HISTORIAS DE FANTASMAS EN MADRID

Historias de Fantasmas en Madrid

Recorrido por los rincones más tenebrosos y oscuros de la ciudad y sus historias ocultas

Pandorita


Si eres de los que no sabe que el Museo Reina Sofía es una fiesta nocturna de fantasmas derramadores de ectoplasma has visto poco Cuarto Milenio. Debes estar poco enterado de avistamientos y la luna llena no te debe generar ningún tipo de ansiedad.

Pero los que vemos las películas de miedo entre las rendijas de los dedos hechos un burruño en el sofá procuramos estar bien enterados de los lugares poblados de fantasma que pueblan nuestra ciudad.

La luz del día probablemente sea el mejor protector contra las agresiones fantasmales, pero cuando cae la noche, entre fantasmas de carne y hueso y fantasmas incorpóreos, una no puede andar tranquila de camino al búho. Los zombies mañaneros de prerresaca también generan cierta ansiedad, sobre todo si estás en el metro un sábado a las 8 de la mañana yendo a trabajar y te preguntas dónde quedó tu juventud.

Si vas por la Gran Vía y pasas cerca del edificio Telefónica ―sí, el del chino Wanda― es posible que te cruces con el pobre desgraciado Goyito, que en realidad es un gran troll que se pasa las tediosas horas de su post vida aterrorizando a los trabajadores de las plantas octava y decimotercera de dicho edificio. Como ahora esta vacío, suponemos que se habrá salido a la calle en busca de compañía y que seguramente habrá sido bien recibido entre los grupos de góticos/siniestros de la plaza de España.

Al parecer en la calle Segovia vivía Catalina, mujer de singular belleza que se asomaba a la ventana tocando la pandereta día sí y día también. Probablemente por ello apareció muerta. Pero pobre para aquél que quiso librarse de tremendo despertador, porque la bella Catalina volvió de la ultratumba a seguir tocando a ritmo de rumba. Desde que pusieron los paneles en el puente de Segovia debe sentirse algo sola.

Por la ribera de Curtidores pasea un fantasma que se dedica a atormentar a los vecinos de la zona. La leyenda cuenta que se trata de un curtidor que murió en circunstancias extrañas y cuya identidad nunca se llegó a aclarar, pero nosotros creemos más que es un guiri que murió un día de rastro entre la muchedumbre y que nadie se dio cuenta, y ahora va de casa en casa preguntando por la dirección de su hostel, pero nadie es capaz de indicarle.

Un patriótico fantasma ocupa la casa de correos en la Puerta del Sol ―ahora la casa del gobierno de la Comunidad de Madrid― que estaba muy enfadado por que la remodelación del edificio la llevase a cabo un francés en vez de Ventura Rodríguez. Dicen que era coleguita de Esperanza Aguirre cuando ésta descubrió la trama Gürtel y que ahora va a hacer campaña contra la peatonalización de la Gran  Vía o para que por al menos la peatonalice Calatrava.

Al parecer en el Parque del Buen Retiro hay un duende que lejos de estar retirado se dedica a arreglar las plantas y cambiar el color de las flores, todo esto cobrando en negro y menos del salario mínimo. Es coleguita de los swingers que van al Retiro en busca de un buen rato.

El sexo extramatrimonial y sin profiláctico trajo al mundo a una pequeña niña que tal como vino se fue. Aunque hay varias versiones ―entre las que se encuentran versiones incestuosas más propias de Juego de Tronos entre la alta nobleza―, parece que no quiso salir de la que ahora es la Casa de América. Hace unos años tuvo su momento de éxito con unas psicofonías ―o como a mí me gusta llamarlas, cacafonías― que dieron la vuelta al mundo ―o por lo menos al palacio―, que se demostraron más falsas que el flequillo de Bono.

Y regresando un poco de nuevo al centro, en concreto a la calle Cabeza, hay una historia que cuenta como a un sirviente se le fue la mano haciéndole la tonsura a su señor ―que era cura― y se lo llevó por delante. Cuando vio que la había liado parda, se fue a hacer las Américas, y volvió convertido en un nuevo burgués. Un día iba con una cabeza de cordero bajo el brazo por la calle del corte de pelo apurado, y la cabeza del cordero se convirtió en la del cura, que chorreó sangre hasta delatarle. Pero bueno, ¿a quién le sorprende?, el clero nunca olvida.

Espero que sigáis viendo las calles de la misma manera y que no discriminéis a vuestros fantasmas caseros por ser poco famosos. Y si no creéis en los fantasmas y queréis ver alguno, haceros Tinder.

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