CARENCIAS Y POCOS ÉXITOS DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN EUROPA

Carencias y pocos éxitos de la socialdemocracia en Europa

Francisco Fernández-Trujillo


Cuando hablamos de socialdemocracia pronto nos surgen multitud de preguntas. A pesar de no sernos un concepto extraño, en numerosas ocasiones es difícil saber a qué se refieren cuando se habla de socialdemocracia. Sin embargo, esto se complica más cuando hablamos de quién es la socialdemocracia, quién la apoya o quién tiene que ver con ella o no. Así, ¿Quién es representado por la democracia y a quién representa la democracia? ¿Quiénes son hoy los representantes de la socialdemocracia en Europa? ¿Llegó a ser la socialdemocracia en algún momento la apuesta de las trabajadoras y/o los trabajadores?

A través de estas líneas no intentaré, ni mucho menos, exponer respuestas a estas preguntas, ni a todas las que quedan pendientes de ser planteadas, ya que se presenta como una tarea imposible para este espacio. Sin embargo, sí que intentaré acercarme a los posibles y diferentes escenarios del contexto que nos ayudan a situar las respuestas y que apoyan la reflexión a propósito de éstas. Asimismo, aunque podríamos remontarnos a la segunda mitad del siglo XIX para discutir sobre estas cuestiones, las numerosas precisiones, contextualizaciones y debates sobre la discusión de la evolución histórica de la socialdemocracia, lo hace una tarea inabarcable y de poco interés aquí. Por el contrario, este artículo estará centrado en el periodo más reciente y geográficamente más cercano, aquel relativo al atolladero de las socialdemocracias durante la crisis en el contexto de la Unión Europea.

Ilustración de Nacho Fernández-Trujillo – @nachoooft

Una cuestión que nos ayudaría a acercarnos a la discusión, es plantearnos que aquí podemos hablar de poco más que de cuestiones que tienen que ver con el ámbito electoral e institucional. Esto no es del todo una decisión propia e independiente, ya que no responde simplemente a un criterio de concreción o especialización del debate, sino al ámbito al que se ha restringido fundamentalmente la socialdemocracia en el contexto que tratamos. Resulta difícil encontrar ejemplos de movilización u organización social al margen de las instituciones, especialmente vinculadas con el trabajo en los que la socialdemocracia haya tenido un papel relevante. Aquí nos encontramos una de las primeras cuestiones que sería interesante abordar, ya que puede dar la sensación que en los últimos años estos planteamientos han centrado o han estado circunscritos a ámbitos institucionales y formales. Sin embargo, la pregunta pertinente sería si esto es una decisión estratégica de las distintas posiciones socialdemócratas o si, por el contrario, responde a una cualidad ineludible en su seno que le impide tener un contacto no formal-institucional con lo político. Como ejemplo de ello, no olvidemos la percepción de lo impostado en las visitas y saludos de Antonio Miguel Carmona a las diferentes luchas laborales que se han venido dando en los últimos años.

Asimismo, para ser operativos en esta ocasión podemos dar tratamiento de socialdemocracia a la apuesta política de aquellos partidos que históricamente se han reivindicado como tal y que se han movido en su ámbito político, principalmente aquellos partidos pertenecientes hoy al Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo. Como se planteaba anteriormente, esta es una de las preguntas que giran en torno a la socialdemocracia. Igual que durante años se dijo que la verdadera socialdemocracia italiana era el PCI, probablemente de manera errónea, hoy se plantea que el proyecto socialdemócrata en España lo vienen representando Podemos e Izquierda Unida, también es posible que equivocadamente. Pero este no es el momento de dedicar mucho espacio a las nuevas propuestas políticas como las de Mélenchon, Tsipras o Iglesias y al debate en torno a sus tendencias e inspiraciones en la socialdemocracia. Probablemente este debate tenga mucho que ver con lo que haya sido entendido como raíces de la socialdemocracia. Podemos entender que tanto los discursos como las acciones de la socialdemocracia en los últimos años han mostrado una transformación sujeta al contexto político y económico que, sin embargo, han intentado acompasar con su tradición política, su asentamiento institucional y su posición asentada en los diferentes sistemas de partidos.

