EL ESPEJO QUINQUI

El espejo quinqui

La cultura quinqui recoge algunas de las experiencias que han quedado al margen de las crónicas oficiales de nuestra historia reciente, ¿es posible que repensarnos en el pasado nos permita también abrir nuevas expectativas en el futuro?

Luis Toledo


 

«A cada época su poesía. En cada época las circunstancias de la historia eligen una nación, una raza o una clase para recoger la antorcha, creando situaciones que sólo pueden expresarse o rebasarse mediante la poesía» 

Frantz Fanon.

La modélica Transición nos ha colonizado. Para instaurar su normalidad, ha desplazado parte de lo que fuimos y, sobre todo, ha soterrado las alternativas de lo que pudimos llegar a ser. Además, nos ha inoculado una patología que podríamos llamar españolitud [i]: el pasado no es más que el espejo negativo en el cual no nos queremos contemplar desde nuestra modernidad: ¿la Guerra Civil? un absurdo enfrentamiento entre hermanos; ¿el genocidio franquista? un trauma que no conviene evocar.
¿Y los 80? Basta encender la tele y echarle un vistazo a Ochéntame otra vez para recordar con nostalgia lo ocurrido en los primeros años de nuestra nueva historia redimida: una movida pija, un destape que no transgredía en lo fundamental, Naranjito, los años f
elices del Felipismo… todos ellos son lugares comunes de una España de clases medias obsesionada con un porvenir que albergaba la promesa de pertenecer al mundo civilizado. Como decía Radio Futura: «el futuro ya está aquí» [ii].

Pero hubo más. Fuera del foco, en la calle, existieron experiencias que nos permiten repensarnos bajo categorías que van más allá del individualismo de nuestro régimen mesocrático. Vivencias —en ocasiones problemáticas— de los barrios que difieren del hedonismo guay de la movida.

Algunas de ellas las encontramos en Los Jóvenes del Barrio (Video-Nou, 1982). En este documental, que nos permite transitar por los años 80 a través de la barriada barcelonesa de Canyelles, el futuro se revela como una dimensión inexistente, inimaginable, eclipsada por un presente que no solo busca refugio en la heroína, sino también en la solidaridad y en lo comunitario: frente a los estragos de las drogas, asamblea de barrio y que los chavales se disculpen.

Sin embargo, treinta años después, todo aquello parece haber sido arrasado. Los pocos que han sobrevivido ya no se quieren reconocer en aquellas imágenes. El pasado ha pasado y quien se ha salvado, dice, ha sido gracias a su empeño individual. Da la sensación de que por cada obra de acondicionamiento en aquel barrio se destruía una parte de la trama identitaria que le daba sentido. «No hay ningún documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie» [iii].

Entonces, ¿por qué interesarnos hoy por la cultura quinqui? Rota aquella ley metahistórica según la cual siempre íbamos a vivir mejor que nuestros padres, nos vemos en una situación en que como generación tendríamos que decidir entre dos almas presentes en el 15M. O bien reclamamos el derecho que nos han prometido de pertenecer a la utopía mesocrática, o bien nos repensamos bajo nuevas categorías. Ello no solo conllevaría imaginar un nuevo futuro, sino también «cepillar la historia a contrapelo» [iv], resignificar nuestro pasado situando el foco sobre aquello que ha permanecido a la sombra, pasar de Ochéntame otra vez a Los jóvenes del barrio, de Alaska a Las Vulpes y de Almodóvar a Eloy de la Iglesia.

En definitiva, el principal valor de la cultura quinqui, la cultura de los márgenes, reside en su capacidad para desnaturalizar una ficción de clases medias que deberíamos aspirar a deconstruir si de verdad queremos impugnar el Régimen del 78. Necesitamos mirarnos en ese espejo que nos retrata como un pueblo imperfecto que se confunde con aquel sujeto modélico (es decir, silencioso) que adula la historiografía hegemónica. Eso sí… ¡alerta! porque antes de que nos demos cuenta también podría convertirse en un producto gentrificado.


 


 

 

[i] Izquierdo Martín, J. y Arroyo Calderón, P. (2012). «Españolitud: la subjetividad de la memoria frágil en la España reciente» en Arroyo, P. et al., Pensar los Estudios Culturales desde España. Reflexiones fragmentadas. Madrid, Verbum, pp. 205-231.

[ii] En este sentido, recomendamos la película de Luis López Carrasco El futuro (2013)

[iii] Löwy, M. (2003). Walter Benjamin: aviso de incendio. Una lectura de las tesis «Sobre el concepto de historia». Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, pp. 80-81.

[iv] Op. cit.

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