LA FUSIÓN, ESE INVENTO

La fusión, ese invento

Pablo Rada


Cuando me puse a documentarme para escribir este artículo lo primero que hice (tampoco soy el summum de la originalidad) fue buscar simultáneamente, inglés y español, música fusión y fusion music.

Lo primero que me llamó la atención fue que en la versión inglesa no había una página propia donde se explicase la fusión como género en sí mismo, con características determinadas y una entidad identificada. Venía, eso sí, una lista de subgéneros que combinaban rasgos de dos géneros y en los que parecía faltar una cosa fuertemente asociada, al menos en mi cabeza, a la fusión: faltaba el elemento étnico, el elemento exótico o, al menos, la mayoría de los ejemplos no participaban de él ―algunos había, como sufí-rock o indoribbean-pop―. Una gran parte eran bastante asépticos y resultaban curiosos porque para un aficionado o aficionada español constituyen géneros propios y no tienen en absoluto el matiz de la fusión, algunos de ellos son, además, géneros consolidados y con años por detrás, otros simplemente indicaciones geográficas de la procedencia de los grupos (si un grupo serbio hace rock eso no lo convierte en balcanic-rock en el sentido de que el rock es igual al que se hace en Oklahoma o en Pontevedra). Así, por ejemplo, en la lista estaban cosas como blues-rock, country-rock, industrial-metal, pop-rock (¡anda! La música más escuchada en Europa y EEUU), etc.

14760796402_29dc73dc26_oEn la versión española, que si tiene una página propia, aparecen ocho ejemplos de los cuales tres están relacionados con el flamenco: flamenco-jazz, flamenco-fusión y flamenco-rock y una explicación sobre géneros populares de ida y vuelta entre España y Latinoamérica en los siglos XVIII y XIX que se iban enriqueciendo y cambiando mientras eran llevados por migrantes y trabajadores de uno y otro lado en combinación con las músicas que ya estaban. ¿Pero es eso fusión? Pues no, porque es un proceso natural e inevitable, una expresión espontánea de imitación y aportación que es básicamente la manera en que la música evoluciona.

Pero, si aterrizamos en el caso del flamenco, ¿qué observamos? Pues para empezar que el resultado de la fusión es un género más bien culto, de lo que se ha llamado alta cultura, y que las combinaciones en que lo encontramos comparten una misma manera de unión: un género con una gran implantación social en grupos y territorios determinados, con diferentes variedades y que con frecuencia trataba asuntos importantes para esa comunidad, asuntos sociales, y que constituía un medio de identidad autorregulado por esa comunidad en base a la tradición o al gusto cambiante. Del otro lado encontramos un género como el jazz, un género profundamente experimental, intelectual y con consideración como género culto y no popular ―al fin y al cabo no deja de ser en sus orígenes una intelectualización de la música negra y probablemente el único género de música negra no popular―. También aparece el rock, este sí popular, pero comercial, demasiado extendido como etiqueta como para significar nada y, también, sufrió un proceso de intelectualización gracias a la psicodelia o el rock-protesta mientras sus expresiones populares se banalizaban.

¿Cuál había sido la situación del flamenco en España? Pues la de una música marginal, como sus bases sociales, que servía para llenar tablaos y que gente pudiente o guiris se entretuviesen con ese medio musical tenido por folclórico y exótico, por lo demás siguió siendo una música identitaria, propia y social.

De hecho, las únicas apropiaciones habían venido hasta la fecha de personas del ámbito de la alta cultura como Falla o Lorca que con profundas dosis de idealización romántica y con poca atención a los problemas del pueblo gitano ―quizás algo más en Lorca― habían tomado sus expresiones culturales o algunas de ellas y lo habían adaptado intelectualizándolo y divulgándolo entre las minorías intelectuales, digamos que lo habían adaptado a su gusto.

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El primer disco de flamenco-fusión se publicó en España en 1974 con el nombre de flamenco-jazz producido y arreglado por Pedro Iturralde, saxofonista de jazz y catedrático (1978-1994) del Real Conservatorio de Música, con Paco de Lucia a la guitarra y con piezas ―tachán, tachán― recogidas por Lorca y dos adaptaciones de ―¡arriésgate, que es fácil!― pues sí, de Falla.

Con Franco ya muerto, en 1979, asistimos a otro de los grandes hitos en la popularización e intelectualización del flamenco (este sin fusión) hablamos, claro está, de la Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla y con cinco de diez canciones adaptadas de poemas de Lorca y producido por Ricardo Pachón, archivero de cantes antiguos y tradicionales y que trabajó para el área de cultura de la diputación de Sevilla, de la Junta de Andalucía y en RTVE. Un disco que ha conocido reediciones, documentales, aniversarios y hasta ser regalado por El País y que, todo sea dicho, es un discazo.

Durante los 80 y los 90 el flamenco y el flamenco fusión estuvieron en la primera línea de telediarios, campañas culturales y nuevos festivales mientras se alejaba de sus bases y mientras que estilos populares, estos sí cercanos a sus inventores y que también venían de la fusión, como la rumba vivían una existencia invisibilizada pero viva y vibrante en barrios, salas y casetes grabados. El flamenco y especialmente el flamenco-fusión abría noticias y los músicos de la alta cultura se dejaban ver en conciertos y festivales a la vez que se oían frases como «nuestro mejor embajador en el extranjero». Contaba también con programas en Radio 3 y Radio Clásica. El flamenco de base, por su parte, se dedicaba a la rumba o a probar otras fusiones nacidas de la convivencia con lo que había y se movía en los barrios como el metal ―Medina Azahara― o, andando el tiempo el hip hop ―La Excepción―.

En el 96 Enrique Morente junto con Lagartija Nick (grupo de rock alternativo de Granada) sacaba Omega adaptando poemas ―esta vez lo tenéis que adivinar por fuerza― sí, de Lorca y canciones del recientemente desaparecido ―siempre quise escribir eso― Leonard Cohen. ¡Ya estaba hecho! La mezcla perfecta entre los herederos de la movida en forma de rock alternativo ―seguro que todavía se escuchan los gritos en Radio 3―, flamenco en su versión culta ―Lorca again― y el dorado exterior de la intelectualidad progresista anglófila ―cantautor además―, habían inventado de nuevo la Coca-Cola.

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