LECTURAS PARA UNA PLÁCIDA VUELTA AL TRABAJO

Lecturas para una plácida vuelta al trabajo

 Sara Sánchez-Molina


¡Llegó septiembre! Algunos aún disfrutan del verano, pero la gran mayoría hemos vuelto a la tediosa rutina. Sí, volver al trabajo cuesta, pero siempre podemos encontrar actividades que nos ayuden a evadirnos y hacer más llevadera la vuelta. Sin lugar a dudas, la lectura es para muchos un refugio que relaja la mente y nos lleva a lugares y situaciones diversas. Asimismo, la ficción a menudo nos presenta historias que hacen que nuestra vida parezca un camino de rosas. Pues bien, si la vuelta al trabajo te parece insoportable, si en tu actividad las cosas no salen siempre como quisieras, si odias a tus compañeros o a tu jefe, aquí van algunas lecturas donde el trabajo de nuestros protagonistas traerá consigo una serie de acontecimientos absurdos o desastrosos que harán que tu profesión parezca un dulce sueño a su lado. O quizás simplemente te inspiren nuevas estrategias para hacer tu trabajo más llevadero.

El primer libro va recomendado especialmente para quienes dedican su tiempo a actividades creativas: investigadoras, cocineros, periodistas, escritores, etc. Para todos ellos, recomiendo Frankenstein de Mary Shelley: la primera obra de ciencia ficción de la historia de la literatura y que narra las aventuras del doctor Frankenstein. Como es conocido, Victor Frankenstein da vida a una criatura monstruosa a la que rechaza inmediatamente. El abandono que la criatura sufre por parte de su padre, le llevará a vengarse del doctor de forma cruel. Estoy segura de que aquellos dedicados a actividades creativas sufrirán menos que nuestro Victor. Quizás a quien trabaja en el laboratorio le explote un matraz o no encuentre la solución a su problema, es posible que al que trabaja entre fogones le quede el guiso soso o se queme al sacar el asado del horno, pero no es muy probable que sus actividades traigan tantas desdichas como las del doctor Frankenstein. Así pues, a disfrutar de las desgracias que acompañan a Victor en la novela, a deleitarse con la maravillosa prosa de Mary Shelley y a sentirse orgulloso de los progresos y fracasos fruto de la creatividad, no sea que se vuelvan en tu contra (si no entiendes esta frase, te está faltando tiempo para leer Frankenstein).

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La segunda lectura está dirigida a aquellos que se dedican a la burocracia, esa actividad odiada casi a partes iguales por el profesional y el usuario, a aquellos que pasan horas en la oficina tecleando el ordenador de manera automática, a todos ellos les recomiendo leer Bartleby, el escribiente de Herman Melville. La inquietante actitud de Bartleby en el trabajo es susceptible de múltiples interpretaciones. Quizás te recuerde a ese compañero algo huraño que es eficiente pero no asume más tareas que las asignadas y que no gusta demasiado al resto de empleados. Es posible que te inspire una forma de rebelión pasiva ante la tiranía del jefe y, sin llegar al extremo de Bartleby, a partir de ahora utilices las palabras «preferiría no hacerlo» cuando tu jefe te pida encargarte de tareas para las que no fuiste contratado o te pida hacer horas extra. O si tienes un contrato de prácticas, trabajas ocho horas y te pagan menos de 600 euros al mes, no tienes ni para pagar el alquiler ni casi para el abono transporte, puede que encuentres en la forma de vida de Bartleby una solución a tus problemas habitacionales: de acuerdo, una cama es más cómoda que la silla de la oficina, pero no tienes que pagar las facturas. Independientemente de la interpretación que elijas, es probable que tu oficina sea mucho más animada que la retratada por Melville en esta historia y si no lo es, pues hazte un Bartleby y ya verás cómo darás que hablar y animarás el cotarro.

El tercer grupo de profesionales a los que recomiendo una lectura es a todos aquellos que trabajan en la fábrica: es decir, trabajadores en cadenas de producción cuya tarea se repite una y otra vez, día tras día. No esperéis que os recomiende a Dickens, no está bien regodearse en la explotación infantil para sentir que nuestro trabajo es mucho más llevadero. A ellos les aconsejo que lean un cuento corto perteneciente a las Historias de cronopios y famas de Julio Cortázar: Comercio. En él se narra la historia de unas famas que ponen una fábrica de mangueras y contratan a cronopios para trabajar allí. Cuando estén hartos de realizar una y otra vez la misma tarea, recuerden cómo los cronopios convirtieron la fabricación de mangueras en una explosión de felicidad. Como el cuentito es muy corto, sería recomendable empezar el libro por el principio y deleitarse en otras ocupaciones allí descritas, como la construcción de un patíbulo o gente dedicándose a hacer posar a unos tigres. Si de camino al trabajo o antes de irte a dormir deambulas un poco por los mundos de los cronopios y las famas, es muy posible que al rememorar estas historias ante la cadena de montaje esboces una sonrisa y el trabajo se haga más llevadero.

¡Ahí van mis tres recomendaciones para abandonar la felicidad del verano y volver a la rutina del trabajo! Seguro que hay muchas más que te ayudarán a sobrellevar el día a día: ve a la estantería, escoge lo que más te guste y lee.

 

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