ANÓNIMO, PLURAL, FOLCLÓRICO, ¿ACADÉMICO?

Anónimo, plural, folclórico, ¿académico?

Sara Sánchez-Molina


Aquellos que seguimos una carrera de letras somos en cierta medida conscientes de que la mayoría de obras y autores que estudiamos en las aulas universitarias (y también en secundaria y bachillerato) vienen determinados por un canon. Este canon se establece, más o menos, por el prestigio e influencia que los autores han tenido a lo largo de la historia y porque sus obras se consideran representativas de un cierto período. Quienes definen este canon son académicos e intelectuales. No obstante, muchas veces, se echa en falta en las aulas una representación de una cultura cuasi ancestral, del folclore popular. Las expresiones culturales del pueblo llano difícilmente encuentran un hueco en la cultura de prestigio, o si lo encuentran, lo hacen de tal manera que no consiguen conectar con el pueblo llano, último creador de la misma.

Sin embargo, podemos encontrar una diversidad de artistas que han conseguido, por una parte, acercar la cultura popular[i] a lo que hoy en día llamaríamos la cultura mainstream o, por otra, que  han conseguido integrar la misma en sus obras, bien porque sus orígenes son humildes, bien porque el folclore les fascinaba, y así lo reflejaron en sus obras. Además, muchas de sus obras forman parte de ese imaginario popular. Hay muchos y muy diversos, la música, la poesía, el teatro, todas las artes han bebido de una manera o de otra de ese otro arte, del folclore, y como muestra, un botón.

La cantautora chilena Violeta Parra, hija de un músico y una campesina, mostró desde pequeña una fuerte inclinación hacia las artes escénicas y la música. Gran parte de su carrera artística, la dedicó a la música folclórica. Se dedicó a recorrer el país para aprender las canciones de los campesinos chilenos y las recopiló en el libro Cantos folclóricos chilenos, creando así un documento de un valor incalculable, consiguiendo que podamos conocer una cultura quizás destinada a perderse. Es más, no sólo los recogió en el libro, sino que también se dedicó a cantar las canciones por todo el mundo, llevando la cultura de los más pobres a las grandes ciudades, lugares de donde la cultura más elitista es la más valorada como puede ser París. Violeta Parra, humilde y valiente, desafió a los poderosos y se hizo una mujer poderosa, no sólo usó su arte para dar voz a las expresiones artísticas de los pobres, sino que también utilizó su música para denunciar las injusticias que estos sufrían en canciones como Yo canto a la diferencia o Miren como sonríen. También desarrolló las artes plásticas y llegó a exponer en el Louvre (para las clases privilegiadas) sus obras inspiradas en la artesanía popular: tapices, cerámicas y pinturas.

Y es más, también quiso transmitir lo que a ella le habían enseñado: fomentó la creación de un museo de arte folclórico y viajó por Chile dando cursos de folclore. Hacia el final de su vida, levantó una carpa en la comuna de La Reina en Santiago de Chile. Violeta Parra pretendía convertir esta carpa en un centro de la cultura folclórica, una «universidad nacional del folclore», donde se estudiara el folclore de día y por la noche se dieran recitales. No obstante, el proyecto no continuó tras el suicidio de Violeta Parra, aunque, sin duda, su esfuerzo continuado por recuperar y mantener viva la cultura popular chilena fue un éxito, pues sus canciones suenan y resuenan en muchos rincones del mundo. Fueron muchos los artistas que tomaron su relevo como Víctor Jara o los Quilapayún, además de que nos queda su legado en las canciones que dejó grabadas. Recomiendo la película Violeta se fue a los cielos de Andrés Parra para conocer más acerca de esta estupenda artista.

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«Lleva la Tarara un vestido verde de volantes y de cascabeles. La Tarara, sí, la Tarara, no; La Tarara, niña, que la he visto yo». Así adaptó García Lorca esta coplilla del folclore popular español y que quien más o quien menos ha cantado de pequeño, en sus muchas versiones. Me parece que Lorca es uno de los autores que mejor ha retratado a las clases populares en sus obras, no sólo dándoles voz en sus obras y mostrando a todo el mundo las particularidades de Andalucía, sino que también es magistral la manera en que utiliza el folclore, dándole una nueva dimensión. En las obras de Lorca, las nanas (como La nana del caballo grande que aparece en Bodas de Sangre), las canciones populares son fundamentales. El autor consigue introducir la cultura popular en las altas esferas —creo que no se puede negar que Lorca forma parte del canon académico— pero sin descontextualizarlas, pues siempre aparecen en boca de gentes del pueblo llano, sus creadores últimos, a quien pertenecen. Y creo que es importante enfatizar que, aunque Lorca logra llevar el imaginario popular a la academia y que este sea estudiado por intelectuales y críticos, no «roba» al pueblo sus creaciones, sino que las engrandece y, además, consigue que se conserven en el tiempo. No olvidemos que las tradiciones orales son muy inestables y susceptibles de desaparecer en pocas generaciones. Pero Lorca, las usa, las transforma y las mimetiza en su obra, sin borrar la huella de creación colectiva que las caracteriza. Seguro que más de uno ha cantado La Tarara desconociendo que Lorca la versionara.

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Hay muchos más autores que se dedicaron a recopilar y transmitir las producciones culturales folclóricas. Otro ejemplo sería la canción de cuna Duerme Negrito, cantada por muchos como Paco Ibáñez u, otra vez, Víctor Jara o los Quilapayún. El primero que la cantó es Atahualpa Yupanqui, quien cuenta en este vídeo como escuchó esta canción a una mujer en algún lugar entre Colombia y Venezuela y quien defiende que la autoría de la canción les pertenece a esas gentes: «es un tema anónimo, plural, folclórico, es de ellos, de la gente morena de esa zona». Otros como Paco Ibáñez, no sólo dan voz a las clases populares, sino que también acercan la poesía que habita en las alturas, la canónica, a las gentes más sencillas (no olvidemos que Paco Ibáñez canta a Goytisolo, a Góngora, a Jorge Manrique, etc.). En definitiva, la labor de estos cantantes, trovadores, autores que recogen las tradiciones de las clases populares es muy importante, pues dan voz a los que muchas veces no la tienen y reivindican lo colectivo frente a lo individual. Y, como en muchas ocasiones estas canciones reflejan las situaciones de injusticia en que estas gentes viven/vivimos, si como Lorca, consiguen que estas obras lleguen a ser parte del canon, al final, esto será una pequeña victoria, pues visibilizará a quienes más lo necesitan.

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[i] Entendamos popular en el mismo sentido que lo hace Alberto Garzón cuando habla de «las clases populares».

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