HÉROES SIN MEDALLA (V/V): LOS FREELANCE

Héroes sin medalla (V/V): Los freelance

Disponibles las partes I, II, III y IV de «Héroes sin medalla»

Diego Rodríguez Veiga


El periodismo de guerra ha sido tema de películas, libros, documentales, premios, exposiciones de fotografía y vocaciones en las aulas de las facultades de periodismo. Pero lejos de esa idea romántica del que empuña una cámara o un bolígrafo en busca de la verdad, las muertes son reales, los secuestros son reales, la escasez de medios, la precariedad; todo ello es real. Kapuscinski definió la profesión como «dura, peligrosa y a veces trágica».


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LOS FREELANCE
Si esta situación ha perjudicado a todo el periodismo en general, un sector al que ha afectado especialmente en España es el de los freelance. Un freelance es un autónomo que costea sus propios gastos y luego vende su trabajo a los medios. Las ventajas, que puede trabajar con varios medios a la vez y tiene cierto poder de elección sobre qué temas tratar. Las desventajas, el resto. «Agencias como AP o Reuters pueden estar pagando a un freelance entre mil o mil quinientos euros por un minuto de vídeo en zona de conflicto. Y en Estados Unidos te pueden pagar mil euros por un artículo. Pero en España están pagando entre doscientos y trescientos», dice con cierta decepción el responsable de EFE en el Magreb, Javier Martín. «En Estados Unidos pagan al que lo hace bien, en España el freelance es el que lo hace más barato. Conozco el caso de un medio español que pagaba doscientos cincuenta euros por un artículo dentro de Siria… y si protestas, tienen a otros que lo hacen por ese precio y a ti no te vuelven a llamar».
El freelance y ganador de un premio Pulitzer, Manu Brabo, describe en un artículo para El Español los gastos a los que tiene que enfrentarse un freelance. Relata que un conductor fiable puede costar entre cien y doscientos dólares al día. Un fixer, una persona local que te ayuda a obtener información y a desenvolverte en ese entorno, puede costar de doscientos a cuatrocientos dólares. Por otro lado, el seguro cuesta alrededor de doscientos cincuenta dólares a la semana y el alojamiento, sin ningún tipo de lujos, en torno a veinticinco dólares al día.
También hay que asumir ciertos gastos de protección, por ejemplo en los chalecos antibalas. Aunque estos chalecos son como los coches, los hay de todos los tipos y precios, algunas organizaciones como Reporteros Sin Fronteras a veces prestan chalecos de manera gratuita. Para usar el chaleco de Reporteros Sin Fronteras tienes que dejar una fianza de trescientos euros, lo cual deja una idea estimada del precio al que tienen que hacer frente los que van por su cuenta.
Resumiendo, un reportaje en Irak que un freelance puede tardar una semana en hacer, puede costar entre seiscientos y mil dólares. Si comparamos ese coste con lo que asegura Javier Martín, que había un medio que pagaba doscientos cincuenta euros por un artículo dentro de Siria, las matemáticas aplastan. Es por eso por lo que Brabo dice que: «Ir de tirao, que se dice, es la única manera de hacer este trabajo rentable», es decir, bajando costes en comida, protección y un poco a la aventura.
Elena González trabajaba para Onda Cero, pero en cuanto se recortaron los viajes se hizo freelance porque no quería contar la actualidad del mundo desde una redacción en Madrid. Ha informao desde Irak, Afganistán, Gaza, Israel, Haití, Líbano, Argelia, Túnez, Libia, y Egipto entre otros, y ahora vive en Marruecos cubriendo el Magreb.
«En algunas ocasiones mi medio cubrió el seguro y otras veces he ido sin él. Los seguros privados son carísimos. La seguridad se ve comprometida por los gastos, por supuesto», dice González a través de una conversación por correo electrónico debido a que las compañías Maroc Telecom, Inwi y Meditel se han puesto de acuerdo para restringir las llamadas VoIP y la opción de Skype resulta imposible.
«Los precios son indignantemente irrisorios. Las crónicas se pagan, en un medio digital escrito, desde los veintisiete euros hasta los ciento cincuenta más o menos. En televisión también se han rebajado los precios. Antes un directo solía pagarse a cuatrocientos euros y ahora hay gente que los hace por cien o ciento cincuenta euros. Sería muy deseable y necesaria una regulación en este sentido y establecer unos mínimos al menos», comenta con cierta esperanza, aunque en este país se ha demostrado que una regulación no tiene necesariamente que significar algo mejor. «Te diría que también es discutible la crisis en los medios de comunicación. Algunos pagan escandalosamente bien a sus directivos y gestores y escandalosamente mal a los trabajadores», añade González.
THE BRIGHT SIDE OF LIFE

 
En el mítico final de la película La vida de Bryan de los Monty Python, los dos personajes que están crucificados junto a Bryan, al que los romanos confundieron con un mesías, instan al protagonista a ver siempre el lado positivo de la vida. Están cerca de la muerte, pero aún quedan ápices de esperanza, pequeños rayos de luz que, aunque no disuaden al futuro de su característica de incierto, sí hacen el camino hacia él más llevadero.

 
Algo parecido pasa en el periodismo. Aunque los hay que lo ven todo muy negro, hay algunos que piensan que las cosas avanzan. «Yo creo que la sociedad española cada vez lee más, cada vez está más informada, es más culta», dice Alberto Rojas. «Esto no lo digo yo, lo dicen las estadísticas. Tomar a la gente por tonta es una cosa de determinados jefes de determinados medios, que intentan llenar las páginas web de —esto no lo debería decir— gatitos y de tonterías. El lector es cada vez más listo, busca mejor información y yo creo que es más exigente», añade.

 
Lo que es indudable es que la información va a transmitirse principalmente a través de internet y que el papel impreso va a ser algo más ocasional, supeditado a publicaciones mensuales o trimestrales. Pero el informe anual de la Asociación de Prensa de Madrid muestra que el número de periodistas que creen que internet es bueno crece cada año, especialmente entre los jóvenes. También crece el número de internautas habituales. Esto es claro; aunque no hay un negocio definido, seguramente se pueda encontrar un modelo que sea rentable. La gente paga por calidad, y es por eso por lo que, aun con toda esta crisis, siguen saliendo medios nuevos, digitales, y como muestran publicaciones como Jot Down y Revista 5W, parece que no les va nada mal.

 
La imagen del reportero de guerra está instalada en el imaginario colectivo como alguien intrépido que se juega la vida por una causa mayor y lo que cree de ella. Pero lejos de lo que fueron Capa o Kapuscinski, por poner un ejemplo, la imagen del periodista de guerra se ve amenazada tanto en el frente, con el periodista como objetivo de guerra o las presiones de los propios gobiernos, como en la retaguardia, con un modelo informativo sujeto a una crisis.
Pero no cabe duda: mientras haya guerras, habrá periodistas que las cubran y que se jueguen la vida por aquello que hay que contar. Así se recupera de nuevo la imagen romántica de la profesión. Tal y como dijo Robert Capa: «El corresponsal de guerra tiene en sus manos su mayor apuesta, su vida, y puede elegir el caballo al que apostarla, o puede guardársela en el bolsillo en el último segundo. Yo soy un jugador». A primera vista puede no resultar obvio, pero las redacciones de todo el mundo están llenas de jugadores, de héroes sin medalla.

 

Este texto es parte del reportaje «Héroes sin Medalla» de Diego Rodríguez Veiga, que publicaremos por entregas semanales. Se puede consultar completo aquí

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