ANDREJ GULBRÄNDSEN: «Los índices altos de paro se solucionan con guerras a gran escala»

Andrej Gulbrändsen

«Los índices altos de paro se solucionan con guerras a gran escala»

Enrique Maestu


Son las diez de la mañana de un martes, en el departamento de Demografía Aplicada del Instituto Europeo de Ámsterdam. Vamos a entrevistar a Andrej Gulbrändsen (Bardufoss, 1945), reputado experto mundial en una de las disciplinas más áridas de la Academia, como es el estudio de las crisis demográficas históricas. Su último trabajo Birth & War: how the world population need to decrease (Gloucester University Press, 2015) ha resultado ser todo un éxito entre directivos de la city londinense y los brokers chinos. Amazon anunció hace dos semanas que había superado las cincuenta mil descargas y veinte mil ventas en papel, lo cual nos hace pensar que estamos frente al Keynes de la demografía. Nos recibe en un aséptico despacho de la Universidad y se muestra franco, muy europeo y asombrado por el éxito de su libro.


2f2f2f2


 

¿Se esperaba este éxito?

(Risas). La verdad es que no, lo cierto es que la demografía nunca ha sido una disciplina que haya tenido éxito editorial. La realidad es que ya prácticamente no se escriben libros sobre la población mundial, nuestra pequeña comunidad se mueve por medio de artículos científicos. Así que imagínate qué sorpresa cuando me hicieron llegar la noticia de que mi libro se había convertido en un éxito y que se reseñaba en los diarios de negocios de Wall Street y la city de Londres.

¿Qué te motivó a escribir?

Cuando pensé en escribir este libro quería llamar la atención sobre la idea de que estamos en un punto como humanidad muy parecido a cuando el capitán del Titanic advirtió que el barco se hundía: hacía rato que el iceberg había golpeado el barco y cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde. Lo mismo ocurre con la humanidad en este momento con la conjunción de varias  crisis: la demográfica, con un planeta sobresaturado de humanos; la económica, con un gran problema de inversión a escala planetaria; la energética, con el agotamiento inminente de los recursos fósiles y la burbuja de los biocombustibles; la crisis migratoria en cada vez más lugares del planeta y una crisis del trabajo que se deriva del hecho de que la humanidad se divide entre quienes usan internet y quienes no. El iceberg ha chocado ya, sólo queda saber cuánto tiempo le queda a este barco para hundirse.

¿Qué hace la demografía en el siglo XXI por la vida de la gente? ¿No es una disciplina del siglo pasado?

Tantas cosas que no sería capaz de resumirlas aquí sin parecer aburrido. La gente suele asociar la demografía a cuántos nacimientos o muertes hay en un territorio, a cuántos hijos tienen los ricos y cuántos tienen los pobres, o a poner cifras apocalípticas sobre el total de la población mundial. Esto fue así durante muchos años, y así sigue siendo en muchas universidades medievales, pero desde la llegada de internet nuestra disciplina se ha revolucionado y hemos experimentado unos avances espectaculares en las últimas décadas.

¿Pero en qué se concretarían?

Puede parecer banal, pero a día de hoy existe tanto una aplicación para saber qué día te llegará el periodo y qué día es el más propicio para concebir, aplicaciones para alquilar casa con información adicional sobre la seguridad, servicios, precios comparados, etc. La población que utiliza internet es una constante fuente de información que nosotros tenemos que interpretar. De ahí que todas las grandes redes sociales obtengan sus mayores beneficios financieros en la venta de paquetes agregados de datos.


 

a1


¿Te refieres al big data? ¿Pero eso no es una violación de la privacidad del usuario?

(Risas). Eso de que el Gran Hermano espía a cada ciudadano y que sabe exactamente qué es lo que hace cada ciudadano es una paranoia extendida sobre el big data que no tiene ninguna correspondencia con la realidad. Las
empresas venden paquetes de datos despersonalizados la mayor parte para estudios de mercados, por gustos y por franja de edad, no le interesa lo que un único ciudadano consulte en su red social de referencia. Es de ilusos pensar que a una empresa le interesa lo que hace un solo usuario. Caso diferente es si este representa una amenaza para la seguridad pública como Breivik o los terroristas de la sala Bataclan, pero ése es otro debate.

