¿CON QUÉ SUEÑAN LAS AMAZONAS?

¿Con qué sueñan las amazonas?

Sara Sánchez-Molina Santos


El debate sobre el deseo femenino está en plena ebullición. Sonado fue el encuentro que tuvo lugar el pasado verano en La Morada —Sexo, Porno y Feminismo— en el que se habló de sexualidad femenina y, entre otros, se habló del deseo. Entre las cuestiones que allí se abordaron, estaba qué tipo de deseo vemos normalmente representado en el porno (aunque hay que reconocer que no hace falta irse al porno, el cine y la literatura convencionales también suelen caer en los mismos tópicos). Decía Beatriz Gimeno en ese encuentro que la mujer suele presentarse sumisa, centrada en dar placer y, muchas veces, como víctima de vejaciones varias. Se preguntaba por qué esto nos excita (cuando ninguna mujer desea que la violen en la vida real) y también lanzaba la pregunta de si es posible deconstruir ese deseo.

El tema no es nuevo, los feminismos han debatido largo y tendido sobre ello. La poeta y filósofa Madame de Staël, que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX y que fue muy crítica con las ataduras sociales que impiden a la mujer desarrollarse libremente, ya lo decía en su más famosa cita «El deseo del hombre es la mujer, pero el deseo de la mujer es el deseo del hombre». Es decir, la sexualidad de la mujer se define a través del hombre y del papel que éste nos asigna en él. Somos objetos de nuestra sexualidad y, como ésta viene definida por la sociedad heteropatriarcal, también nuestras fantasías y deseos sexuales reflejan esta realidad. El deseo femenino es falocéntrico y ha de ser así porque, ya lo dijo Freud, debe de ser que las mujeres tenemos envidia del miembro en cuestión.

Bromas aparte, los movimientos feministas han planteado la posibilidad de deconstruir estos deseos y fantasías en torno al falo. Muchas artistas de diversos ámbitos empujadas por esta idea se han aventurado a introducir nuevas imágenes a través de sus creaciones. Estas representaciones muestran deseos o fantasías en las que las mujeres son protagonistas de su placer, y el pene o bien es un actor secundario o no ha sido invitado a la fiesta.

En 1968, la artista Valie Export irrumpió en una sala de cine de arte y ensayo de Múnich armada con una metralleta y vestida con unos pantalones que dejaban al descubierto sus genitales. Se paseó entre los espectadores allí reunidos, poniéndoles en la cara su pubis e incitándoles a tocarlo o hacer con él lo que quisieran. Les incitaba a interactuar con una mujer verdadera en vez de con las que se mostraban en pantalla. Esta actuación es conocida como Action Pants: Genital Panic. El objetivo de Valie Export era provocar en los espectadores la reflexión sobre el papel pasivo de la mujer en el cine. Cuenta la leyenda que la performance original tuvo lugar en una sala de cine X y que Valie Export se acercaba amenazadora a los hombres que allí se encontraban, mostrándoles su vulnerabilidad al convertirse ellos en objeto pasivo de su sexualidad; sin embargo, la artista lo ha desmentido.

Un año después, la artista fue fotografiada por Peter Hassman con el atuendo de esta actuación, imágenes icónicas donde las haya que muestran una poderosa Valerie Export, completamente dueña de su sexualidad y deseo. La controvertida artista Marina Abramovic (Serbia, 1946) también ha vestido los pantalones en varias ocasiones como puede verse en el siguiente vídeo (quien entienda alemán también podrá disfrutar de los comentarios).

Otra artista que se ha planteado revertir los órdenes establecido e introducir nuevas formas de deseo en sus obras es la pintora Alexandra Rubinstein (1988). Rubinstein, de origen ruso, aunque desarrolla su actividad artística en EEUU, donde creció, tiene varias series en torno a la sexualidad femenina y la deconstrucción del rol de la mujer como objeto pasivo en el sexo. Así, en su serie A Dream Come True (Celebrity Cunnilingus), donde retrata a una serie de famosos (actores como Leonardo DiCaprio, cantantes como Justin Bieber e incluso políticos como Barack Obama) en plena realización de un cunnilingus y desde el punto de vista de la mujer. Ella es quien recibe el placer y él es quien lo da y quien es retratado como el objeto que provoca la excitación, en palabras de Rubinstein «The point of view focuses on and eroticizes the male to better target its female audience» («el punto de vista se centra en el hombre y lo erotiza para llegar mejor a su público femenino»). Además, los títulos de los cuadros hacen referencia de alguna manera a las obras de los protagonistas masculinos (por ejemplo, el de Leonardo DiCaprio lleva por título What’s Gilbert Grape Eating?, en referencia al film ¿Quien ama a Gilbert Grape?), añadiendo así un toque de humor a la serie (el cuadro de Obama lleva por título Thanks Obama).

Por supuesto, el objetivo de la artista no es otro que introducir nuevos modelos de deseo en el imaginario colectivo, ella misma señala que lo que intenta mostrar con su trabajo es cómo sería la sexualidad de la mujer en un mundo matriarcal, cómo se vería el porno influenciado si el deseo femenino no estuviera definido por siglos de opresión, y si fuese creado por y para mujeres. Por ejemplo, en su última serie de pinturas, Thirsty (2016), retrata a una serie de hombres desnudos cuyos genitales han sido sustituidos por abrebotellas de pared. De nuevo, el hombre es el objeto sexual y la mujer es la consumidora. Los retratos imitan el uso decorativo que se suele hacer del cuerpo de la mujer, para dar así una nueva lectura, y el título de la serie nace del uso frecuente de la palabra «sed» para referirse a lo que se considera un deseo sexual desmesurado por parte de la mujer. Además de estas dos series, trabajos anteriores muestran primeros planos de mujeres en pleno disfrute orgásmico, imágenes tomadas del porno de los ochenta, donde la cara de la mujer tenía mayor protagonismo que hoy en día. En cualquier caso, rompedoras imágenes donde la mujer se convierte en protagonista activo de su sexualidad y su deseo.

Como vemos, estas artistas crean nuevas imágenes en las que la mujer toma el control de su sexualidad y de su placer. El deseo nace de la mujer y ella expresa su fantasía, que rompe con el imaginario colectivo que la sociedad patriarcal ha ido creando a lo largo de la historia. Por supuesto, las fantasías de cada uno son perfectamente legítimas, pero no está de más introducir nuevos modelos, más diversos, más igualitarios y que reflejen una sociedad feminista. Ahora bien, cada uno que se masturbe como quiera, pero es bonito imaginar cuáles fueron las fantasías sexuales de las amazonasi.


i En la mitología griega las amazonas son un pueblo de mujeres guerreras y de organización puramente matriarcal, la leyenda cuenta que los hombres sólo tenían un papel reproductivo en esta sociedad.

Leave a Comment