ESPAÑA ENAMORADA LOCA(L)MENTE DE EUROPA

España enamorada loca(l)mente de Europa

Miguel Bravo


El verano, ¡ah, dichosa estación que emana recuerdos de la juventud entre los que ya la pasaron!, pero que poco a poco se va transformando en una pesadilla entre los que ahora son jóvenes en España. Es la estación por excelencia del trabajo precario, en la que por cuatro duros hay una camarera que tiene que poner cañas, practicando su inglés oxidado, para que los turistas dejen cinco estrellas en TripAdvisor. La ciudad española actual proviene de un modelo de ciudad vicioso y viciado, lleno de cadáveres inmobiliarios, nichos laborales pútridos, centros gentrificados y eslóganes cutres. Entre heladerías, sombrillas y postales, podemos vislumbrar trazos de lo que en un pasado era un barrio pescador, con sus sillas al fresquito y el Bar Manolo sin una pizarra que rezara Typical Spanish.

¿Y a qué se debe todo esto? Desde la humildad me gustaría atreverme a señalar a la adhesión de España a la Unión Europea como principal causa de esta degradación urbana. Esto se debe a que en mi cabeza resuena el concepto de urbanización dependiente cada vez que alguien menciona Magaluf, Benidorm o el centro de Barcelona. Nuestra relación con Europa es una historia romántica, una historia de un amor destructivo en la que aceptamos lo poco que se nos ofrece porque creemos en las bonitas palabras y en los buenos gestos de la Comisión Europea, que, por otro lado, no puede controlar los efectos de sus acciones.

Esto de la urbanización dependiente se desarrolla tras observar que las ciudades más pobladas del mundo no están en los países más ricos y con mejor calidad de vida, sino en otros que tienen problemas a la hora de afrontar las problemáticas derivadas de urbes tan grandes. Esta extraña paradoja se explicó estudiando la economía de dichos países, y encontrando que la agricultura nativa se había desestructurado (maquinización, producción intensiva, monocultivo…) y que en cambio se producía mirando a las necesidades de los países centrales. Esto provocó la huida en masa a la ciudad, donde se esperaba tener trabajo. Los municipios centrales de estos países no pueden asumir la masa rural y empiezan a darse problemas de chabolismo, insalubridad, delincuencia… ¿Cómo se explica que no se pueda ingerir por parte de las ciudades a las personas que acuden? Por la división de trabajo internacional: los países centrales desarrollan tecnología y productos manufacturados que luego venden a los países periféricos, mientras estos venden materias primas y alimentos a los primeros. Así pues, no hay red económica decente en la que los refugiados económicos puedan integrarse.

Tenemos entonces ciudades que, por mucho que quieran, no pueden desarrollarse de otra manera, no pueden competir con Ginebra o Hamburgo, y, debido a la globalización, no pueden no competir en el mercado con estas ciudades. Son muchos ejemplos en los que la relación ha acabado con la vida de la persona dependiente, quemada en el fuego de los actos involuntarios, siendo una baja colateral de efectos secundarios de la dependencia. Pero claro, lo nuestro es distinto, nuestro amor por Europa no es lo mismo, sólo hay que creer un poco más, intentarlo más fuerte ―olé por el voluntarismo europeísta­—. Pues bien, hagamos zoom y miremos a nuestro precioso continente. España está dentro de la Unión Europea, la cual tiene un mercado interior sin barreras al intercambio de mercancías, y los mercados laborales se adaptan a las circunstancias que sean con tal de favorecer la inversión. ¿Qué lugar tiene España aquí? Somos un país que no destaca por sus ordenadores, sus universidades o sus coches, sino por la industria del turismo.

Los altos mandatarios hinchan el pecho cada vez que leen que España sigue siendo la segunda o tercera potencia turística del mundo, que ya no son sesenta millones de turistas, sino setenta los que este año han venido a nuestro país. Esto al parecer engrandece su legislatura. Debemos saber reconocer que el turismo español está muy bien, y mola eso de que venga gente de fuera y aprecie tu ciudad, pero es horrible pensar que es en lo que se fundamenta una gran parte de tu economía. Y es que podemos estar sufriendo el mismo efecto que en los países periféricos al mundo occidental. Puede ser que la Europa del Mediterráneo, que la periferia del Sur, sea realmente una periferia, esto es, países de tercera, unos machacas.