Ilustración de Nacho Fernández-Trujillo – @nachoooft

Sin embargo, el punto que nos ayuda a entender mejor las problemáticas de la socialdemocracia hoy es que, por una parte, es habitual encontrarnos con la idea de que buena parte de las políticas sociales, y especialmente de las mejoras relacionadas con el trabajo en Europa en la segunda mitad del siglo XX, han tenido lugar durante periodos de gobierno socialdemócratas. Por supuesto, ante esta afirmación tenemos que tener en cuenta los planteamientos que señalan que dichas políticas estaban habitualmente sujetas al marco europeo, que buena parte de ellas han sido producto y resultado de diferentes luchas sociales, que frecuentemente los partidos socialdemócratas se mostrado como un adversario claro a las mejoras de condiciones de vida de la mayor parte de las trabajadoras y trabajadores y que en otras ocasiones las mejoras que han introducido han sido insuficientes. Tomando como ejemplo el caso español, más allá de los múltiples debates en torno a las explicaciones y matices posibles, esto no es una idea del todo errónea. Con ello, para buena parte de los sectores trabajadores de la sociedad los partidos socialdemócratas han sido la opción favorita, más aún cuando dichas apuestas electorales han estado acompañadas por fuertes centrales sindicales asociadas frecuentemente en Europa a la socialdemocracia. Sin embargo, desde el comienzo de la crisis las opciones de este signo han tenido un descenso pronunciado de electores, perdiendo gobiernos en España, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Portugal o Italia, entre otros. Estos fracasos políticos han tenido diferentes medidas y dimensiones, lo que es una cuestión a tener en cuenta. No es lo mismo la casi desaparición de los partidos como en Grecia o Francia (donde Manuel Valls, quien fue hasta hace menos de un año Primer Ministro socialista, dijo recientemente que la socialdemocracia en Francia está muerta y pretende cambiar de partido), el caso de España donde ha habido un descenso rotundo de votos pero se mantiene de manera intermitente en la segunda posición en número de electores o el caso portugués, donde recuperaron el gobierno, eso sí, a través de coaliciones.

Y es que, en relación a esto, nos encontramos en una de las crisis más importantes que han afectado a Europa, en la que la relación de derechos asociados al trabajo y las condiciones de vida han mostrado una desmejora más pronunciada. No sería cuestión de enumerar todas ellas, sin embargo, sí que sería paradigmático que cuando ha habido una mayor bajada de salarios, empeoramiento de los convenios colectivos, aumentos del desempleo, precariedad laboral e incremento del fenómeno de los trabajadores pobres, es cuando las cuestiones que tienen que ver explícitamente con el trabajo han tenido menos presencia en los discursos de la socialdemocracia. Resulta evidente pensar que los discursos políticos construidos en torno a lo laboral y lo colectivo, las clases sociales o las contradicciones en el mundo del trabajo han perdido peso e interés. Incluso cuando son temas de gran relevancia política y evidente relación con el trabajo, como el desempleo. Sin embargo, debemos preguntarnos a propósito de aquellas cuestiones que han pasado a ser fundamentales, no sólo para los partidos socialdemócratas, a través de todos sus ejes políticos. ¿Acaso las problemáticas asociadas a la migración no tienen que ver con el trabajo? ¿Podemos pensar en modelos más sostenibles y ecológicos que no pasen por otra manera de vivir y trabajar? ¿Son totalmente ajenas las problemáticas de las identidades nacionales a la cuestión del empleo y del trabajo? ¿El manifiesto interés por el desarrollo técnico y tecnológico no tiene nada que ver con el trabajo?

A menudo los electores socialdemócratas han pasado a votar a otros partidos ya presentes y relevantes en los procesos electorales previos a la crisis. Sin embargo, son muchos los que han apostado por nuevas opciones políticas de reciente creación (tengan o no un carácter populista). Sin entrar en las discusiones de los populismos, podemos intuir que, más allá de los castigos a la gestión de los gobiernos socialistas y socialdemócratas durante la crisis, existe una problemática en torno a lo discusivo. No deberíamos agarrarnos a planteamientos manidos que pueden resultar simplistas, como «el populismo da soluciones sencillas a problemas complejos», «ha habido una radicalización de las ideas en Europa» o «en determinado país ha habido un giro a la derecha/izquierda». Tal vez encontremos más respuestas al entender que ante los cambios económicos y estructurales que afectan tan íntimamente al trabajo, los discursos de etapas anteriores, como el que ha venido planteando la socialdemocracia, ya no son válidos para buena parte del electorado y que el turnismo que ha caracterizado a Europa, explicado más por la insatisfacción con el gobierno que con el apoyo a la oposición, puede que deje de estar asociado a sólo dos o tres partidos, o que al menos, esos partidos no sean los mismos que han sido hasta ahora.

Ante todo esto debemos preguntarnos si la socialdemocracia es víctima de su tiempo, en el que con el cambio de elementos estructurales ha venido acompañado una transición y cambio en los discursos que le son ajenos, o, si la socialdemocracia ha sido víctima de sí misma al ser partícipe de un cambio en cuales son los focos de interés de lo político, trasladándose a un escenario que le es impropio y complejo.

Este artículo es una continuación o segunda parte de La contradicción socialdemócrata, publicado en el monográfico sobre «Mentira» de esta web.

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