Una pequeña parte de ese big data la utilizan algunos centros de investigación  para poner a prueba hipótesis teóricas sobre el comportamiento  humano en comunidades virtuales, pero también en su relación con el mundo analógico. Es curioso, llevamos dos décadas cabalgando una esfera de relaciones, una revolución tecnológica fortísima que ni siquiera empezamos a teorizar con tino, pero que en el transcurso de un lapso de tiempo, ha resuelto  muchísimos problemas. Internet ha hecho más por explicar a posteriori el comportamiento humano que los doscientos años previos.

Y esto, ¿en qué medida puede servir para que vosotros, los demógrafos, mejoréis la vida de la gente?

Los demógrafos no solamente nos dedicamos a contar nacimientos y defunciones. Lo que hacemos es juntar variables  agrupadas por cohortes de edad y preferencias  y cruzarlas con estadísticas económicas y conjeturas predictivas de toda índole, desde la previsión de la duración de los combustibles fósiles hasta el número de horas que pasan las personas de un país viendo la televisión.

Las mejoras que el big data va a traer a las ciudades va a ser increíble, porque ya lo está siendo en pequeñas experiencias a escala local, como en Hollinhokken, en Finlandia. A mis alumnos siempre les pongo este ejemplo: imagínate que mil personas de ambos sexos y diferentes edades en un pueblo de veinte mil habitantes, cedieran al ayuntamiento la localización de sus Smartphones durante una semana cada mes durante un año. Con toda esa información se podrían revolucionar las políticas públicas porque sabríamos por qué calle pasa más gente, cuándo es la mejor hora para recoger las basuras,  a qué horas se junta más gente en sitios, o cuántas horas duerme de media.  En cuestión de meses podría revolucionarse la administración. Y esto podría pasar ahora mismo, no hace falta que haya otra revolución tecnológica, solo hace falta que el Estado se adapte a los tiempos actuales, porque este ejemplo que te pongo, es lo que hacen todas las apps y Google con los datos que les proporcionas y por los cuales pagas. Toda esa información tiene un potencial uso público muy beneficioso para las sociedades avanzadas, pero también es negocio privado de las próximas décadas, Uber, Tinder o Airbnb son los primeros balbuceos de un nuevo paradigma económico que definirá la primera mitad del siglo XXI.

Pero eso significa que dentro de cincuenta años habrá mucho menos trabajo que ahora…

Cincuenta años no,  cinco años. Los principales conglomerados empresariales lo saben desde hace una década  y desde entonces llevan elaborando un plan de transición  en donde en un lapso de dos décadas, muy pocos de los
trabajos de  propios del siglo XX seguirán existiendo, o al menos existiendo en Europa. De momento lo intuimos levemente con la generación de todos estos puesto de trabajo, que solo pueden ser considerados trabajo en un a2sentido lato de la palabra trabajo. Un estudio de un doctorando mío, Phillip Van Verfthofen  ha calculado que en el mundo existen a día de hoy cinco millones de personas que se dedican a generar contenidos de ocio o publicidad en la web. No me refiero a publicistas  como se entendían  en los años noventa. Me refiero a la hornada de community managers, influencers, instagramers, generadores de contenidos web, que están estableciéndose como una fnaciente clase social  que desde una posición subalterna a las marcas para las que trabajan, organizan el ingenio humano.  De la palabra obrero con la que Marx describe el proletariado industrial del XIX solo queda el concepto. La referencia del concepto de obrero ya no tiene nada que ver ni con lo que entendíamos por obrero en los setenta. La gente lo sigue utilizando porque ejemplifica una correlación de fuerza, pero la naturaleza de aquello que describe va a experimentar un cambio radical en los próximos años, y esto va a provocar resistencias, revueltas  conservadoras de quienes querrán volver a un modo más tradicional o recuperar las certidumbres del siglo XX cuando ya sea imposible dar un nuevo golpe de timón y volver a casa.