Y es que desde la fundación de esta gran nación (zombi) de naciones (beligerantes), que es la Unión Europea, se propuso la construcción de un mercado común que asentara las bases de un espacio donde las lógicas del libre cambio llevaran a las naciones a la convergencia económica regional y la prosperidad de todas ellas en igualdad y armonía. Ya echado a andar, el mercado interior europeo no mostraba señales de una gran convergencia entre las regiones. Comenzaba a hablarse de un apuntalamiento de las desigualdades regionales. Pero, ¿cómo es esto? Si se inyecta el dinero en las economías y existen miles de facilidades para el comercio y la inversión ¿cómo es que no se avanza hacia la eliminación de la desigualdad entre regiones? Básicamente porque se están dando ventajas competitivas, como son las economías de aglomeración, mejoras de capital humano, industrias de mayor valor añadido, que frenan la posibilidad de crecimiento de las periferias.

Con economía de aglomeración expresamos, grosso modo, una zona geográfica en la que hay industrias con tecnología puntera, financiadas por unos agentes que llevan años invirtiendo en el proyecto, y manejadas por unos estudiantes cuya su formación va dirigida a aprovechar los factores ya existentes. Esto hace que producir sea mucho más fácil en ese espacio que en otro que no cuenta con esa tradición y coordinación. Esto podría pasar con cualquier sector económico, pero claro, la industrialización en España se dio en los sesenta, cuando en Centroeuropa llevaban ya un tiempo los motores de la civilización burguesa. Por ello nos llevamos la china al entrar en Europa, y nos dedicamos a construir casas y oficinas de turismo. Y esto no atrae las mismas inversiones, ya que estas buscan el rédito y el turismo no es un producto con mucho valor añadido. Para un verdadero entrepreneur, un guía turístico es menos atractivo que un motor de coche. Y ya como colofón tenemos que la mayoría de interacciones económicas son con países de la UE dejando a merced de ésta nuestro futuro. Básicamente le estamos pidiendo permiso a nuestro marido para sacar dinero de nuestra cuenta bancaria. Efectivamente, España depende de la UE para vivir, y esto se torna un mal mayor cuando se empieza a desoír la soberanía popular y continuar con modelos de desarrollos caducos.

Y claro, todo esto inevitablemente afecta a nuestras ciudades y a nuestro modelo territorial. Es algo notorio decir que la historia de las ciudades es algo así como la historia de la humanidad. Por ello cuando vemos que los centros de las ciudades se llenan de bares de noche, espectáculos rancios de flamenco, bares de tapas precocinadas y segways, debemos empezar a pensar en la fractura norte-sur de nuestro continente. La ciudad turística es vivida por los turistas y sobrevivida por los habitantes. La urbe española se caracteriza cada vez más por trabajos intensivos, temporales y precarios, por los precios altos de los alquileres y la escasa disponibilidad de alquiler en el parque de viviendas. Se caracteriza además por la destrucción de los lazos sociales de los barrios principalmente afectados por la invasión guiri. Los ayuntamientos planean, además, planes de rehabilitación (apañar las fachadas de los edificios y las aceras) más que revitalización (regeneración de lazos sociales, mejor de la habitabilidad de viviendas, promoción de la economía local…) por lo que se profundiza la herida.

Como conclusión, España está pasando por una relación romántica tóxica. Ya no queremos a Europa tanto como antes, pero sus promesas de cómo iba a vestir nuestras calles y plazas todavía resuenan en el aire. Además es todo lo que tenemos, no somos nada sin sus fondos estructurales, y tenemos que pensar en los niños, quizás lo mejor es que arreglemos nuestros problemas, que lo intentemos otra vez… Pero, ¡pst!, es un secreto a voces que la mujer acaba muerta, y en el Sur deberíamos empezar a entender que «ante la duda, tú la viuda», que ante la duda, que sea Alemania la que asuma las deudas, que ante la duda, el guiri tendrá que tomarse las tapas precocinadas en su casa, y no en la costa mediterránea.

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