GENERACIÓN «APM?»

Generación APM?

Arturo Tena y Alberto Tena


Alguna Pregunta Més? es un programa de la televisión pública catalana TV3, popularizado en todo el Estado a través de YouTube. En el caso de que no lo conocierais, la manera más fácil de entender e imaginarse su dinámica es pensar en un programa de zapping televisivo: «El zapeo o zapping es el acto de saltar programación o canales en la televisión. Es decir, ir cambiando de canales. En inglés, se llama flip channels, channel-hopping, channel-surfing o zapping» dice la siempre controvertida Wikipedia, que añade una frase al final de la descripción: «con la aparición del mando a distancia, en el año 1956, se produce un cambio en el papel del espectador y su relación con la televisión». Y es justamente de nuestra relación con la televisión como espacio de producción y reproducción cultural de lo que queremos contaros algo.


 

PROPORCION 6TV De-collage - Wolf Vostell
6 TV Dé Coll/age, de Wolf Vostell

 

APM? experimentó el éxito durante nuestros primeros años de universidad entre un grandísimo colectivo de estudiantes que, en sus ratos libres, probablemente amenizados con algo de marihuana, lo habían convertido en un fetiche casi con el grado de carné de pertenencia a la comunidad que generaba el compartir sus chistes y sus códigos humorísticos. Era curioso, pero entre nuestros compañeros la consonancia entre disfrutar de un poco de marihuana al día y la simpatía por el programa parecía clara. Un complemento perfecto a una tarde-noche en una casa de estudiantes que terminan su jornada compartiendo los últimos vídeos de YouTube.

Quizás el único producto cultural que ha sabido captar ese lugar común generacional en España ha sido la serie Malviviendo, que comparte con APM? la capacidad de ser un producto postmoderno (sí, lo hemos dicho, pero esperamos ser bastante claros en lo que queremos decir) en cuanto a su capacidad de construir un relato a partir de las referencias culturales y cinematográficas de las que el espectador ya dispone, y jugar con ellas. Pero APM? va un pasito más allá, o varios.

La principal característica que diferencia APM? de otros programas de zapping, de esa recopilación de imágenes que invadió la televisión a modo de «mejores momentos», también para facilitar la sociabilidad de quien no tenía suficiente tiempo para ver todo lo que había sucedido ese día en la pantalla del salón, es que son capaces de reconstruir un relato televisivo totalmente distinto al original. ¿Cómo lo hacen? Simplemente insertando cortes de imágenes muy muy breves de otros momentos televisivos distintos en el vídeo «zapeado». Así, estos momentos adquieren un significado agregado porque acaban comentando lo que vemos en las imágenes originales. Una forma de hacer humor y televisión que, posteriormente y gracias a APM?, también se convirtió en tendencia en televisión.

Lo explicamos mejor con un ejemplo concreto y paradigmático: un vídeo del que fue el rey de los programas de zapping y luego de YouTube —tanto como para generar serias sospechas de que no estuviera preparado el programa con esa misma finalidad—: El Diario de Patricia. Más o menos casi todos los cortes que había de este programa consistían en presentar a una persona que daba muestras de su preparada extravagancia mostrando públicamente su intención de mejorar/cambiar algún tipo de relación personal pasada o futura. Mientras se reproducía el corte original, APM? iba introduciendo a lo largo de toda la escena vídeos más cortos, de menos de cinco segundos. Estos clips externos añadidos rompían el normal desarrollo del testimonio de turno, reinterpretando y reconstruyendo el significado total del vídeo para ridiculizarlo de la mejor manera posible. Una auténtica joyita para el tipo de público que comentábamos.

Esos montajes jugaban esencialmente con la relación del espectador (nosotros) con la televisión; el medio le parece más bien un circo (por no decir una basura), pero sigue haciéndolo parte de su vida. El propio programa catalán parecía ser consciente de este juego cuando usaba en su cabecera el subtítulo «El Circ de la Tele», como bien apunta Esther Rayuela en su completo trabajo sobre el tema. Es decir, APM? era capaz de generar un vínculo con el espectador a partir de su relación cínica con su propia cultura audiovisual. Este programa consiguió conectar con una generación de estudiantes y televidentes culturales que, sí, sigue viendo la televisión, pero que entra continuamente en una relación conflictual con ella: somos probablemente una de las generaciones que más productos audiovisuales ha consumido durante toda su vida, y justamente por esta razón, básicamente para no volvernos locos, necesitamos mantener esa distancia irónica con nosotros mismos y nuestras influencias.

Para intentar ahondar un poco más en esto, vamos a poner otro ejemplo más de lo que se puede entender como relato postmoderno en el formato audiovisual televisivo: el famoso monólogo de Los americanos, de Goyo Jiménez. Veinticinco minutos que cualquier buen aficionado a los monólogos considera un hito pop; un filón, por cierto, del que el cómico ha seguido —y sigue— bebiendo a la hora de plantear sus espectáculos en directo. Toda la gracia del monólogo está basada en que el espectador lleva toda su vida imbuido en una cultura audiovisual producida desde Hollywood de la que ya reconoce de manera instantánea los códigos, tan repetidos y a la vez tan alejados de su realidad (a la que Goyo Jiménez apela a partir de «lo español» como elemento subversivo contra el imperio cultural norteamericano) que simplemente ponerlos de manifiesto se vuelve extremadamente hilarante. La única manera de afrontar seriamente nuestra propia cultura audiovisual es riéndonos de ella. Un sutil distanciamiento cínico que nos ayuda a protegernos de semejante embestida a nuestros cerebros.

¿Por qué nos gusta tanto Tarantino a todos? Una parte de su gran aceptación se puede explicar bajo los mismos términos. Su cine se sirve constantemente del filtro irónico de la sobreexposición audiovisual de los códigos y estilos que provienen de la cultura popular. Es su sello desde el primer segundo de su primera película. El director incluso se ríe del continuo estímulo que vive el espectador contemporáneo recurriendo de forma desmesurada a la violencia; sabe qué uso nos resulta incluso más gracioso —y placentero— que desagradable por el proceso de normalización de la misma que han vivido nuestras retinas durante años.

APM? lleva todo esto al extremo cuando sienta delante de sus propios vídeos, reescritos por los editores y guionistas del programa, a los protagonistas de los mismos. Ese momento en el que sientan a Patricia delante de una televisión mientras la graban. Nosotros vemos en nuestras pantallas de ordenador cómo ella se ve a sí misma, y cómo la obligan a imitar sus propios gestos, pero bajo la nueva interpretación que el programa le ha dado, sacando de contexto alguna frase de pocos segundos de la presentadora para que sirva de comentario para el siguiente vídeo. Y es aquí donde ocurre el momento mágico en el que el espectador se reconcilia con su propia cultura. Patricia se está riendo de sí misma; ella sabe que la televisión es un circo, y se hace instantáneamente cómplice de la mirada cínica del espectador.

Sí, chicas y chicos, aceptémoslo, la televisión es parte de nuestra cultura. A pesar de ser una mierda, seguimos vinculados a ella en la necesidad de distanciarnos de ésta y, al final, de nosotros mismos.

giphy tv

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