CARTA DE MOTIVACIÓN PARA EL ÚLTIMO CURSO DE TEATRO AL QUE ME PRESENTO Y NO ME COGEN

Carta de motivación para el último curso de teatro al que me presento y no me cogen

Carmen Aldama @carmendealdama


Grisélidis Réal en los ’60.

ESCENA UNO. Juan Belmonte, desnudo, ha cruzado a nado el Guadalquivir. Lleva atadas a la cabeza, con una chaquetilla, unas alpargatas. Hay ganado. Sus compadres jalean a la vaquilla. Han llegado cuando la luna está más llena. El toro es una sombra, como un viento templado que mueve la noche y la hace más negra. Juan no ve, y se arrima a la mole para que no le cornee. Su piel blanca, tersa, se estira. Un pase. Firme, en el centro de las miradas, se deja arrastrar por los vaivenes del animal.

ESCENA DOS. «¡Negros míos, mis dioses negros, esa noche os vi por primera vez! ¡Hoy sueño con vuestros cuerpos gloriosos sacudidos por las olas del rock, con vuestros torsos de espuma tornasolada devorando la luz eléctrica! Sueño con vuestros rostros de soles oscuros, con vuestras manos posadas como palmas sobre los hombros de las mujeres blancas. Entre vuestros brazos, están envueltas por el olor a canela y a incienso que llega de vuestros vientres». Grisélidis Réal en El negro es un color.

ESCENA TRES. A los pies de una cama, una mujer, de rodillas sobre un cojín, reza: ¡Por el amor de Dios, que amanezca! ¿Cuántas horas faltan para que llegue el día? Seis, si me levanto de madrugada. ¿Cómo aguanto seis horas tumbada? Con los ojos cerrados, pero que no llegue el sueño con esta angustia, con este miedo. Seis horas se tardan de aquí a Granada en autobús, y de aquí a la Paz en avión, no, seguro que el doble o el triple. Seis horas a solas con este temblor en el pecho y la entrepierna.

ESCENA CUATRO. Nathy687 dice: ME VOY DE PARTY PAPI KE ME KIERO REVENTAR PUTA NO TENGO VOLUNTAD PA VOLVERME A LA KASA VAMO A BAILAR ASTA MORIRNO EN UNA RAVE DE TECNO Y DANCEJAL… ME ESTOY CAYENDO PARRIBA… <333

ESCENA CINCO. El silencio no existe. La noche no es lo mismo que el silencio. En la ciudad se oye el ruido de los coches, el camión de la basura y algún griterío sofocado de un grupo que vuelve de fiesta. En el campo, cuando es de noche, los oídos hacen de ojos hasta que se acostumbran a la oscuridad y perciben los contornos de las cosas; cosas que sabría si no fuera de ciudad. En medio de esta ceguera, la luciérnaga, inmóvil e indiferente.

ESCENA SEIS. Pedro Calderón de la Barca pone en boca del capitán las siguientes palabras:

Pensé hallar una villana;

si hallé una deidad, ¿no era

preciso que peligrase

en mi misma inadvertencia?

El capitán se está justificando con el sargento porque, poco después, violará a Isabel. Se pone a la defensiva cuando el sargento le reprende por el calentón. Aquí, Pedro Calderón de la Barca hace bella esta siniestra queja.

ESCENA SIETE. Una nube negra sobrevuela mi cabeza. He hecho el ridículo. Está difícil ser real. Él es de verdad. Y me ha mirado adentro. Él mira de escorzo. Como un lobo. Es un animal que hemos encerrado en un zoológico, al que escrutamos. Le admiráis, de lejos, nerviosos. Le observáis mirar la vida con esperanza, con una sonrisa maliciosa en la cara. Le brillan los ojos, como el ámbar, como el lobo en peligro de extinción.

ESCENA OCHO. El sol cae en perpendicular sobre la cabeza de la desconocida que corre perseguida de un mar de tela negra.

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