¿EN TU CALLE O EN LA MÍA?

¿En tu calle o en la mía?


«Hay que volver a las calles», dijo el militante de izquierdas, y al camarero le dolían los pies de una jornada de más de diez horas sirviendo mesas de terraza. En una de estas mesas un grupo de treintañeros, antaño luchadores y ahora gintoniqueros alocados (¡Eh! ¡Pero si una cosa no quita la otra!), han escuchado la frase del acelerado y piensan en los últimos seis años y en cómo ha cambiado la cosa. Pero claro, la cosa está que arde. Calentito, calentito lo trae el camarero del bar de al lado: un plato de bacalao para los señores que se están dando un homenaje, todavía ataviados con sus trajes de ladrones ejecutivos (pero se han quitado las corbatas por respeto a los lamparones). A tres metros un semáforo en rojo, peatones, coches, un autobús y una ciclista que no sabe si comenzar su Humor amarillo entre baches y bocinas o por la acera, sorteando a la gente que la observa con el ceño fruncido y refunfuñando entre dientes. En un banco cercano, un par de amigas pelan pipas y se cuentan la vida con una cerveza de lata y a veces cigarros. Después de los exámenes, que cada vez les joden más la vida, se intercambian penas, ligues, tristezas y proyectos de futuro. En el número 25 de esa misma calle, un ya no tan joven repartidor de propaganda vuelve a probar suerte timbrando por segunda vez a todos los pisos, a ver si al grito de «cartero» a secas consigue dignificar su empleo y que se abran las puertas de Sésamo. Aprovechando que sopla un poco de viento, la señora del tercero sale al balconcito con su camisón de faena para ver a las palomas, y piensa en lo bonito que sería que en Madrid hubiera estorninos. Y también en ver más a sus hijos, que ahora que viene el verano seguro que se animan a venir más a verla; y es que se siente tan sola que teme que no llegue a morirse y ya la hayan olvidado. Piensa que el Alzheimer no es suyo sino de los demás. Pero las palomas muy bonitas, y les tira desde el tercero un puñadito de arroz. A la chavala que le caen los granos de arroz en la cabeza le viene a la mente el día en que decidió casarse por la Iglesia, y se da cuenta de que eso de los proyectos de familia le ha durado lo que una canción de Maná, es decir: no dura mucho tiempo pero se hace muy largo y es siempre lo mismo. Ella quería otra cosa y él pensó que era un buen momento para experimentar la crisis de los cuarenta a los treinta y pico, y se convirtió en un gurú de lo trendy y lo fitness. Y claro, joder, joder… Puto arroz en el pelo y si lo llego a saber lo dejo yo antes. Poco o nada tiene que ver esto con el muchacho ese de gafas afiladas que por fin ha conseguido que le funcione el ligar por esa aplicación del móvil y mira nerviosete a que llegue su cita sin saber a qué tiene más miedo: si a que no venga o a que sea otra persona.

Y allí mismo, en el centro exacto de todo esto, acaba de florecer nuestro monográfico de junio.

Por cierto: este mes será testigo de la campaña electoral y no le dedicamos ni una línea. Ya nos lo agradeceréis.  Para aburriros tenéis otras publicaciones. Para hablar de lo importante nos tenéis aquí, al ladito.


 

En este monográfico…

En Yo Ya recordaremos ese banquito del parque donde solías sentarte a arreglar el mundo con tus colegas del barrio. Recorreremos Madrid a base de canciones, reprimiendo nuestras ganas de echar piropos a diestro y siniestro, hasta que encontremos un buen callejón oscuro donde solucionar nuestras necesidades más básicas. Sin olvidarnos de que a veces es mejor quedarse en casa y evitar hacer el ridículo en la vía pública.

En Cultura pasearemos por las la calles de las ciudades de medio mundo resbálandonos por las páginas y la tinta de algunos buenos libros. Consultaremos en el mapa imaginario los lugares urbanos que nos han dado forma como personas y a los que hemos dado forma con nuestra imaginación. Miraremos en los barrios de Madrid y Barcelona en los ochenta para encontrar leyendas de gente indómita y veremos cómo sus historias fueron llevadas al cine. Para acabar, el testimonio fotográfico tozudo e insistente y esas fotos en blanco y negro, como los pasos de cebra, donde las caras y las calles se vuelven inseparables.

En la sección de Política buscamos herramientas que nos permitan transitar el caos urbano sin perdernos más de lo necesario. Hablamos de la calle y el derecho a la ciudad para dar sentido a los procesos de transformación que tenemos y tendremos delante y recordamos los efectos mágicos que la calle produce en las mujeres. Cerramos asumiendo que no hay presente si no luchamos por contarnos el pasado, y es que la calle también tiene mucho de qué hablar en la construcción de la memoria.

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