En tu libro preconizas que la población mundial  va a sufrir en este siglo entrante  una reducción drástica en diferentes zonas del planeta. En una entrevista, Massimo Livi-Bacci (la máxima autoridad en demografía mundial) ha afirmado que en nuestro planeta hay sitio para incluso más del  doble de nuestra población y que se trata de una cuestión de optimizar recursos.

 Bueno, Livi-Bacci fue el maestro de muchos de nosotros, pero creo que representa un tipo de pensamiento del siglo pasado. Decir que hay sitio en el mundo para catorce mil millones de personas es practicar un idealismo insensato que quiero pensar que es producto de que cuando se llega a una edad, la fe en la ciencia se debilita para ser sustituida en una ingenua creencia peliculera en la humanidad como especie capaz de solucionar todos los problemas sin dejar nadie atrás. Y dicho esto, no he leído dicha entrevista y le tengo el mayor de los respetos a Massimo. Pero si lo dijo, se equivoca. La ciencia sirve para establecer hipótesis, contrastarlas y de ahí generar leyes. Y lo que nos dice la historia de la humanidad vista a través de la demografía es que vivimos en un tiempo muy singular en donde no ha habido ni grandes conflagraciones a escala mundial, ni grandes plagas, ni hasta ahora grandes movimientos migratorios. ¿Cuándo ha vivido la humanidad un periodo tan próspero como estos setenta años? ¿Qué garantía existe de que las cosas vayan a mantener este estatus quo cuando todo parece indicar que nos precipitamos hacia una etapa de síntesis de dos modos de vida diferentes mediados por una revolución tecnológica?  La historia de la humanidad ha sido una sucesión de plagas, guerras, estructuras de organización social, imperios y Estados que se crean y se destruyen. Salvo Suiza, ningún país Europeo ha vivido en paz los últimos cien años.  Cuesta entender este pensamiento y por eso algunas personas me tachan de apocalíptico o indolente, pero yo solo analizo en este libro y otros, los datos que tengo a mi disposición. Debemos analizar la humanidad y sus tendencias como el biólogo analiza las pautas de socialidad de una colonia de hormigas, tratar de encontrar puntos óptimos de producción o cuándo una sociedad comienza a saturarse, y posteriormente  publicar nuestros análisis con la esperanza de que alguien los lea.  No puedo asegurar  plazos como si esto fuera una quiniela, pero la conjunción de la crisis de los combustibles fósiles, la crisis del trabajo, la crisis alimentaria y que vivamos en el momento histórico en el que hay más población refugiada que nunca son circunstancias que no invitan a ser optimistas. Estos van a ser los caballos del apocalipsis del siglo XXI. La sombra de los felices años noventa no es ya más que una ilusión pasada.

Por último, ¿qué podemos hacer para que si queremos que nuestra estirpe continúe, pueda hacerlo

a3Un buen consejo que me dio un colega, cuyo nombre no voy a revelar porque esta afirmación no le hace mucha justicia y es un buen científico… Me dijo: «si quieres asegurarte la descendencia con los tiempos que vienen, lo que no falla es dejar óvulos fecundados en una probeta congelada». Así será el futuro, quienes  tengan el dinero suficiente podrán tener sus hijos cuando quieran, y si la década pinta mal, podrán esperar a la siguiente. Y los pobres seguirán trabajando con la ilusión de que si ahorran conseguirán  poder acceder a exclusivos sistemas de fecundación.  Especulo, no sé si será realmente así el futuro, pero de lo que estoy realmente seguro es que en los próximos años va a haber una fuerte reclusión de la población, al menos europea, sobre sus núcleos de socialidad  más cercanos, tanto de la familia, como de sus instituciones locales como las asociaciones o las iglesias. En todo caso yo siempre recomiendo lo mismo para prevenir el crecimiento insostenible de la población mundial: no tengas hijos.

 

[Disclaimer: Andrej Gulbrändsen es un personaje de ficción, sin embargo, las ideas aquí vertidas no pertenecen a una única persona, sino a opiniones de diferentes corrientes de pensamiento económico, social y geopolítico, que sin embargo, no han sido llevadas al paroxismo en este artículo, sino que han sido expresadas sin ambages].

Leave a Comment