5 COSAS QUE TE VAN A AVERGONZAR ESTE VERANO

Cinco cosas que te van a avergonzar este verano

Pandorita


Bueno, pues se acerca el verano y es un buen momento para tener claro cuáles van a ser los frentes abiertos. Así que nada, estas son las cinco cosas (por no poner más) de las que te vas a avergonzar este verano:

Tus amigas:

Están obsesionadas con el control y sometimiento de su vello corporal. No les hace gracia el dicho ese de «El hombre es como el oso» ―ya sabes, lo peludo es hermoso― y están empeñadas en depilarse cada 0,2 segundos o si no, qué vergüenza que te vean las piernas. A ti, que hace tiempo que te importan poco o nada los pelos de tus piernas y que cada vez tienes menos ganas de enfrentarte a la ardua tarea de pasarte una cuchilla por la pierna, o de darte tirones con cera (fría o caliente). Tú, que oyes la banda sonora del infierno en el sonido de la DepilLady, las mirarás con vergüenza, sumida en su ardua labor de autoodio corporal mientras que sientes el frescor de la brisita de verano agitar tus pelitos salvajes del oeste. Aunque, bueno, también hay días en los que darse el gustazo de depilarse el cuerpo y echarse mil cremitas que un día te compraste porque te las ibas a dar todos los días (¿cuántos fueron al final? ¿Uno? ¿Dos?).

 

Los tíos y sus conversaciones:

Del clásico «lo mejor del verano son los vestidos cortos» a las miradas que te hacen sentir sucia y mal contigo misma sin saber por qué. Tus colegas que van de aliados se ponen gafas de sol y se sientan en una terraza de Argumosa a ver pasar a las tías. No hay mejor momento para ser juzgada por tu cuerpo que el verano. Y es que hay frases de mierda como: «Lo que más me gusta de ti es que no te importa lo que los demás piensen de tu aspecto». Te dejan caer que das un poco de asquito mientras que tú te tienes que tragar la mala baba que se te escapa y sonreír mientras piensas: «¿Cómo que no me importa, gilipollas? Si me he pasado treinta minutos en bragas pensando qué puta ropa me ponía, cabrón, mientras que tú llevas la misma jodida camiseta que la última vez que te vi».

No cabe mucha duda, los tíos dan bastante asquete en el veranete.

 

Las revistas, programas de televisión, anuncios, artículos, etc:

Todos los mass-media se han empeñado en recordarte que tienes un cuerpo de mierda y te dan soluciones, que como siempre, llegan demasiado tarde. Por mucho que lo niegues, todos los años te marcas el propósito de ponerte en forma ―pero para naaadaaa es una operación bikini oye, sólo quieres sentirte bien con tu cuerpo y levantarte un poco de la silla, aunque te emocionas viendo los before & after de las fit-girls de Instagram― pero todos los años llega mayo y te das cuenta que llevas cinco meses pagando un gimnasio al que no vas. Cuando ya has asumido tu derrota contra el tiempo, llegan los anuncios, artículos, series, etc. a recordarte que otro verano más te vas a comer los cuarenta grados de Madrid y que te da igual no haber hecho operación bikini porque lo más cerca que estás de bañarte en algún sitio será lo cerca que estés de caerte al Manzanares o a la charca infecta de El Retiro.

 

Tu vida cultural:

Te has pasado todo el puto año quejándote de la falta de tiempo para leerte ese libro, ir al cine en el día del espectador, ir a ver una exposición o ir a esas charlas tan interesantes a las que siempre das a «me interesa» en el Facebook. Tooodas las cosas que tenías que hacer el resto del año te lo impedían, pero ahora que tocan vacaciones y que los días duran más, seguro que te da tiempo a hacer de todo. La realidad es que te vas a pasar el día despatarrada en el sofá leyendo artículos de mierda y moviendo el dedo de derecha a izquierda en Tinder.

Las resacas:

Parece que es obligación en verano salir y desfasar. Aunque no te apetezca tienes que cumplir con las exigencias propias de tu edad. Lo que pasa es que el contador de años va sumando y lo que antes era un dolorcillo tontorrón de cabeza, ahora te recluye a la más profunda oscuridad de tu cuarto o como mucho a tu cuarto de baño. Todo ello rehogado con las más profunda de las depresiones, mientras no paran de llegarte Whatsapps de gente con ganas de hacer cosas, mientras que tú de lo único que tienes ganas es de no acordarte de lo que hiciste anoche y elevas una plegaria a los dioses del Olimpo por haber llegado a casa con el bolso y la cartera.

 

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