CARTA DE PRESENTACIÓN

Carta de presentación


Somos una generación que encuentra sus elementos de cohesión en la puesta en entredicho de los consensos que vertebran la realidad político-social que heredamos de nuestros padres (¡qué originales!). Somos fruto de un cóctel explosivo que combina en diferentes dosis el desencanto, distintas formas de vivir el desclasamiento, las aspiraciones truncadas, la expansión nunca antes vista de la educación superior y su inutilidad para construir una vida digna, el insólito nivel de exposición de la intimidad en las redes sociales y unas formas de socialidad en permanente redefinición multiplicadas, empobrecidas y enriquecidas al mismo tiempo.

Los «tiempos interesantes» que nos han tocado tienen la particularidad de ofrecer un volumen de contenido panfletario que amenaza con intoxicar por sobredosis hasta al más ilusionado. Con este proyecto hemos querido construir un lugar donde hablar de política sin aburrir y sin aburrirnos. Reivindicar las historias, las vidas y las experiencias interesantes, rescatarlas del segundo plano al que las condena la inmediatez de la coyuntura y saber escuchar lo que, en ocasiones, aporta claves para entender el presente. Pero también queremos defender lo cotidiano como elemento de interés: lo que siempre estuvo allí y no se quiso o no se supo ver.

Partimos de constatar que esta cotidianeidad está cada vez más mediada por nuevos objetos, máquinas, funciones y cachivaches varios. A medida que la tecnología avanza nos vamos volviendo más tarumbas. De eso no hay duda. Pero a la vez la reconocemos implicada en tal cantidad de expresiones sociales, culturales y políticas que está muy lejos de poder ser despachada con un análisis reduccionista. El debate entre la tecnofilia y la tecnofobia nos deja un poco fríos, somos más de desternillarnos de risa con memes obscenos y lamentarnos al final del día porque nos duelen los ojos de haber absorbido tanta luz de las pantallas. La tecnología ha cambiado también el concepto de cultura. Nos convierte en seres solitarios hiperconectados, con un acceso mayor que nunca y nunca tan inmediato a la información. Esto ha transformado la vida pública, y por ende la vida política, que se halla bajo una lupa continua bajo la cual se ve todo lo que ocurre.

En nuestra labor reivindicamos el sentido del humor para hablar de las cosas más peludas. Entendemos el humor como forma de retratar el mundo, quizá de la manera más fiel. Para ello no sólo incorporamos la sección de misceláneas en la que explorar nuevos caminos partiendo de una moralidad relajada (cuando no directamente aberrante), sino que es algo que esperamos impregne todas las secciones de la revista. Estamos convencidos de que sólo con las risas más despiadadas podremos plantar cara a lo más gris de la realidad.

Se trata de nuevo de que lo urgente «no se coma» a lo importante. Pero hay algo más: la voluntad de crear un espacio en el que poder pensar, ser críticos, cínicos, valientes, cobardes y autodestructivos. En el que hacer todo aquello que en otros lugares es (o siempre fue) considerado una pérdida de tiempo.

Resulta que a medida que íbamos ocupándonos cada vez más de lo público, de lo cercano y de la estrategia diaria para reanimar la democracia, se nos olvidaba que sin personas que piensan, sienten y tienen razones por las que vivir, la democracia se vuelve anodina, rutinaria y compartimentada. En el albor de Juego de Manos nos inspira un eslogan que se remonta hasta Sócrates pero que nos atraviesa generacionalmente de manera particular: la lucha por una vida que merezca la pena ser vivida, que es tanto un compromiso con la realidad como un llamamiento a cultivar nuestros días comprendiendo y dialogando con todo y con todos los que han hecho y han intervenido, de una manera u otra, en la conformación de este carácter tan particular que nos interpela con mirada rebelde a contar el pasado con ojos de futuro. Jugar con la realidad, con unas reglas que no dejan de cambiar, es el desafío.

Juego de Manos, Juego de Villanos

Leave a Comment