CARLA O LOS INFORTUNIOS DEL SEXO RANDOM

Carla o los infortunios del sexo random

La secretaria de Estado de Asuntos Turbios inicia su temporada de informes con el caso de una joven que fue a por caldo y se llevó dos tazas.

«Si lo llego a saber me quedó en casa haciendo calceta».

A veces la realidad supera la ficción y, aunque esta historia parezca más retorcida que la astucia de algunos políticos, os la cuento tal cual llegó a mis oídos excepto por los nombres, que serán ficticios.

Carla, nuestra heroína, una vez terminada una gris jornada de trabajo, y sintiendo la necesidad de dejar de estar hastiada por una rutina deprimente, decidió salir una noche a tomarse algo, y por pura estadística y proximidad geográfica la casualidad quiso que conociera a Rubén.

La chispa hizo su magia y acabaron buscando un lugar tranquilo en el que magrearse ajenos a miradas desconocidas. Tampoco fue cuestión de pensárselo mucho y el lugar premiado fue el coche del chaval y, una vez dentro, se metieron en faena y él ofreció su casa para rematar. Carla se negó, ella sólo buscaba un pequeño desfogue sin más compromiso que el de aquel momento. Total, que los amortiguadores cumplieron su función, después vino un beso, una sonrisa y sus caminos se separaron. Ciao bambino

Pasaron los días y Carla notó su flor con picor. Algo alarmada pidió hora en el medico el cual le envió a hacerse una serie de pruebas de rigor. Al cabo de unos días, cuando esperaba los resultados, después recibió una extraña llamada, pero no era de Rubén, era de la policía:

¿Es usted Carla XX?

Sí.

Verá, le llamamos porque las pruebas médicas que se hizo han dado positivo para un tipo de hongos que sólo se dan en un tipo de casos muy particular, y es que tan sólo se transmiten en actos sexuales necrofílicos.

Sí, la cara que estáis poniendo fue el mismo gesto que se instaló en su cara durante varios días. Después del pánico de rigor, la vela a la patrona de las desgracias y la vergüenza de explicarse ante el médico y la policía, consiguió dejar claro que el único sexo que había tenido recientemente había sido con el de aquel bareto que se había presentado como Rubén. Dada la gravedad de dicho descubrimiento fúngico, les facilitó a los agentes, la descripción del susodicho y el nombre del bar dónde se habían conocido. Tampoco ella conocía más datos de su fugaz amante.

Pasaron un par de semanas y mientras Carla se aplicaba las pomadas prescritas, su mente se carcomía buscando explicaciones quiméricas para hacer más llevadero lo penoso de la situación. Pero cada explicación qué encontraba le parecía más turbia que la anterior, y por tanto llegó un punto en que una vez terminado el tratamiento, decidió que era mejor olvidarse.

Quién en esta ocasión no había olvidado eran los agentes que durante varias semanas se dejaron caer en diferentes horarios y situaciones diversas por aquel bar del centro de Madrid, de tal manera que como a la ocasión la pintan calva, cuando empezaban a pensar en archivar el caso, sonó un telefonazo del tipo del bar avisando a los policemans de la presencia de nuestro ligón misterioso. Le pillaron

Esperad, no os vayáis, que ahora viene lo más turbio. Cuando fueron a registrar su casa, aquel chico de apariencia tan normal, de apolíneas facciones y que había soliviantado fogosamente las pasiones de nuestra heroína, guardaba un oscuro secreto. En un arcón frigorífico guardaba bajo candado la mitad inferior de un cuerpo de mujer con la que aparentemente, al menos una ocasión, había practicado sexo.

Carla tuvo suerte dentro de lo que cabe porque nunca le acompañó a su casa pero… ¿y si así hubiera sido? La historia sólo podría haber sido macabra.
Moraleja: Cenicientos/as, a partir de las doce todos los gatos son pardos,
cuidadín con quien andáis, es mejor desconfiar que lamentar.

Señorita perturbada.

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