobrevuela. El jueves vuelven a tocar en la fiesta de la revista He Reunido a la Banda en El Intruso. Ahí estaremos.

Foto: Pablo Llorente

 

Foto: Pablo Llorente

 

Leave a Comment