CANCIONES PARA TRAYECTOS LARGOS

Canciones para trayectos largos

 Juego de Manos


Vamos a ver si esto cuela o no: estrenamos una serie de artículos mensuales con canciones sobre el tema del monográfico. No tenemos buen gusto, no vamos al Sonar y no nos gusta la pana. Con estos cimientos poco de provecho se puede hacer, pero lo que nos sobra es voluntad y por eso hemos decidido darle duro: cantamos en la ducha, en las reuniones sociales o cuando vamos en el coche en el que tenemos una disquetera con cremallera donde guardamos, entre otros, estos temacos.

 

Brand new Cadillac (1979), de The Clash, en London Calling

Una lista de canciones en la que no haya al menos una canción de los Clash no es una lista de canciones y no es na. Probablemente uno de los mejores grupos de los setenta y ochenta y sin duda el mejor de sus discos. Este corte de London Calling no tiene una letra impresionante pero sólo por ese Drive arrastrado del principio en boca de Joe Strummer ya merecía la pena.

 

Mercedes Benz (1970), de Janis Joplin

El mismo año en que hizo caput y acabó de demonizar con la ayuda de Jimmi Hendrix y Jim Morrison los veintisiete años ―una edad como cualquier otra― Janis Joplin, esa vozaca de Texas, se marcaba esta canción, sin duda la más famosa de todas las canciones con títulos de coches y un ícono de la contracultura de los sesenta y de los setenta, antes de que la usaran para vender coches o refrescos carbonatados.

 

Riding in my car (1956), de Woody Guthrie

Cuando usaron esta canción para un anuncio de coches, los huesos reducidos a polvo de Woody Guthrie tuvieron que revolverse en su tumba. Este okie rebelde, comunista y de vida movida es uno de los mejores exponentes de la izquierda estadounidense. Simpatizante de los wobblies, de la causa republicana española, con su guitarra en la que sólo llevaba escrita una cosa: «esta máquina mata fascistas» componía y cantaba temarracos como este.

 

El tren (1979), de Leño, en Leño

Rosendo Mercado, esa nariz de Carabanchel lo petó muy fuerte y con mucha razón a finales de los setenta y durante todos los ochenta. Que no te engañen los programas especiales de la Movida o los recopilatorios de El País, lo que se escuchaba en Madrid en los ochenta, en los barrios y en los sitios donde de verdad había sangre, era Leño y no los Hombres G.

 

2:19 (2006), de Tom Waits, en Orphans: brawlers, bawlers and bastards

Antes de que se difundiera por el mundo la práctica asquerosa de que las empresas comprasen los nombres de las cosas, estos se ponían por cosas mucho más naturales. Así, los trenes o recibían nombres que se referían a la velocidad o a la geografía (Flecha Roja: Leningrado-Moscú) o por la hora a la que salían: el rápido de las 9 o cosas así de molonas. Esta canción de Tom Waits toma su nombre de un tren, el de las 2:19

 

Fast Train (2002), de Solomon Burke, en Don’t give up on me

Aparte de ser una serie como un piano de cola, The Wire tenía una banda sonora estupenda. De cantantes griegos de los setenta a clásicos del Northern Soul con especial lugar para el Hip-Hop del propio Baltimore. Esta canción, que contrariamente a su título no es muy rápida, cerraba la tercera temporada, dedicada a la política municipal. Pura crema de serie y de canción.

 

Transmetropolitan (1984), de The Pogues, en Red roses for me

Si tuviéramos que elegir a alguien con quien darnos una vuelta por la Inglaterra suburbial de los ochenta, The Pogues serían unos firmes candidatos para el paseo: estos hijos e hijas de inmigrantes irlandeses adaptaron la música celta a los ochenta, mezclándola con ritmos punk y emborrachándose doblemente, por irlandeses y por punkies. Si parece que cantan ciegos, es porque probablemente lo estén.

 

Moskva-Odessa, de Vladimir Vysotsky

Aunque pueda parecer lo contrario, no nos gusta dárnoslas de listos; la cultura hay que compartirla no usarla para llamar idiota a la gente. Por eso no pasa ni media sino sabes que Vysotsky es uno de los cantautores soviéticos más famosos ―en Juego de Manos tenemos redactores con mucho tiempo libre― y en esta canción cuenta un viaje en avión con destino a varias ciudades de la URSS, probablemente en Aeroflot.

 

Torpedo Blu (1998), de Giorgio Gaber, Ma per fortuna che c’è

¿Cómo iba a faltar una canción italiana en esta ensalada musical un poco esquizofrénica? Giorgio Gaber habla en esta canción de un automóvil imaginario, el Torpedo, un coche deportivo que él tiene en color azul y con el que se va a dar una vuelta con una amiga. Lo mismo que hacemos todos los domingos pero cambiando el coche por un autobús de la EMT.

 

Hombre del 600, de Moncho Alpuente

Dos iconos se dan la mano en este tema, de un lado el gran Moncho Alpuente, irreverente de pro, uno de los pocos personajes de los ochenta a los que la pasta, la fama o la droga no consiguieron convertir en una mala broma. De otra parte el 600, ese portento de ingeniería franquista, gracias al cual, miles de Rodríguez, Pérez y Gutiérrez vivieron su primer amor automotriz y de consumo.

 

7 heures du matin (2002), Jacqueline Taieb

Si las siete de la mañana tuvieran banda sonora, probablemente no sería nada parecida a esta canción y resultaría una mezcla entre disonancia extrema y obras para órgano de Bach. Pero bueno, si quieres ir contento a trabajar para que crean que te pirra el tema o que tienes madera de entrepreneur esta canción es una muy buena opción.

 

Autobahn (1974), Kraftwerk

Uno de los grupos pioneros en música electrónica ―atención, ¡que el disco es el del 74! Que aquí teníamos a Los Brincos― y experimental de dónde iba a ser sino de Alemania. En esta canción que podríamos explicar como café para muy cafeteros, Kraftwerk se marcan una locura que intenta imitar los sonidos de una autopista. Y como lo experimental es así, el título significa exactamente eso: Autovía.

 

The ballad of Thunder Road (1957), Robert Mitchum

No contento con ser uno de los mejores actores masculinos del Hollywood clásico y uno de los malos más inquietantes ―ahí están El cabo del miedo y, mejor aún, La noche del cazador para demostrarlo― Robert Mitchum también cantaba razonablemente bien. Aquí lo demuestra marcándose el tema principal de la película Thunder Road, que también protagonizó. El vídeo además mola, porque se ve como conducían en las pelis antiguas, con una sábana pintada detrás y sin mirar demasiado la carretera.

 

 

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