¿IZQUIERDA Y DERECHA? METÁFORAS ZOMBIES

¿Izquierda y derecha? Metáforas zombies

Alberto Tena y Enrique Maestu


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Nuestras mentes políticamente esculpidas por cuarenta años del régimen del 78 colapsaron cuando Pablo Iglesias, hace un par de años, con mirada de profesor comprensivo con sus alumnos recién salidos de la adolescencia, nos explicó al medio millón de personas que veíamos La Sexta esa noche que la izquierda y la derecha eran metáforas. Y no sólo que lo eran, si no que había veces que estas metáforas no nos servían para absolutamente nada.

—¿Metaforas? Hay que ser soplagaitas —gritó mi madre al escucharlo desde la cocina junto a mi hermana mientras mi padre, mi hermano y yo permanecíamos atónitos en el sofá[i]—. La izquierda es la izquierda, y no puede ser la derecha. Lo que es de izquierdas no es de derechas. A menos que hablemos de Toni Blair, claro. No estaremos hablando de Toni Blair, ¿verdad? Se cortaron cabezas hace siglos para explicar esta diferencia. ¿Y ahora? Cuando veíamos una pared en Berlín que tenía un lado izquierdo y un lado derecho, nadie habría dicho esta tontería […] y menos en la tele, claro. Mañana toca hacer compra —concluyó mi madre mientras reubicaba el póster de Norberto Bobbio en bañador que tenemos junto al frigorífico y los demás asentíamos serios.

Probablemente mi madre tuviera razón entonces y en general es así como hemos entendido la izquierda y la derecha durante mucho tiempo, de una manera tan intuitiva que nos permitía explicarlo casi todo. ¿Pero no tenéis la impresión de que ya no sabemos bien de qué hablamos cuando hablamos de izquierda y de derecha? A principio de los años noventa un cantautor italiano llamado Giorgio Gaber cantaba sobre esta pérdida de significado de las palabras izquierda y derecha para expresar nuestros propios valores y preferencias. Ya entonces un paquete de Malboro podía parecer de derechas mientras fumar de liar un tabaco era claramente de izquierdas; de la misma manera que las películas de Batman son bastante de derechas, y si te duermes después de media hora es probable que estés viendo cine independiente de izquierdas; o si intuitivamente entendemos que un concierto de los Rolling sigue siendo algo de izquierdas aunque los precios son cada vez más de derechas. ¿De qué estamos hablando entonces?

Bueno, tiremos del hilo. Los lingüistas más distinguidos nos dirán que la palabra metáfora viene del griego metaphorá, que viene de metaphérein, formada por metá (‘hacia’, ‘al otro lado de’) y phérein (‘llevar’, de ahí palabras como teleférico y transferencia). Por tanto, la metáfora consiste básicamente en mover de un lado a otro el sentido de una palabra. Los transportes, como el autobús, en Atenas se llaman metaphorés, porque efectivamente se dedican a la misma labor que las metáforas en el lenguaje, sirven para llevarnos públicamente de estación a estación[ii].

Las metáforas en política nos sirven para trasladar las emociones que sedimentan los posicionamientos políticos de un lugar a otro. George Lakoff en su libro Metáforas de la vida cotidiana entiende, por ejemplo, que las metáforas son el proceso mismo en el que se traslada la manera de comprender la realidad, su experiencia y sus proyecciones, a nuestro propio universo de sentidos. Nuestro lenguaje está plagado de metáforas, algunas muy visibles y otras no, pero son este tipo de palabras las que nos ayudan a dar un sentido a todo lo que sucede a nuestro alrededor. En el caso de las metáforas en política, son la clave para definir cuáles son los problemas principales en una sociedad. ¿En que nos ayudan izquierda y derecha para posicionarnos con el escándalo de los Panama Papers, con las «puertas giratorias» y con la situación en Catalunya? Pues a lo mejor en poco, ya que terminan por dejar fuera de la política estas cuestiones tratándolas como problemas de ética individual, o incluso legal, no suponiendo una diferencia fundamental entre la izquierda y la derecha. Estas realidades se terminan por diluir casi como problemas antropológicos. Pero hay otras metáforas que en cambio nos trasladan a un imaginario en el que entendemos perfectamente que existe una casta poderosa y rica que nos está robando a la mayoría de las personas a las que ni se nos pasa por la cabeza tener empresas offshore en Panamá. Diferentes metáforas nos trasladan a luchas políticas distintas.

