HÉROES SIN MEDALLA II: DEMOCRACIA, GUERRAS, LÍMITES A LA PRENSA

Héroes sin medalla (II/V): Democracia, guerras, límites a la prensa

La primera parte de «Héroes sin medalla» se puede consultar aquí

Diego Rodríguez Veiga


El periodismo de guerra ha sido tema de películas, libros, documentales, premios, exposiciones de fotografía y vocaciones en las aulas de las facultades de periodismo. Pero lejos de esa idea romántica del que empuña una cámara o un bolígrafo en busca de la verdad, las muertes son reales, los secuestros son reales, la escasez de medios, la precariedad; todo ello es real. Kapuscinski definió la profesión como «dura, peligrosa y a veces trágica».


Irak pasó a la historia como la guerra mejor contada. Vietnam pasó a la historia como la guerra en la que la prensa disfrutó de la mayor libertad. ¿Por qué no se corresponden y estas menciones se hacen por separado? Porque en democracia toda guerra tiene dos frentes, el de los disparos y el de la opinión pública. Estados Unidos perdió la guerra de Vietnam porque los telediarios y los periódicos mostraban lo que le pasaba a sus jóvenes en el frente, y la administración Bush no iba a permitir que parte de su lucha del «bien contra el mal» en Irak se convirtiera en su propio Vietnam. Así, los ataques a la prensa no sólo vienen del considerado «enemigo», sino que a veces son los propios gobiernos los que ponen la zancadilla en ese combate por la opinión pública.

En un artículo titulado «La guerra en el cuarto de estar», el periodista Shiraz Sidhva expresa que tanto los regímenes autoritarios como las democracias hacen esfuerzos sin precedentes por ocultar la verdad y que los periodistas mediaticen la opinión pública. Por otro lado también recuerda a un periodista norteamericano que decía que la primera víctima de un conflicto era la verdad. Kapuscinski por su parte, en otra frase lapidaria, recordaba que en la dictadura funciona la censura y en la democracia la manipulación.

En Irak, Estados Unidos potenció la figura del periodista «empotrado», que consiste en que el periodista va en todo momento junto a las tropas. Por un lado permite al periodista tener un trato cercano con los militares, informar sobre sus movimientos y cómo avanza la operación militar y, en algunos casos, puede ser más seguro, sobre todo ahora si la prensa se considera parcial y un enemigo a batir. La parte negativa es que el periodista sólo recibe la información que el militar le quiere dar, no tiene libertad de movimiento, y sólo ve lo que el militar quiere que vea. Es por eso por lo que muchos periodistas denuncian un control excesivo.

Pistola-Fran Antón-Web
Foto: Fran Antón

En su artículo «Normas para una boda (bélica)», Julio Anguita Parrado, que fue «empotrado» con las tropas estadounidenses en Irak, comenta cómo para insertarse con las tropas están sujetos a una serie de normas rígidas y que al mínimo incumplimiento quedaría «expulsado del catre y se acabó la luna de miel entre el periodista y el militar». En algunas de esas normas Parrado explicaba cómo el ejército les había pedido el número de identificación de los teléfonos por satélite, les había prohibido tomar fotos de soldados estadounidenses «identificables» y que todo dato debía ser contrastado con el superior inmediato.

La relación entre militares y periodistas no tiene por qué ser mala, pero los trabajos son muy diferentes y en algunos casos los periodistas ven en los militares a unos profesionales que intentan escapar de la opinión pública, mientras que en otros, los militares ven que los periodistas a veces informan sin el conocimiento necesario y a veces juzgando erróneamente.

Alejandro Carra trabaja en el ABC, periódico que probablemente tiene una de las redacciones más impolutas y bien organizadas, con las secciones bien delimitadas y las mesas colocadas en una especie de modelo panóptico.

Carra cubrió la caída del régimen de Sali Berisha en Albania, trabajó también en el Sáhara Occidental, Kosovo, Colombia, Afganistán, Irán y, por último, en la guerra de Irak. Cuando se le pregunta sobre su trabajo con los militares, critica al Ejército español. «En el Ejército norteamericano no hay ninguna censura. En el español, cuanto más lejos el periodista, mejor. Al menos era así cuando yo estaba, pero ahora seguimos a años luz de los americanos, cuando seamos como ellos España será Alemania», comenta. Aunque sí recuerda que el trato personal era muy bueno, ahí no hay queja, arremete contra el tipo de información que proporcionaban a los periodistas. «En Kosovo no hablábamos con el oficial de prensa español, no te contaba nada y si te lo contaba era mentira; así que íbamos con el italiano que te lo contaba todo. A ese le daba igual».

«Pero yo les entiendo», dice. «Mira la que se monta en la sociedad por ir a ayudar a tus aliados… Si un soldado comete un error, no se va a entender. Por eso la mayoría de reportajes con los soldados son de repartir juguetes, caramelos y pizarras en las escuelas. No ves imágenes de los combates», añade.

El capitán del departamento de comunicación del gabinete del general de Ejército y jefe de Estado Mayor, Miguel Ángel Rodríguez, es alguien a quien los que han trabajado con él recuerdan como una persona muy amable. «Las opiniones que te vas a encontrar son de todo tipo, es muy difícil actuar a gusto de todos, pero lo que sí es cierto es que la prensa española no tiene el mismo carácter que la estadounidense, y, por supuesto que el apoyo civil a la actuación de las fuerzas armadas propias tampoco es similar. El pueblo americano entiende y asimila las bajas de sus tropas en cualquier conflicto bélico en el que se vean inmersas. Del mismo modo, el sentimiento a los símbolos es totalmente distinto, por ejemplo el despliegue de banderas a todo nivel: local, regional, nacional e incluso doméstico», dice Miguel Ángel Rodríguez.

«Realmente la palabra y el significado concienciada no es el que más se asemeja a la población española, aunque es verdad que cada vez se valora más el trabajo de las Fuerzas Armadas. La prensa tiene una misión fundamental dentro de la sociedad, que es informar, en tiempo, lugar y con veracidad. Es imposible que los ciudadanos entiendan nuestro trabajo si no hay nadie que lo cuente. En cuanto a la cobertura, está en función de la actualidad. Aunque es cierto que el público en general ya se ha acostumbrado a que una unidad militar esté desplegada en el exterior, por desgracia somos más noticia cuando somos víctimas de algún accidente o atentado», añade Rodríguez, mostrándose más tarde dispuesto a ayudar y a hablar de lo que sea.


Este texto es parte del reportaje «Héroes sin Medalla» de Diego Rodríguez Veiga, que publicaremos por entregas semanales. Se puede consultar completo aquí Héroes Sin Medalla – Diego Rodríguez

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