BUENA, BONITA Y BARATA: Estadísticas de una sociedad que consume

Buena, bonita y barata

Estadísticas de una sociedad que consume

Ainhoa Maestu Fonseca


Tu abuela se droga. Se pone de pastis hasta las cejas. De cuartito en cuartito hasta que cae rendida. Podría dejar de tomarse todas las demás pastillas: la del corazón, las de los huesos, las del pis…. Pero las otras que no se las toquen. Ella sabe bien cuáles son. Cuando va por la calle se agarra el bolso fuerte si pasan por su lado jóvenes con malas pintas. Con pintas de drogadictos. Aunque ella le aguantaría el pase al más pasao.

Tu abuela se droga. Pero que no te escandalice, no seas hipócrita. Tú sabes lo que haces. Que de vez en cuando cae un porrito y alguna rayita de speed. Los días importantes cocaína, MDMA, Popper y otros alicientes. Si vamos de hippies un poquito de LSD, unos hongos o, por qué no, un poquito de opio. Pero no pasa nada, no eres drogadicto. Te metes de vez en cuando y siempre te las arreglas para que pague otro («Ése sí que tiene un problema»).

Te han contado tantas veces no sé qué de la marginalidad de la droga que asocias ser drogadicto con ser marginal. Esos seres demacrados y chupados, con la mirada perdida y sin expresión que se peleaban en Embajadores para ver quién era el primero en subirse a la cunda. Esos sobrevivientes a la heroína que tarde o temprano acabarán pagándole tributo. O si no como esos chavales con el pelo engominado y las pupilas dilatadas que pegan botes en algún parking periurbano escuchando musikotePuto lokos, no saben lo que hacen (así te agarras tú tu bolso imaginario).

Pero ya no queda mucho de marginalidad. Todo el mundo se droga, lo que pasa es que ya no se drogan con heroína. Los ochenta nos dejaron una música muy molona, estilismos arriesgados y una serie de protocolos de actuación médica urgente en base al consumo de heroína. Todos, o casi todos (no se salvan ni las familias bien), conocemos historias de allegados que son o fueron yonquis, que murieron de sobredosis o que ahora arrastran la penitencia de la mala vida en forma de enfermedades (VIH, hepatitis C…) o exclusión social. Cuando Malasaña tenía de verdad mala saña, los yonquis aún tenían fuerzas para abrir un portal de una patada y entrar a meterse una sobredosis. Pero de eso hace ya tiempo y el reinado de la heroína se acabó, quedando únicamente un consumo prevalente del 0’3% en el último mes.

 

España está a la cabeza del consumo de sustancias. Somos el número 2 en el consumo de cocaína, sólo por detrás de Reino Unido; y en el top 5 de consumo del resto de sustancias. Las más consumidas son las drogas legales: tranquilizantes, somníferos e hipnosedantes se consumían entre un 120-180% más en 2013 que en 2007.

El aumento es brutal, ya que casi llega a triplicar el consumo en un margen menor a siete años. ¿A qué se debe? Entendiendo el 2008 como año de inicio de la crisis aproximadamente, el ascenso en el consumo de somníferos, tranquilizantes e hipnosedantes surge de la necesidad de acabar con unos agobios y angustias que de forma paralela no hacen más que aumentar. Si cruzásemos las gráficas de incremento de consumo de sustancias con lugares de procedencia y edades, veríamos cómo el incremento es mayor en los barrios de menores recursos económicos y que es mayor también en la población de adultos jóvenes (18-30 años). Este grupo de edad, que con la llegada de la crisis se ha visto apartada de la posibilidad de un trabajo estable, una independencia económica y quién sabe si incluso de una jubilación decente, comienza a consumir drogas que carecen de ese carácter recreacional que siempre se ha asociado al consumo de drogas por parte de la población joven.

Lo que más se consume son el alcohol y el tabaco, aunque este último cada vez pierde más adeptos. Les sigue el cannabis, que domina sobre todas las demás. (Imagen 1). El resto de drogas, a las que siempre se les ha atribuido un uso más recreacional, son de consumo minoritario, y la tendencia actual es a la disminución del mismo. Al ser drogas por lo general de un coste elevado (ve a tu carnicero a preguntar a cuánto sale cuarto y mitad de pollo) es lógico que se reduzca su uso asociado a la tendencia económica. Pero el cannabis es una droga buena, bonita y barata, que se consigue fácilmente casi en cada esquina, que es asequible para cualquier bolsillo y que está ampliamente aceptada socialmente. Es la droga no-droga y por eso es la reina del consumo.

El consumo de sustancias es mayoritariamente masculino, excepto en el caso de los hipnosedantes, tranquilizantes y somníferos, que son más consumidas por mujeres (con una edad de inicio que ronda los 35 años). Pero la tendencia de consumo de sustancias entre la población femenina está en ascenso. Cada vez somos más fumadoras, consumimos más alcohol y nos drogamos más. Hemos ido conquistando el mundo de la noche y de la calle que tradicionalmente ha estado reservado a los hombres (lo cual no quiere decir que la liberación de la mujer nos este lanzado a los brazos de las drogas).

Asumir como verdadero el mantra de droga=ilegal=malo conlleva una falta de razonamiento crítico. A estas alturas no podemos afirmar que todo lo ilegal sea malo, que toda droga sea ilegal o que todas las drogas sean malas. Haciendo una inferencia entre el momento en que se consumen y el cambio en los patrones podemos establecer relaciones que nos hablan sobre cambios en las dinámicas sociales.

El cambio de droga que se consume es significativo de un cambio social. En los años 70 los yuppies pusieron de moda la cocaína, en los años 80 arrasó la heroína, los años 90 dejaron el musikote y las drogas de diseño y los dosmiles nos están dejando un panorama sombrío. No nos drogamos por diversión si no por necesidad. La necesidad de controlar las preocupaciones para poder dormir, para poder sobrevivir al día a día sin tener un ataque de ansiedad al mirar la cuenta bancaria.

Estas no son más que unos datos aislados de las estadísticas de la droga de una sociedad que consume. No hay más que cruzar variables para ver que el cómo nos drogamos es un espejo de cómo vivimos y cuando vivimos. Solo nos queda esperar a ver cómo nos drogaremos


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