Y es que hay metáforas vivas, las que identificamos directamente en las clases de Lengua Castellana al analizar el lenguaje poético, por ejemplo; y las muertas, las que están tan sedimentadas en nuestra vida cotidiana que consideramos simplemente como palabras que describen la realidad tal cual es. Hay algunas de estas metáforas que te llevan a campos políticos que ya conoces y donde el juego está ya repartido, mientras que hay otras que te ayudan a romper la baraja a ver si podemos volver a repartir las cartas que de tan gastadas ya están marcadas. Valga la subversiva frase del feminismo «No hay nada más parecido a un machista de derechas que un machista de izquierdas» para entender por dónde se van agotando las palabras dependiendo de cuál sea el problema político que se quiera señalar.

¿Qué haríamos sin izquierda y sin derecha? ¿Sabríamos cuál es el cajón de los calcetines y cuál el de las manoplas? Si las palabras que decimos metáforas son tropos de otra cosa, entonces la metáfora es una particular conjunción de un cúmulo de elementos materiales que guardan una serie de relaciones de fuerza y valor entre sí, y que terminan por consolidarse en un statu quo interno que tiene como correlato la formación de una palabra-metáfora. Por eso no es lo mismo decir revolucionario que progresista, ya que, aunque la metáfora esté formada con los mismos materiales, la disposición de los elementos que la componen es diferente. En química sabemos que tres elementos pueden dar lugar a diferentes moléculas atendiendo al lugar en el que están colocadas. Lo mismo ocurre con esta singularidad lógica de la izquierda a la derecha que, aun siendo antinómicas por principio, también pueden llegar a ser idénticas en su composición interna.

Resucitando la izquierda y la derecha como metáforas vivas, probablemente se hayan convertido en palabras zombies que aún caminan entre nosotros. ¿Van a desaparecer la izquierda y la derecha? Pues probablemente no, igual que convivimos con el liberalismo, el conservadurismo, el progresismo o el socialismo y el comunismo. Aún queda algún carlista y mi abuela se sigue considerando «ante todo segoviana». Las identidades políticas tienen que ver con las emociones, las historias personales y las cosas por las que en cada momento somos capaces de explicarnos qué está sucediendo y posicionarnos frente a ello. La izquierda y la derecha han servido para ordenar muchas de nuestras pasiones y muchas de nuestras subjetividades pero parece claro que ya no son capaces de agotar todo el marco de sentido y que hay nuevas metáforas que están cogiendo espacio en nuestros corazones.

No se trata de que cunda el pánico si se acaba de enterar de que hay metáforas zombies sueltas en su vecindario, si se las trata con cariño no atacan. Lo que son formas de ordenar el mundo no son trozos de piedra con leyes eternas cinceladas para regular el mundo; son esas adscripciones que decidimos o que nos vienen dadas y que de la misma manera que en unas ocasiones nos sirven para valorar el orden y las normas, en otras nos empujan a saltar y darle la vuelta a las cosas, como si el no hacerlo fuera a dejar de ser nosotros.

[DISCLAIMER: Todas las referencias a la familia son inventadas y el póster de Norberto Bobbio no está en la cocina]

NORBERTO BOBBIO

 

 

[i] Efectivamente, no hay nada más parecido a un machista de izquierdas que un machista de derechas.

[ii] «Comencemos, pues, por la metáfora, esto es la traslación, que entre todos es lo más hermoso y frecuente. Es tan natural, que lo usan hasta los ignorantes sin advertirlo, y tan gustoso, que da mayor luz a la oración ya por sí clara. La metáfora no será vulgar ni baja ni dura, si se usa con juicio. Contribuye a la afluencia, ya trocando el significado, ya tomando de otra cosa la significación de lo que no tiene término propio, y hace que no falten palabras para expresar cualquier cosa, que es la mayor dificultad» (QUINTILIANO, M. F., Institutio oratoria, VIII, 6).

«¿Qué es entonces la verdad? Un tropel de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas […] las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han gastado y han quedado sin fuerza, monedas que han perdido su troquel y no se las considera ya como monedas sino simplemente como metal» (NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral).

 

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